China pincha: el consumo cae por primera vez desde 2022

China Foto de krzhck en Unsplash

Las ventas minoristas retroceden un 0,6% en mayo y revelan la fractura entre una industria exportadora resistente y unos hogares que siguen sin gastar.

Las ventas minoristas de China han caído un 0,6% interanual en mayo, el primer descenso desde diciembre de 2022. El dato no es menor: llega tras un avance de apenas el 0,2% en abril y confirma que la segunda economía del mundo sigue atrapada en una recuperación incompleta. La producción industrial resiste, las exportaciones avanzan, pero el consumidor chino vuelve a esconder la cartera. El diagnóstico es inequívoco: Pekín produce más de lo que sus hogares están dispuestos a comprar.

Consumo en retroceso

El dato publicado por la Oficina Nacional de Estadística china deja una lectura incómoda. En mayo, las ventas minoristas de bienes de consumo alcanzaron 4,109 billones de yuanes, con una caída interanual del 0,6% y un descenso mensual del 0,38%. La contracción fue más intensa en las zonas urbanas, donde el consumo bajó un 0,9%, mientras que las áreas rurales aún crecieron un 1,5%.

Lo más grave no es solo el retroceso puntual, sino su composición. Las ventas de bienes bajaron un 0,7%, mientras la restauración apenas avanzó un 0,6%. Es decir, el gasto discrecional sigue debilitado incluso en servicios cotidianos.

La industria aguanta

El contraste con la parte productiva resulta demoledor. Mientras el consumo cae, la producción industrial creció un 4,5% interanual en mayo, acelerando frente al mes anterior. La manufactura de alta tecnología avanzó un 15,1% y la producción de baterías de litio se disparó un 40%.

Este hecho revela una economía a dos velocidades. China sigue siendo capaz de fabricar, innovar y exportar, pero no consigue trasladar esa fortaleza al bolsillo de sus ciudadanos. La consecuencia es clara: el crecimiento depende cada vez más del exterior y menos de la demanda interna.

El ladrillo sigue pesando

La debilidad del consumo no puede separarse del desplome inmobiliario. La inversión en activos fijos cayó un 4,1% entre enero y mayo, pero el agujero principal sigue en el ladrillo: la inversión inmobiliaria bajó un 16,2% y las ventas de vivienda nueva retrocedieron un 13,5% en valor.

Cuando la vivienda pierde valor, las familias se vuelven más prudentes. En China, donde el patrimonio de muchos hogares está ligado al sector inmobiliario, esa cautela se traduce en menos compras, más ahorro defensivo y menor confianza.

Exportar no basta

Pekín aún puede exhibir músculo exterior. En mayo, el comercio de bienes creció un 16,9%, con exportaciones al alza del 13,8% e importaciones creciendo un 21,5%. Sin embargo, el motor exportador no resuelve el problema central: una economía de este tamaño no puede sostenerse indefinidamente con fábricas fuertes y consumidores débiles.

El riesgo es conocido. Si la demanda interna no acompaña, aumenta la presión sobre precios, márgenes empresariales y empleo. La propia estadística oficial admite una descompensación entre oferta fuerte y demanda débil.

Precios bajo vigilancia

La inflación tampoco transmite una imagen de plena normalidad. El IPC subió un 1,2% en mayo, pero los precios industriales crecieron un 3,9%, lo que sugiere presión de costes para las empresas sin una demanda doméstica suficientemente sólida para absorberla.

El mercado laboral, por ahora, contiene el golpe: el paro urbano bajó al 5,1%. Sin embargo, la estabilidad del empleo no ha bastado para reactivar el gasto. El consumidor chino no solo mira su salario actual; mira el precio de su vivienda, la evolución de su ahorro y la incertidumbre geopolítica.

Qué puede pasar ahora

El margen de Pekín pasa por nuevos estímulos selectivos, más apoyo al consumo y medidas para estabilizar el sector inmobiliario. Pero el problema ya no es únicamente financiero. Es de expectativas.

China ha demostrado que puede sostener la producción incluso en un entorno global complejo. Lo que no ha demostrado todavía es que pueda reconstruir la confianza de sus hogares. Y sin esa confianza, cada dato negativo de consumo tendrá una lectura mayor: la fábrica del mundo sigue funcionando, pero su mercado interno empieza a fallar.