Las bolsas avanzan pese al abultado déficit comercial japonés y el cierre por Año Nuevo Lunar en gran parte de Asia

"Deshielo" entre EEUU e Irán enciende las bolsas de Japón y Australia

Nikkei

Los mercados de Japón y Australia han abierto la sesión del miércoles con avances sostenidos en un entorno regional semiparalizado por las festividades del Año Nuevo Lunar. El catalizador inmediato ha sido el anuncio de “progresos” en las conversaciones celebradas en Ginebra entre Estados Unidos e Irán, un frente geopolítico que condiciona de forma directa la estabilidad energética. En paralelo, Japón ha publicado unos datos de comercio exterior que, pese a arrojar un déficit de 1,2 billones de yenes, han sorprendido positivamente a los analistas frente a los escenarios más pesimistas. A las 3.35 horas CET, el Nikkei 225 subía un 1,21%, mientras el S&P/ASX 200 australiano avanzaba un 0,37% y el dólar se apreciaba un 0,22% frente al yen, hasta las 153,62 unidades. La combinación de alivio geopolítico, datos menos malos de lo esperado y baja liquidez por festivo configura un movimiento que muchos gestores ven como frágil, pero revelador del apetito por riesgo que sigue latente en las bolsas asiáticas.

Un rebote en medio de las vacaciones asiáticas

El contexto de este repunte es atípico. Buena parte de las grandes plazas asiáticas —China continental, Hong Kong y Corea del Sur— permanecen cerradas por las celebraciones del Año Nuevo Lunar. Esto implica que una porción relevante del volumen habitual de negociación está fuera de juego y que los movimientos en las bolsas abiertas pueden amplificarse al alza o a la baja con relativa facilidad.

En este escenario de liquidez reducida, Japón y Australia se convierten en el termómetro de referencia de los inversores globales sobre el ánimo del mercado en Asia-Pacífico. Que los principales índices se muevan en terreno positivo indica que, al menos por ahora, el sesgo de los gestores sigue siendo constructivo, pese a los múltiples focos de riesgo abiertos.

Lo más llamativo es que este rebote llega después de varias semanas de elevada volatilidad, marcadas por la preocupación sobre el crecimiento chino, la debilidad del yen y la perspectiva de tipos de interés altos durante más tiempo en Estados Unidos. Sin embargo, este hecho revela que cualquier noticia que rebaje la tensión geopolítica —aunque sea de forma marginal— es suficiente para activar compras tácticas en un mercado ávido de buenas noticias.

Nikkei Stock Average, Nikkei 225

El tirón del Nikkei y la señal del yen débil

El protagonismo de la sesión ha sido para el Nikkei 225, con una subida en torno al 1,2%, que consolida su escalada de las últimas semanas y lo sitúa cada vez más cerca de los máximos registrados en las burbujas de finales de los 80. La consecuencia es clara: Japón se está convirtiendo en la gran apuesta estructural de muchos fondos internacionales que buscan exposición a renta variable desarrollada fuera de Estados Unidos.

Este avance se produce en paralelo a una nueva depreciación del yen, con el dólar moviéndose en el entorno de las 153,6 unidades. Una moneda débil tiene un doble efecto. Por un lado, mejora la competitividad de las exportaciones japonesas, lo que resulta especialmente valioso para gigantes industriales y tecnológicos que pesan mucho en el índice. Por otro, encarece las importaciones energéticas y alimenta la factura de inflación importada.

“El mercado ha decidido mirar el vaso medio lleno y centrarse en el impacto positivo del yen barato sobre los beneficios empresariales”, señalan analistas consultados en Tokio. El diagnóstico es inequívoco: mientras el Banco de Japón mantenga una normalización monetaria extremadamente gradual, la combinación de tipos reales negativos y debilidad de la divisa seguirá actuando como viento de cola para la renta variable.

Australia: el aliado cauto que se beneficia del relato positivo

En Australia, el índice S&P/ASX 200 avanza en torno a un 0,4%, una subida más moderada pero simbólica por la composición del mercado australiano, muy ligado a materias primas y al ciclo global. Las compañías mineras y energéticas se ven favorecidas por cualquier indicio de distensión en Oriente Medio, que reduce el riesgo de saltos bruscos en el precio del crudo, pero al mismo tiempo sostiene la demanda mundial de recursos.

Lo más relevante es que el parqué australiano sube a pesar de que el Banco de la Reserva de Australia mantiene todavía un discurso prudente sobre la inflación subyacente. Eso implica que el mercado está dispuesto a convivir con tipos relativamente altos durante algunos meses más si, a cambio, percibe que el escenario geopolítico se estabiliza y que los datos de actividad global no se deterioran.

En la práctica, Australia actúa como un barómetro de la confianza en el ciclo mundial: cuando los inversores creen que no habrá un frenazo brusco, el flujo hacia valores ligados a materias primas y banca se reactiva. El contraste con otras regiones resulta demoledor: mientras Europa sigue atrapada en la incertidumbre sobre su crecimiento potencial, las plazas del Pacífico se permiten el lujo de reaccionar con rapidez a cualquier respiro en el frente internacional.

S&P/ASX 200 Industrials Index

Un déficit comercial abultado, pero menos temido

El otro gran factor de la jornada son los datos comerciales de Japón, con un déficit cercano a los 1,2 billones de yenes. A primera vista, la cifra puede parecer preocupante. Sin embargo, el mercado la interpreta como “menos mala” que lo anticipado, gracias a un repunte de las exportaciones en torno al 5% interanual y a una moderación de las importaciones energéticas, que apenas crecen un 2-3%.

La clave está en las expectativas. Tras meses de registrar déficits abultados por el encarecimiento de la energía y la debilidad del yen, muchos analistas manejaban escenarios aún más negativos. Que las exportaciones hayan sorprendido al alza apunta a una demanda externa más sólida de lo que se descontaba, especialmente desde Estados Unidos y algunos mercados del Sudeste Asiático.

Este hecho revela que, más allá del ruido diario sobre tipos de interés y divisas, la economía japonesa sigue logrando colocar su producción de alto valor añadido en el exterior. El origen de la preocupación, sin embargo, no desaparece: un déficit comercial persistente obliga al país a seguir dependiendo de la financiación externa y mantiene bajo presión a la moneda. La pregunta es cuánto tiempo podrá el Banco de Japón sostener un entorno ultraacomodaticio sin forzar un ajuste más abrupto de lo previsto.

El papel de las conversaciones EEUU-Irán en la narrativa de mercado

La mejora de tono en las bolsas no se entiende sin el contexto de las conversaciones entre Estados Unidos e Irán en Ginebra, en las que los mediadores hablan de “progresos”. No hay todavía acuerdos definitivos, pero cualquier paso que rebaje el riesgo de escalada militar o de bloqueo en rutas clave como el estrecho de Ormuz tiene un impacto inmediato en las expectativas del mercado.

Los inversores descuentan que una distensión, aunque sea parcial, reduce la probabilidad de un shock súbito en el precio del petróleo, que en escenarios extremos podría dispararse más de un 20% en pocas semanas. Eso aliviaría la presión sobre la inflación en las economías importadoras de energía —como Japón— y daría más margen a los bancos centrales para considerar recortes de tipos en la segunda parte del año.

“El mercado no está celebrando un acuerdo, celebra que el peor escenario se aleja unos milímetros”, resumen desde una gestora europea con exposición relevante a Asia-Pacífico. El matiz es importante: más que una euforia, se trata de un alivio técnico que se traduce en compras tácticas de activos de riesgo tras varias sesiones de prudencia extrema.

Lecciones de otros episodios de tensión geopolítica

La reacción de hoy recuerda a episodios anteriores en los que la geopolítica y los mercados se cruzan. En crisis previas de Oriente Medio, los índices asiáticos han mostrado una sensibilidad notable a cualquier titular que afectara al suministro energético, pero también una capacidad de recuperación rápida cuando se descartaban los peores escenarios.

El contraste con crisis más localizadas —como tensiones comerciales entre Estados Unidos y China— es significativo. En esos casos, Japón y Australia tienden a comportarse como mercados “refugio relativo” dentro de Asia, al percibirse como economías con instituciones sólidas, marcos regulatorios previsibles y fuerte integración en las cadenas de valor globales no exclusivamente dependientes de China.

La consecuencia es clara: cualquier estabilización parcial en el tablero geopolítico global tiende a canalizar flujos hacia estas plazas, en detrimento de mercados emergentes más frágiles o con menor liquidez. Sin embargo, la historia también muestra que estos rebotes pueden ser efímeros si la fuente de tensión no se resuelve de manera duradera. Por eso, muchos gestores utilizan estos repuntes para reajustar posiciones más que para lanzar apuestas agresivas de largo plazo.