La caída del dólar frente al euro: ¿un nuevo escenario económico global?
Diego Barnuevo analiza la caída del dólar frente al euro y los riesgos derivados de las políticas de Estados Unidos. Un estudio detallado sobre los efectos en empresas, la necesidad de coberturas y el giro hacia activos refugio.
La debilidad del dólar frente al euro ha dejado de ser un simple movimiento técnico para convertirse en uno de los ejes centrales del nuevo escenario financiero global. En apenas doce meses, el euro se ha apreciado en torno a un 13% frente al billete verde, superando de forma sostenida la zona de 1,20 dólares, su nivel más alto desde 2021, y forzando a bancos centrales y grandes inversores a reescribir sus modelos de riesgo.
En este contexto, Diego Barnuevo, experto en mercados de Ebury, analiza una dinámica que ya trasciende la mera estadística: el cuestionamiento del liderazgo del dólar como activo refugio de referencia, el impacto directo en márgenes empresariales europeos y la creciente presión para activar coberturas de divisa más sofisticadas. La pregunta de fondo es incómoda: ¿estamos ante un bache pasajero o ante el inicio de un ciclo de dólar estructuralmente débil? Por ahora, la única certeza es que el movimiento ya está golpeando a la economía real y reordenando los flujos de capital a escala mundial.
Un giro del 13% que altera el tablero
El dato que lo cambia todo es simple: en el último año el euro se ha revalorizado alrededor de un 13% frente al dólar, en un movimiento que ha llevado el cruce a la franja de 1,18–1,20 dólares por euro, máximos de varios años. Lo que podría parecer una oscilación más en el mercado de divisas se ha convertido, por velocidad y magnitud, en un auténtico shock de tipo de cambio para empresas, Gobiernos y bancos centrales.
Barnuevo subraya que el rally del euro ha sido especialmente intenso desde el otoño pasado, coincidiendo con una oleada de dudas sobre la orientación económica de la Casa Blanca y con la percepción de que Europa, pese a sus debilidades, ofrece ahora un marco institucional más previsible. La consecuencia es clara: los modelos de riesgo construidos con un euro en 1,05–1,10 han quedado obsoletos.
“No estamos ante un simple rebote técnico del euro, sino ante un cuestionamiento de la prima de seguridad que durante décadas se ha concedido al dólar”, resume Barnuevo. La velocidad del movimiento preocupa tanto como el nivel, porque obliga a reajustar precios, contratos y coberturas en plazos muy cortos, tensionando tesorerías y presupuestos.
Por qué el dólar se debilita
Para entender la caída del dólar hay que mirar más a la política que a los gráficos. Según Barnuevo, el factor determinante es la incoherencia percibida en la política económica y comercial de Estados Unidos. La combinación de un discurso abiertamente proteccionista, amenazas arancelarias selectivas y críticas directas a la Reserva Federal ha erosionado la tradicional imagen de previsibilidad del marco estadounidense.
A esto se suma un elemento clásico: los “déficits gemelos”. El desequilibrio fiscal se ha ampliado en los últimos años por el aumento del gasto y las rebajas fiscales selectivas, mientras el déficit por cuenta corriente vuelve a crecer. Esa mezcla alimenta el llamado debasement trade: el temor a que, ante tensiones financieras, la salida política pase por tolerar un dólar sistemáticamente más débil para licuar deuda.
Barnuevo lo sintetiza con crudeza: “Cuando un país combina inestabilidad política, presión sobre su banco central y déficits crecientes, su moneda deja de ser el refugio automático”. El diagnóstico es inequívoco: parte del mercado ha dejado de ver al dólar como el activo libre de riesgo y empieza a exigir una prima por mantenerlo en cartera frente a alternativas como el euro, el franco suizo o el oro.
El euro toma ventaja: del rebote técnico al desafío al BCE
El reverso de la debilidad del dólar es un euro en máximos de varios años. El cruce ha llegado a superar el umbral de 1,20 dólares, una cota que en el pasado el Banco Central Europeo ha identificado como incómoda por su efecto sobre la competitividad de las exportaciones.
Un euro tan fuerte reabre un debate recurrente: ¿hasta qué punto la fortaleza de la moneda es señal de confianza en Europa o, simplemente, resultado del deterioro del dólar? Para Barnuevo, la respuesta es mixta. Por un lado, los programas de inversión pública y cierta disciplina fiscal en los grandes países del euro han mejorado la percepción de riesgo relativa frente a Estados Unidos. Por otro, buena parte del movimiento responde a salidas masivas de posiciones en dólar más que a entradas convencidas en activos europeos.
Lo más grave, sin embargo, es el efecto de segunda ronda: un euro fuerte presiona a la baja una inflación ya débil y amenaza con recortar beneficios de empresas exportadoras clave en Alemania, Francia, Italia o España. De ahí que varios consejeros del BCE hayan empezado a verbalizar su preocupación por el nivel y, sobre todo, por la rapidez del rally de la divisa común.
Riesgos para empresas e inversores
Detrás de cada movimiento en el par euro-dólar hay balances empresariales concretos. Para una compañía europea que factura en Estados Unidos, una apreciación del euro del 10–13% puede suponer una caída de entre 2 y 4 puntos porcentuales en su margen operativo si no está adecuadamente cubierta. El contraste con otras regiones resulta demoledor: mientras muchas grandes multinacionales cuentan con sofisticados programas de gestión de riesgo de divisa, miles de pymes exportadoras apenas emplean coberturas básicas.
Barnuevo advierte de que los sectores más expuestos son aquellos con contratos a largo plazo en dólares y costes mayoritariamente en euros: ingeniería, automóvil, bienes de equipo, lujo o turismo. Pero el impacto no se limita a la cuenta de resultados. Un euro fuerte puede encarecer adquisiciones y proyectos de inversión en territorio estadounidense, reduciendo el atractivo de muchas operaciones que se diseñaron con un tipo de cambio mucho más favorable.
Para los inversores, la volatilidad añadida exige revisar carteras: una acción que parece barata en términos de PER puede dejar de serlo si parte de su beneficio se evapora por efecto divisa. De ahí que, cada vez más, las casas de análisis incluyan escenarios de tipo de cambio explícitos en sus valoraciones y recomienden seleccionar empresas con cobertura natural (ingresos y costes en la misma moneda).
Coberturas de divisa: del manual a la urgencia
En este entorno, las coberturas han pasado de ser un capítulo técnico del manual de tesorería a convertirse en una prioridad estratégica de primer nivel. Barnuevo insiste en que el momento de diseñar estas defensas no es cuando el euro ya está en 1,20, sino mucho antes. Sin embargo, la realidad es que muchas compañías se han visto obligadas a improvisar coberturas de emergencia en los últimos meses.
Las herramientas son conocidas: contratos a plazo (forwards), opciones de divisa, estructuras combinadas y, en algunos casos, cobertura natural mediante financiación o compras en dólares. Lo que cambia ahora es la intensidad y el horizonte temporal. Donde antes se cubría un 30–40% de la exposición a seis meses, muchas empresas están pasando a cubrir hasta el 70–80% y a horizontes de 12–18 meses, asumiendo un coste mayor a cambio de certidumbre.
“La peor decisión no es no acertar con el nivel exacto de cobertura; la peor decisión es no tener ninguna”, resume Barnuevo. El mensaje de fondo es claro: la gestión de divisa ya no es una cuestión táctica, sino una parte esencial de la estrategia financiera, especialmente para aquellas compañías con más del 20–30% de sus ingresos ligados al dólar.