Dow Jones encadena cuatro caídas y cierra 2025 con ganancias de doble dígito
Wall Street cruzó la meta de 2025 cojeando, pero en máximos históricos de rentabilidad. En la última sesión del año, el S&P 500 cedió un 0,7%, el Dow Jones un 0,6% (unos 300 puntos) y el Nasdaq un 0,8%, encadenando cuatro jornadas consecutivas de descensos. Pese al bache final, los tres índices firman un tercer año seguido de ganancias de doble dígito: el S&P 500 avanza un 16%, el Dow un 13% y el Nasdaq un 20%, en uno de los mejores tramos trianuales de la historia reciente.
La corrección de estos días ha frustrado, por tercer año consecutivo, el clásico “rally de Santa Claus”, pero no altera el balance de fondo: 2025 se cierra como otro ejercicio de récord para la renta variable estadounidense, impulsado por la euforia en torno a la inteligencia artificial y por la capacidad del mercado para absorber las sacudidas de las tarifas de Donald Trump, la inflación y el ciclo de tipos.
Mientras los inversores aprovechan para asegurar beneficios y resetear posiciones de cara a 2026, los analistas señalan un punto de inflexión: el liderazgo extremo de las mega tecnológicas empieza a dar paso a una rotación hacia otros sectores e incluso hacia otros mercados.
Un final de año sin ‘rally’ pero con máximos históricos
La última sesión de 2025 tuvo más de digestión que de fiesta. El S&P 500 se dejó 50,74 puntos, hasta los 6.845,50, el Dow Jones cayó 303,77 puntos, hasta los 48.063,29, y el Nasdaq retrocedió hasta los 23.241,99 puntos. Las tres curvas se alejaron ligeramente de sus récords, pero se mantienen apenas un escalón por debajo de máximos históricos.
La caída, además, fue generalizada: los 11 sectores del S&P 500 cerraron en rojo, algo que no ocurría desde mayo. Energía y tecnología concentraron buena parte de la presión vendedora, con nombres como Microsoft retrocediendo en torno al 0,8% y valores energéticos como EQT cediendo cerca de un 2%.
El patrón de las últimas cuatro jornadas responde, en buena medida, a un cierre de libros clásico de fin de año. “Ha sido un gran año en conjunto, pero muchos inversores están haciendo caja y prefieren esperar a que cambie el calendario antes de reabrir posiciones”, explicaba José Torres, economista jefe de Interactive Brokers.
El llamado “rally de Navidad”, que estadísticamente suele impulsar a la bolsa en los cinco últimos días de diciembre y los dos primeros de enero, volvió a fallar. “No creemos en el ‘Santa Claus rally’. Nosotros hablamos del ‘Santa Claus stall’: básicamente, no pasa nada”, ironizaba Jay Hatfield, consejero delegado de Infrastructure Capital Advisors, subrayando que los beneficios empresariales pesan más que cualquier pauta estacional.
Tres años de ganancias dobles: un ciclo histórico
Más allá del tropiezo final, el dato relevante es el comportamiento del trienio. El S&P 500 encadena tres ejercicios consecutivos de subidas de doble dígito, con un +16% en 2025 que se suma a los avances robustos de 2023 y 2024, lo que lo convierte en su séptimo mejor ciclo trianual desde que hay registros.
El Dow Jones firmó un +13% anual, mientras que el Nasdaq despegó un 20%, beneficiado por el renovado apetito por las grandes tecnológicas y por todo lo vinculado a la inteligencia artificial (IA). Incluso el índice de pequeñas compañías, el Russell 2000, logró un +11,26%, evidenciando que la subida se extendió más allá del núcleo de compañías gigantes.
Estos datos confirman que el mercado ha sido capaz de absorber shocks relevantes:
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Las tarifas “Liberation Day” de Trump en abril, que llegaron a provocar un desplome global y salidas masivas de activos estadounidenses.
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El ruido en torno al techo de deuda y el déficit fiscal, con un dólar bajo presión.
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El giro de la Reserva Federal hacia una política más acomodaticia, con varios recortes de tipos, aunque todavía en niveles en torno al 4%.
Tras la fuerte reacción bajista de primavera, Wall Street protagonizó un rebote de manual: el S&P 500 se ha revalorizado aproximadamente un 38% desde sus mínimos de abril, según los cálculos de mercado recogidos por la prensa estadounidense.
AI, mega tech y la era de los ganadores concentrados
El motor más visible del año han sido, de nuevo, las mega tecnológicas y, dentro de ellas, los protagonistas directos y colaterales de la carrera por la IA.
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Nvidia, icono del ciclo, cierra 2025 con una subida cercana al 40% y se ha convertido en la primera compañía cotizada en superar los 5 billones de dólares de capitalización.
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El índice de servicios de comunicación (S5TELS) se erige en el mejor sector del S&P 500, impulsado por una subida de Alphabet superior al 65%, su mayor avance anual desde 2009.
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Fabricantes de chips de memoria como Micron, Western Digital y Seagate han llegado a triplicar su valor bursátil en el año, superando de largo la media del índice.
La lista de perdedores también es contundente: compañías como FMC y Fiserv cierran 2025 con desplomes del 71,5% y el 67%, respectivamente, recordando que la fiesta no ha sido uniforme.
Desde Morgan Stanley Investment Management, Jitania Kandhari anticipa que este periodo de hiperconcentración podría estar tocando techo: «La era de los ganadores estrechos da paso a una oportunidad más amplia y globalmente distribuida. El S&P 500 equiponderado empieza a verse más atractivo que el índice tradicional ponderado por capitalización».
En la práctica, eso significa que 2026 podría estar marcado por una rotación hacia sectores rezagados —banca, industriales, consumo básico— y hacia bolsas fuera de Estados Unidos.
La rotación ya ha empezado: del Nasdaq al Dow… y más allá
Las últimas semanas del año apuntan, precisamente, en esa dirección. El Dow Jones ha superado al S&P 500 y al Nasdaq en noviembre y diciembre, reflejando el interés creciente por valores más ligados a la economía real y con perfiles de valoración menos exigentes.
Los analistas consultados por la prensa estadounidense hablan de una “búsqueda de otras fuentes de momentum”:
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Fondos que reducen sobreponderaciones históricas en tecnología.
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Reasignación hacia sectores con perfiles de dividendo más estables.
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Mayor atención a mercados internacionales, especialmente en Asia y Europa.
De hecho, el propio S&P 500, con su +16,39% anual, se ha quedado por detrás de algunos índices globales. El Asia-Pacífico sin Japón ha llegado a subir cerca de un 27% en 2025, a medida que los inversores diversificaban su exposición y buscaban aprovechar valoraciones más bajas tras años de dominio absoluto de Wall Street.
Metales preciosos: del rally histórico a la montaña rusa final
El cierre del año también ha dejado un foco intenso en los metales preciosos, convertidos en protagonistas silenciosos de 2025. Ha sido el mejor año para oro y plata desde 1979, con subidas acumuladas de doble dígito alto, impulsadas por la incertidumbre geopolítica y la demanda de refugio.
Sin embargo, la recta final ha sido un tobogán. Este miércoles, la plata llegó a desplomarse un 9,4% en la sesión, mientras que el oro retrocedió alrededor de un 1%, en un contexto de incremento de garantías por parte del operador de futuros CME, que ha elevado los márgenes por segunda vez en una semana.
La volatilidad de los últimos días se produce después de que el metal blanco firmara su mayor caída diaria en casi cinco años el lunes, justo tras encadenar uno de sus mejores ejercicios en cuatro décadas. El cobre, por su parte, cerró el año con una subida del 41%, su mejor registro desde 2009, reflejando el apetito por activos ligados a la transición energética y a la recuperación industrial.
Este comportamiento refuerza una idea clave de cara a 2026: la búsqueda de refugio e inflación ya no se canaliza solo a través de la renta fija, sino también mediante una combinación de metales, materias primas y divisas fuertes, aunque con una volatilidad que exige un perfil inversor más sofisticado.
Trump, tarifas y Fed: las tres piezas que vigilará el mercado
La lectura de 2025 no se entendería sin el triángulo formado por Donald Trump, las tarifas y la Reserva Federal. El anuncio de los aranceles de “Liberation Day” en abril desencadenó uno de los episodios de venta más agresivos del año, pero el mercado consiguió rebotar con fuerza a medida que se aclaraba el alcance real de las medidas y se confirmaban exenciones y nuevos acuerdos comerciales.
En paralelo, la Fed, con Jerome Powell todavía al frente pero ya en la recta final de su mandato, ha ejecutado una serie de recortes de tipos que han dejado los fondos federales en una zona que el mercado considera “de equilibrio inestable”: lo suficientemente alta como para contener la inflación, pero no tanto como para asfixiar el crecimiento.
Las últimas actas del banco central y las encuestas de futuros apuntan a que los inversores descuentan más bajadas de tipos a lo largo de 2026, especialmente si se confirma el enfriamiento gradual del mercado laboral. La expectativa de un nuevo presidente más dovish en la Fed añade un elemento adicional de incertidumbre… y de esperanza para los alcistas.
2026: menos cohetes, más selección
Tras tres años de fuegos artificiales, la mayoría de gestores coincide en que 2026 difícilmente replicará el mismo ritmo de subida. Eso no equivale a anticipar una caída generalizada, sino a un escenario donde el “beta” del mercado será menos generoso y donde la rentabilidad dependerá más de la selección de sectores, geografías y valores.
«La gente va a buscar otras formas de ganar dinero donde haya momentum, fuera de la tecnología», resumía Jay Hatfield. O, dicho de otro modo, el mercado entra en una fase en la que la rotación deja de ser ruido táctico para convertirse en tesis central.
Con las valoraciones de las mega tech en la parte alta de la historia, un dólar que ha perdido terreno en el año y unos metales preciosos que han demostrado su capacidad de actuar como válvula de escape, el nuevo curso se presenta como un examen a una idea simple: hasta dónde puede estirarse un ciclo alcista sin que se rompa la cuerda de la complacencia.