Chevron promete bajar la gasolina mientras Trump amenaza a las petroleras

Chevron Foto de Luis Ramirez en Unsplash

La compañía asegura que está usando todas sus palancas operativas, pero advierte de que el descenso del crudo tardará en llegar al surtidor.

El Brent ha vuelto a la zona de los 72 dólares, pero la gasolina no baja al mismo ritmo. Ese es el núcleo de la tensión que se ha abierto entre la Casa Blanca y las grandes petroleras estadounidenses. Chevron asegura que está haciendo “todo lo posible” para trasladar el alivio al consumidor, mientras Donald Trump advierte de que las compañías estarán en “grandes problemas” si detecta prácticas abusivas. El mercado, sin embargo, deja una lectura incómoda: el crudo cae rápido; el surtidor, no tanto.

Presión sobre las petroleras

La directora financiera de Chevron, Eimear Bonner, defendió este jueves que las grandes petroleras están “haciendo todo lo que pueden” para reducir los precios de la gasolina. Su mensaje llega en un momento especialmente delicado: el tráfico de petroleros por el estrecho de Ormuz empieza a normalizarse y el barril retrocede tras semanas de fuerte tensión geopolítica.

Sin embargo, Bonner introdujo una cautela clave: “va a llevar tiempo”. La frase revela el principal problema político de la crisis energética. Los consumidores ven que el petróleo baja, pero siguen pagando carburantes elevados. Y ese desfase alimenta la sospecha de márgenes excesivos, especialmente cuando la gasolina en Estados Unidos ronda aún los 3,9 dólares por galón pese al alivio del crudo.

Ormuz vuelve a respirar

El mercado ha reaccionado con rapidez a la mejora del tráfico marítimo en Ormuz, uno de los puntos más sensibles del comercio energético mundial. Por este corredor pasa cerca de una quinta parte del petróleo global y más del 20% del comercio mundial de gas natural licuado, según estimaciones de la EIA.

Los datos de navegación apuntan a una recuperación parcial. Kpler registró 27 petroleros el lunes y 14 el martes, frente a una media de apenas 12 diarios durante la semana anterior. Aun así, los flujos siguen lejos de la normalidad: ING calcula que el movimiento reciente se sitúa entre 6 y 7 millones de barriles diarios, muy por debajo de los niveles previos al conflicto.

El crudo baja, la gasolina espera

El Brent llegó a caer hasta los 72,24 dólares por barril, con un descenso mensual cercano al 20%, impulsado por la reducción del riesgo geopolítico y la salida de más buques del estrecho. Trading Economics también situó el Brent en torno a 72,70 dólares este 25 de junio, con una caída diaria del 1,40%.

La gasolina, sin embargo, opera con otra lógica. Entre el barril y el surtidor hay refino, inventarios, contratos previos, transporte, fiscalidad y márgenes minoristas. La EIA ya advertía de que la caída del crudo no siempre se traslada de forma inmediata porque la capacidad de refino y los márgenes pueden compensar parte del alivio.

El aviso de Trump

La Casa Blanca ha convertido ese retraso en un frente político. Trump ordenó investigar a las petroleras por posible manipulación de precios después de acusarlas de no trasladar con suficiente rapidez la caída del petróleo al consumidor.

La presión no es menor. En un contexto de inflación energética, cada décima en el precio de la gasolina tiene impacto directo sobre transporte, distribución, alimentación y renta disponible. El carburante funciona como impuesto invisible: se paga al llenar el depósito, pero acaba filtrándose al precio de casi todos los bienes. Lo más grave para las petroleras es que el margen temporal entre crudo y surtidor se ha convertido en un problema reputacional.

La defensa de Chevron

Chevron sostiene que ha “optimizado” sus operaciones durante el conflicto y que mantiene activas todas las palancas disponibles para garantizar suministro. El argumento empresarial es claro: una petrolera integrada no controla de forma automática todos los precios finales, porque los mercados mayoristas y minoristas reaccionan con velocidades distintas.

El diagnóstico, sin embargo, no elimina el riesgo político. Cuando el Brent cae más deprisa que la gasolina, el consumidor no observa complejidad logística: observa beneficio empresarial. Y ahí se abre el flanco. La diferencia entre eficiencia operativa y captura de margen será el punto que intentará explotar la investigación anunciada por Trump.

El riesgo que sigue abierto

La normalización de Ormuz no equivale a estabilidad plena. El propio mercado mantiene una prima de riesgo porque cualquier nuevo incidente en el Golfo Pérsico puede reactivar la escalada. La EIA ha señalado que los márgenes de productos refinados también han subido por la necesidad de sustituir volúmenes afectados por las interrupciones en la región.

La consecuencia es clara: la gasolina puede bajar, pero difícilmente lo hará con la misma velocidad con la que cae el barril. Para Chevron y sus competidores, el reto ya no es solo producir y refinar. Es demostrar que el alivio energético llega al consumidor antes de que la presión política convierta el margen en sospecha.