Los índices se mueven sin rumbo claro

El CAC sube y el FTSE cae en una Europa en pausa antes del BCE

El CAC sube y el FTSE cae en una Europa en pausa antes del BCE

La jornada europea ha arrancado con indefinición y cautela en prácticamente todas las plazas. A las 9:00 horas CET, el DAX cedía un 0,19%, el EURO STOXX 50 se mantenía plano, el CAC 40 avanzaba un 0,32% y el FTSE 100 retrocedía un 0,31%, reflejo de un mercado que respira antes de dos decisiones clave de política monetaria. El Banco Central Europeo (BCE) y el Banco de Inglaterra (BoE) se disponen a anunciar este jueves sus movimientos sobre los tipos de interés, con un consenso abrumador que anticipa una pausa en niveles restrictivos. Mientras tanto, los resultados de BNP Paribas, ArcelorMittal y Shell reordenan el tablero sectorial y marcan hacia dónde se dirige el dinero más impaciente.

Sesión sin rumbo claro en las principales plazas

La fotografía de la apertura resume el clima de las últimas semanas: subidas selectivas y caídas bruscas en valores aislados, pero sin una dirección clara a nivel de índice. En Alemania, el DAX se dejaba un 0,19%, penalizado por la fuerte caída de Rheinmetall, que perdía en torno al 5% en los primeros compases de la sesión, reflejando la volatilidad en el sector de defensa tras varios trimestres de rally. En Francia, el CAC 40 aprovechaba el tirón bancario y sumaba un 0,32%, con BNP Paribas avanzando más de un 3% tras unos resultados mejor de lo esperado.

Índice CAC 40

En Londres, el FTSE 100 se situaba en el lado negativo, con un descenso del 0,31%, arrastrado por compañías ligadas a materias primas como Fresnillo, que se dejaba cerca de un 5% ante la debilidad de los metales preciosos y la presión sobre los costes. El EURO STOXX 50, el termómetro de las grandes compañías del continente, se mantenía prácticamente plano, reflejando un equilibrio inestable: las compras en banca y energía compensan las ventas en industria, defensiva y recursos básicos.

Índice UK 100

Lo más significativo, sin embargo, no son los movimientos en sí, sino los volúmenes: los operadores señalan un descenso de entre el 10% y el 15% respecto a una sesión normal de resultados, una señal clásica de mercado en modo “esperar y ver” antes de los grandes anuncios de política monetaria.

Dos bancos centrales, un mismo dilema

Tanto el BCE como el Banco de Inglaterra llegan a esta reunión atrapados en el mismo dilema: inflación todavía por encima del objetivo, pero crecimiento al borde del estancamiento. Tras el ciclo más agresivo de subidas de tipos en más de una década, ambos bancos centrales han llevado el precio del dinero a una zona claramente restrictiva para la economía real. El mercado descuenta con una probabilidad superior al 80% que este jueves optarán por mantener los tipos sin cambios.

El punto crítico no será tanto la decisión, ampliamente anticipada, como el matiz del mensaje. Los inversores examinarán cada palabra en busca de pistas sobre el calendario de futuras bajadas. Un lenguaje que siga priorizando el control de la inflación sobre el crecimiento se interpretará como un compromiso con una política dura durante más tiempo, algo que presionaría a las Bolsas, especialmente a los sectores más sensibles al ciclo, como consumo discrecional, inmobiliario y pequeñas compañías.

Por el contrario, cualquier referencia explícita a que el siguiente movimiento “probable” es a la baja, o a que el riesgo se ha equilibrado entre inflación y actividad, podría desencadenar un rally de alivio en los activos de riesgo. La historia reciente del BCE y del BoE demuestra que no basta con los datos, sino que el tono y la credibilidad del mensaje se han convertido en un activo –o un pasivo– en sí mismos.

BNP, ArcelorMittal y Shell marcan el pulso sectorial

En el frente corporativo, la atención se concentraba en tres nombres que resumen bien la economía europea: finanzas, industria pesada y energía. BNP Paribas sorprendía al mercado con beneficios por encima de las expectativas, apoyados en el negocio de banca minorista y una caída moderada de las provisiones por morosidad. Según fuentes de mercado, el retorno sobre capital (ROE) se habría situado por encima del 11%, frente a un coste de capital estimado en torno al 9%, lo que justifica el tirón de la acción en la apertura.

En el caso de ArcelorMittal, las cifras mostraban el efecto combinado de la debilidad de la demanda en Europa y los altos costes energéticos. Los márgenes se habrían estrechado entre 1 y 1,5 puntos porcentuales frente al mismo periodo del año anterior, un dato que el mercado castiga rápidamente en un sector donde cada décima de margen cuenta. La compañía insiste en su mensaje de disciplina de inversión, pero los analistas recuerdan que la capacidad ociosa y la competencia asiática siguen siendo un lastre estructural.

Por su parte, Shell presentaba unos resultados más resilientes de lo que sugeriría la corrección reciente del precio del crudo. La clave vuelve a estar en el negocio de trading y en el gas natural licuado (GNL), que aportan una parte creciente del beneficio operativo. La petrolera mantiene un programa de recompras y dividendo que implica una rentabilidad total para el accionista de entre el 7% y el 9% anual, una cifra difícil de ignorar para los grandes fondos en un entorno de tipos altos.

El contraste entre banca, industria pesada y energía

La reacción del mercado a estos resultados vuelve a poner de relieve un patrón que se repite desde hace meses: la banca y la gran energía resisten mejor el entorno de tipos altos, mientras que la industria pesada y las compañías más intensivas en capital sufren la doble presión de costes y menor demanda. La subida de más del 3% en BNP contrasta con las caídas de valores industriales y de recursos básicos, que en algunos casos superan el 4% en la apertura.

Este hecho revela una rotación silenciosa en las carteras institucionales. Las entidades financieras, tras años penalizadas por tipos cero y regulaciones crecientes, se han convertido en un refugio relativo: generan más margen de intereses, retribuyen al accionista y, en muchos casos, cotizan aún por debajo de 1 vez su valor en libros. En paralelo, las petroleras integradas como Shell se benefician de la volatilidad de las materias primas y de una disciplina del capital que contrasta con los excesos de ciclos anteriores.

La industria pesada, en cambio, paga la factura de la transición energética y de una demanda europea que crece muy por debajo del 2% en términos reales. “Europa corre el riesgo de perder peso industrial justo cuando más necesita inversión en capacidad productiva verde”, advierten varios gestores. El diagnóstico es inequívoco: sin reformas profundas en costes energéticos e incentivos a la inversión, el mercado seguirá aplicando un descuento estructural a estos valores.

Divisas en calma tensa ante las decisiones de tipos

En el mercado de divisas, el movimiento era mínimo, pero lleno de significado. El euro se mantenía prácticamente plano frente al dólar, en torno a los 1,18 dólares, mientras que la libra cedía alrededor de un 0,2%, situándose cerca de 1,36 dólares poco antes de las 9:00 CET. Estas variaciones modestas esconden un hecho clave: el grueso del ajuste se ha producido antes de la reunión, a medida que los inversores afinaban sus apuestas sobre el diferencial de tipos entre Europa, Reino Unido y Estados Unidos.

Una divisa estable en el corto plazo es, paradójicamente, una fuente de tensión en el medio plazo. Si el BCE y el BoE se muestran más cautos que la Reserva Federal a la hora de bajar tipos cuando llegue el momento, el euro y la libra podrían apreciarse, dañando la competitividad de exportadores e industriales. Si, por el contrario, se adelantan en el giro dovish, el castigo vendría por la vía de nuevas depreciaciones y mayor presión inflacionista importada.

En el mercado de deuda, los analistas señalan que las rentabilidades de los bonos a 10 años en Alemania y Reino Unido se mueven en un rango estrecho, con oscilaciones inferiores a los 5 puntos básicos en la apertura. De nuevo, la sensación es de “calma tensa”: nadie quiere quedar descolocado si el mensaje de los bancos centrales sorprende por un giro más duro o más blando de lo previsto.