El crudo WTI salta un 2,7% por el miedo a Irán
La escalada de tensión entre Estados Unidos e Irán ha devuelto de golpe la prima geopolítica al mercado del crudo. Los futuros de West Texas Intermediate (WTI) para entrega en marzo se disparan un 2,7%, hasta alrededor de 64 dólares por barril, mientras que el Brent de abril ronda ya los 69 dólares, tras una sesión marcada por el temor a un choque militar en las próximas semanas. Las conversaciones de los últimos días entre Washington y Teherán apenas han rebajado la incertidumbre: distintos informes apuntan a que la Casa Blanca mantiene sobre la mesa la opción de un ataque “inminente” si no hay avances claros en el dosier nuclear. El movimiento en los precios del petróleo llega en un momento delicado para la economía global, aún digiriendo el shock energético de los últimos años.
Un repunte que devuelve prima geopolítica al barril
El salto del WTI cercano al 3% en cuestión de horas no responde a un cambio brusco en los fundamentales de oferta y demanda, sino a un ajuste de expectativas. El mercado llevaba semanas descontando un escenario de relativa distensión tras las caídas de principios de febrero, cuando el barril llegó a perder casi un 3% en una sola sesión por las señales de desaceleración de la demanda y los mensajes más suaves de los bancos centrales.
Ahora ocurre lo contrario: los inversores rehacen posiciones largas en crudo ante la posibilidad de un shock de oferta ligado a un ataque sobre infraestructuras iraníes o, en el peor de los casos, a una disrupción en las rutas marítimas del Golfo. Analistas consultados por bancos de inversión internacionales estiman que entre 5 y 7 dólares por barril del nivel actual reflejan ya una “prima de riesgo Irán” incorporada a los precios de referencia. “El movimiento de hoy no es un rally fundamental, sino una revalorización del riesgo geopolítico”, resumen en una mesa de materias primas de la City. La consecuencia es clara: el petróleo vuelve a comportarse como un barómetro inmediato del pulso entre Washington y Teherán, con cada titular de amenaza o de diálogo traducido en oscilaciones de varios puntos porcentuales.
El riesgo de choque entre Washington y Teherán
Detrás del repunte de este miércoles hay un elemento nuevo: la percepción de que el margen para la diplomacia se estrecha. Diversas filtraciones apuntan a que la Administración Trump contempla seriamente una operación militar de gran envergadura si Irán no acepta en las próximas semanas un marco de acuerdo más restrictivo sobre su programa nuclear y de misiles. Según medios estadounidenses, asesores de la Casa Blanca han llegado a hablar en privado de una intervención que “superaría con creces” las acciones puntuales de años anteriores.
Al mismo tiempo, Teherán no ha renunciado a su estrategia de presión: maniobras militares, ensayos de misiles y, sobre todo, señales de que podría utilizar su posición geográfica como palanca de negociación. En este contexto, “el mercado está empezando a descontar un escenario de choque directo, aunque todavía no lo considera base”, advierten firmas de análisis político. La consecuencia inmediata es una volatilidad creciente en los futuros de energía y en activos refugio como el oro, que en las últimas sesiones también ha recuperado posiciones. Lo más grave, sin embargo, es que el margen de error es mínimo: un incidente mal gestionado en el Golfo podría desencadenar una reacción en cadena difícil de contener.
El Estrecho de Ormuz, el auténtico cuello de botella
El temor de los operadores no es tanto a un golpe limitado sobre instalaciones iraníes como a que el conflicto derive en problemas de navegación en el Estrecho de Ormuz, ese estrecho pasillo marítimo por el que circula alrededor del 20% del consumo mundial de petróleo, unos 18-19 millones de barriles diarios entre crudo y condensados. Cualquier interrupción sostenida en esta arteria elevaría de inmediato el Brent por encima de los 80-90 dólares, según distintos escenarios de bancos internacionales.
Estrecho de Ormuz es un punto de vulnerabilidad extrema: Arabia Saudí, Kuwait, Irak e Irán concentran ahí la salida de buena parte de sus exportaciones, lo que hace que no solo Occidente, sino también grandes clientes asiáticos como China o India sean rehenes de su estabilidad. En 2025, la sola amenaza de bloqueo por parte de Teherán bastó para provocar subidas de entre el 7% y el 14% en pocas semanas y encender las alarmas sobre un posible salto por encima de los 100 dólares. “El problema no es un misil aislado, sino la posibilidad de que el tráfico se paralice durante días o semanas”, señalan fuentes del sector naviero. El diagnóstico es inequívoco: la geografía convierte cualquier escalada en el Golfo en un riesgo sistémico para el mercado energético global.
Cómo se transmite la tensión al bolsillo del consumidor
El repunte del WTI y del Brent no tarda en trasladarse a la economía real. Las refinerías ajustan sus precios de compra casi en tiempo real y las compañías de distribución de carburantes repercuten parte de ese aumento en surtidor con un decalaje de apenas una o dos semanas. En un entorno en el que la inflación de la eurozona se mueve todavía en torno al 2%-2,3%, cualquier subida sostenida del petróleo añade presión a los índices de precios y complica la estrategia de tipos de interés del Banco Central Europeo.
Los economistas manejan desde hace años una regla empírica: un encarecimiento de 10 dólares por barril, si se mantiene en el tiempo, puede sumar varias décimas a la inflación anual de la zona euro y restar crecimiento al PIB. “Tras el shock energético de 2022-2023, los hogares y las empresas cuentan con muy poco margen para absorber otra subida brusca de los combustibles”, advierten servicios de estudios. El contraste con el periodo 2023-2024, marcado por la caída de los precios de la energía y la consiguiente relajación de las tensiones inflacionistas, resulta demoledor: el riesgo ahora es que una nueva ola de encarecimientos reactive las expectativas de precios justo cuando los bancos centrales empezaban a ver la luz al final del túnel.
OPEP+, oferta global y la incógnita de la demanda
Mientras la geopolítica se adueña de los titulares, la oferta y la demanda siguen jugando su propia partida. La alianza OPEP+ mantiene aún recortes voluntarios significativos, cercanos a los 2 millones de barriles diarios, con el objetivo de apuntalar los precios tras la corrección del último año. Al mismo tiempo, la producción de Estados Unidos se sitúa en máximos históricos, por encima de los 13 millones de barriles diarios, lo que ha convertido al país en exportador neto de crudo y productos.
Sin embargo, este equilibrio es delicado. Si el rally actual se consolidara y el Brent se acercara de nuevo a la zona de 80-85 dólares, algunos miembros de la OPEP+ podrían verse tentados a relajar recortes para aprovechar el tirón de precios, alimentando así la volatilidad. Por el lado de la demanda, el crecimiento global avanza a un ritmo moderado —en torno al 3%-3,3% según los institutos de previsión—, suficiente para sostener el consumo de crudo, pero lejos de los booms que justificaron la era de los tres dígitos de forma prolongada. Este hecho revela que la “gasolina” del rally actual no está en la macroeconomía, sino en la geopolítica: si la tensión con Irán se desinfla, el mercado no tardará en ajustar de nuevo sus expectativas a la baja.
Qué descuenta realmente el mercado del petróleo
Más allá del titular llamativo del +2,7%, la clave está en qué probabilidad asigna el mercado a cada escenario. Las casas de análisis manejan ahora tres grandes hipótesis: continuidad de la presión diplomática sin ataque (escenario base, alrededor del 50%-60% de probabilidad), operación militar limitada con impacto acotado en infraestructuras energéticas (25%-30%) y conflicto abierto con disrupción significativa en el Estrecho de Ormuz (en torno al 10%-15%, pero con consecuencias extremadamente graves). En la práctica, los precios actuales reflejan una mezcla de los tres, con especial peso de la segunda opción.