La Cámara tumba los aranceles y el T-MEC se tambalea, Wall Street sin saber qué rumbo tomar
La Cámara de Representantes de Estados Unidos ha lanzado un desafío inusual a Donald Trump al tumbar por 219 votos frente a 211 los aranceles a Canadá, con una minoría de republicanos rebelándose contra la Casa Blanca. El movimiento llega en un momento delicado: el presidente amenaza con elevar los gravámenes hasta el 100% si Ottawa cierra un acuerdo comercial con Pekín. El mensaje es nítido: el Congreso no está dispuesto a firmar un cheque en blanco a una nueva guerra arancelaria norteamericana.
El gesto abre una grieta en la política comercial de Estados Unidos justo cuando Trump sopesa, según fuentes de su entorno, un escenario aún más rupturista: retirar al país del T-MEC, el acuerdo que articula más de 1,6 billones de dólares de intercambios anuales con Canadá y México. Al mismo tiempo, en Europa, Emmanuel Macron y Friedrich Merz escenifican el choque de modelos sobre el nuevo proteccionismo industrial en el seno de la Unión Europea.
En los mercados, el miedo se ha materializado en un sector inesperado: las grandes firmas de servicios inmobiliarios como CBRE, Jones Lang LaSalle y Cushman & Wakefield se han desplomado entre un 12% y un 14% por el llamado “miedo a la IA”, ante el riesgo de automatización de buena parte de su negocio. Y en el frente geopolítico, la reunión de Trump con Benjamin Netanyahu ha concluido sin un plan consensuado para Irán, manteniendo elevada la prima de incertidumbre en plena apertura de 2026.
El resultado es un arranque de año marcado por la fractura en la arquitectura comercial occidental, la presión tecnológica sobre sectores tradicionales y un tablero de seguridad en Oriente Medio que sigue sin hoja de ruta clara. Los inversores miran hoy a estos frentes, pero también a un calendario de datos cargado en Japón, Reino Unido y Alemania, y a las palabras de varios miembros clave de los bancos centrales europeos.
Un desafío bipartidista inédito a Trump
La votación de la Cámara, 219 a 211, supone algo más que una corrección puntual a la estrategia arancelaria de Trump. Seis republicanos se han alineado con la oposición demócrata, mientras solo un demócrata se ha desmarcado, configurando una mayoría transversal que desafía la doctrina de la Casa Blanca. Para un presidente que ha hecho de los aranceles su herramienta favorita de presión, la señal política es inequívoca.
El texto aprobado busca frenar los nuevos gravámenes sobre las importaciones procedentes de Canadá, planteados como respuesta a la posibilidad de que Ottawa avance en un pacto comercial con China. El presidente ha redoblado la apuesta, avisando de que podría llevar los aranceles hasta el 100% si ese acuerdo se materializa. El choque se trasladará ahora al Senado, donde la incógnita clave es cuántos senadores republicanos estarían dispuestos a respaldar una revuelta similar.
Aunque la Casa Blanca ya ha adelantado que vetará cualquier norma que limite su margen arancelario, el episodio revela un dato relevante: una parte del Partido Republicano teme el coste económico y electoral de una escalada que golpee directamente el comercio con el principal socio de Estados Unidos. El conflicto llega, además, a las puertas del ciclo de revisión del T-MEC, lo que endurece el clima negociador con Canadá y México.
El T-MEC entra en zona de riesgo
En paralelo al pulso con el Congreso, Trump ha vuelto a poner sobre la mesa la opción más extrema: abandonar el T-MEC. Según fuentes próximas a las conversaciones, el presidente habría preguntado a sus asesores por qué Estados Unidos no debería salir del pacto, cuya revisión obligatoria está fijada para el 1 de julio. No hay decisión formal, pero el simple hecho de plantearlo reaviva el fantasma de una ruptura que los mercados daban por descartada.
El T-MEC regula una zona económica que mueve más de 1,6 billones de dólares anuales en intercambios y sostiene cadenas de valor críticas en automoción, agricultura y bienes manufacturados. La reacción no se ha hecho esperar en los mercados de divisas: el dólar canadiense y el peso mexicano han mostrado debilidad inmediata, con retrocesos en torno al 0,5%-0,7% frente al billete verde, reflejo del aumento de la prima de riesgo político.
La consecuencia potencial es clara: una retirada unilateral de Estados Unidos obligaría a rediseñar en tiempo récord redes de suministro construidas durante décadas. Las plantas de automoción en el norte de México, las exportaciones agrícolas del Medio Oeste o la integración energética norteamericana quedarían en el aire. El contraste con la anterior renegociación del tratado, cuando la ruptura se manejaba como palanca táctica pero no como opción real, resulta ahora más inquietante, porque se produce en un contexto de mayor polarización interna y de abierta confrontación con China.
Macron y Merz escenifican el choque industrial europeo
Mientras Norteamérica discute cómo limitar el comercio con sus socios, Europa se divide sobre cómo proteger el suyo. Macron ha reactivado su campaña “Hecho en Europa”, defendiendo que los grandes proyectos industriales en chips, química avanzada o tecnologías verdes prioricen insumos producidos dentro del bloque. El objetivo declarado: preservar el empleo y los modelos sociales europeos frente a los subsidios masivos de Estados Unidos y el empuje industrial de China.
Merz, desde la Cancillería alemana, ha marcado distancias. El dirigente conservador alerta de que un giro excesivo hacia la “preferencia europea” puede fragmentar el mercado interior, encarecer costes y alimentar represalias comerciales. Reclama usar estas cláusulas solo como “último recurso” y mantener un enfoque más abierto para no asfixiar la competitividad de la industria exportadora alemana, que depende en más de un 50% de la demanda extracomunitaria en algunos sectores.
El choque franco-alemán llega en un momento en que la inversión industrial en la UE apenas crece alrededor de un 1% anual, frente a tasas de más del 4% en Estados Unidos. Este hecho revela una brecha en términos de atractivo inversor que preocupa a Bruselas. El diagnóstico que se impone entre los economistas es que Europa corre el riesgo de quedarse atrapada entre dos modelos más agresivos —el estadounidense y el chino— sin definir un marco propio estable para su política industrial.
El “miedo a la IA” golpea al ladrillo cotizado
En Wall Street, la última víctima del ciclo de disrupción tecnológica ha sido el sector inmobiliario de servicios. Las acciones de las grandes gestoras y consultoras se han hundido con fuerza: CBRE y Jones Lang LaSalle han caído un 12%, mientras que Cushman & Wakefield se ha desplomado un 14%, sus mayores retrocesos desde 2020. El índice sectorial de servicios inmobiliarios ha cedido en torno a un 6% en una sola sesión.
El mercado está empezando a aplicar un fuerte descuento a los modelos de negocio intensivos en comisiones, mano de obra administrativa y tareas repetitivas: valoración de activos, intermediación, gestión de contratos o análisis de rentas. La irrupción de herramientas de inteligencia artificial capaces de automatizar parte de esos procesos ha disparado las dudas. La sensación entre muchos gestores es que el sector se enfrenta a una compresión estructural de márgenes más rápida de lo previsto.
Sin embargo, algunos analistas ven una sobrerreacción. Señalan que la digitalización ya estaba incorporada a los planes estratégicos del sector y que la IA podría, a medio plazo, reducir costes y mejorar la calidad del servicio. La clave será la rapidez con la que estas compañías sean capaces de integrar la tecnología en sus plataformas sin canibalizar sus ingresos. De momento, el castigo bursátil deja un mensaje: los inversores penalizan de forma preventiva cualquier segmento percibido como vulnerable a la automatización masiva.
Irán: Trump y Netanyahu siguen sin hoja de ruta
En el frente geopolítico, la reunión en Washington entre Trump y Netanyahu ha concluido sin un plan definido sobre cómo encarar el desafío iraní. El presidente estadounidense ha subrayado que no se alcanzó un acuerdo “definitivo”, pero insistió en que las negociaciones con Teherán continuarán. Netanyahu, por su parte, ha vuelto a poner el foco en los misiles balísticos y en el apoyo iraní a grupos armados en la región.
La ausencia de una hoja de ruta clara mantiene viva la incertidumbre sobre el futuro del programa nuclear iraní y sobre el riesgo de escalada en Oriente Medio. La historia muestra que cualquier aumento de la tensión en el Golfo suele traducirse en primas de riesgo adicionales en el precio del petróleo, especialmente cuando el mercado ya está pendiente de la capacidad de la OPEP+ para ajustar la oferta.
Para los mercados, lo relevante no es solo el contenido de la reunión, sino el tono. La impresión que dejan los comunicados es la de dos aliados que comparten diagnóstico sobre la amenaza, pero divergen en los tiempos y en las herramientas para gestionarla. La falta de compromisos públicos por parte de Washington refuerza la idea de que la Casa Blanca quiere preservar flexibilidad en un dossier extremadamente sensible en un año ya cargado de frentes abiertos.
Los datos que marcarán la sesión
En el plano macroeconómico, la sesión llega cargada de referencias. Los primeros datos del día han sido el índice de precios a la producción de Japón, clave para calibrar hasta qué punto la inflación subyacente sigue presionando al Banco de Japón tras años de tipos ultra bajos. A primera hora de la mañana se publican también el PIB y la producción manufacturera e industrial de Reino Unido, un termómetro directo de la debilidad de la economía británica tras varios trimestres prácticamente estancada.
Desde el corazón de Europa llegará el saldo de la cuenta corriente de Alemania, muy vigilado tras el deterioro del superávit exterior en los últimos años. Un superávit inferior al esperado reforzaría la narrativa de una Alemania menos capaz de tirar del crecimiento europeo, justo cuando se reclama a Berlín un mayor esfuerzo inversor.
Completa el cuadro el informe mensual sobre el petróleo de la Agencia Internacional de la Energía, que puede ajustar las previsiones de demanda para 2026, y, ya en Estados Unidos, las solicitudes iniciales de subsidio por desempleo y las cifras de venta de viviendas existentes. Si los datos laborales siguen mostrando fortaleza, el mercado verá confirmada la idea de una economía estadounidense capaz de absorber episodios de tensión comercial sin caer en recesión inmediata.
Lo que vigilan hoy los bancos centrales
La jornada viene acompañada, además, de múltiples intervenciones de banqueros centrales. Dentro del Banco Central Europeo hablarán el consejero ejecutivo Pietro Cipollone, el economista jefe Philip Lane, el presidente del Bundesbank Joachim Nagel y el gobernador del Banco de Grecia, Yannis Stournaras. A ellos se suma la intervención del presidente búlgaro Rumen Radev, en un foro donde puede pronunciarse sobre la integración en la eurozona y la política energética regional.
El mercado estará atento a cualquier matiz sobre la senda futura de tipos. La gran cuestión es si el BCE percibe ya espacio suficiente para consolidar un ciclo de bajadas sin reavivar las presiones inflacionistas, en un momento en que la inflación titular se mueve cerca del objetivo pero la subyacente sigue mostrando resistencia. Cualquier mensaje más duro de lo esperado podría traducirse en un repunte de las rentabilidades a largo plazo y en presión adicional sobre la bolsa europea, ya castigada por el debate industrial.
En paralelo, las palabras de estos responsables se cruzan con un entorno de incertidumbre comercial y geopolítica. La combinación de posibles shocks de oferta (por el lado del petróleo y las cadenas de suministro) y de demanda (si la guerra arancelaria se recrudece) deja a los bancos centrales en una posición incómoda: reducir el coste del dinero sin alimentar nuevas burbujas ni desanclar expectativas de precios.
Primeras señales desde los mercados
A las 7:10, hora de Europa central, los futuros europeos apuntan a una apertura ligeramente en rojo, reflejando la digestión de las caídas en el sector inmobiliario estadounidense y la inquietud por los frentes comerciales. El dólar se mantiene firme frente a las divisas cíclicas, mientras que el oro consolida niveles elevados como activo refugio de referencia.
En renta fija, los inversores vigilan los diferenciales de la periferia del euro y la reacción de los bonos norteamericanos a los datos de empleo y a la nueva tensión política en Washington. Si el pulso entre la Casa Blanca y el Congreso se prolonga, no puede descartarse un aumento gradual de la prima de riesgo exigida a la deuda estadounidense, especialmente si se percibe un mayor bloqueo institucional.
Para el inversor, el mapa del día es claro: menos visibilidad en el frente comercial, más ruido político y una agenda macro exigente. En este contexto, las decisiones de cartera tenderán a favorecer sectores defensivos, compañías con baja exposición a cadenas de valor norteamericanas y activos capaces de resistir tanto un endurecimiento inesperado de las condiciones financieras como un repunte de la volatilidad geopolítica.