Dow Jones solo sube 50 puntos: La fiebre de la IA sacude las bolsas y hunde el oro
Wall Street vivió este martes otra sesión de subidas tibias y nervios extremos. Los principales índices estadounidenses alternaron caídas y rebotes a medida que los inversores trataban de valorar la cara y la cruz del boom de la inteligencia artificial: la promesa de productividad futura frente al riesgo inmediato de destrucción de empleo y sobreinversión. Al mismo tiempo, el oro y el petróleo se abarataron con fuerza tras los signos de acercamiento entre Estados Unidos e Irán en las negociaciones sobre el programa nuclear, que reducen —por ahora— el temor a un shock de oferta. En paralelo, la batalla corporativa por el control de Warner Bros. Discovery y el nuevo salto tecnológico de Anthropic en herramientas de IA generativa completan un cuadro en el que tecnología, geopolítica y tipos de interés vuelven a marcar el pulso de los mercados.
Un mercado atrapado entre la euforia y el miedo
Las bolsas estadounidenses cerraron en verde, pero la lectura superficial de los índices oculta una sesión plagada de bandazos. El Dow Jones avanzó un 0,28% hasta los 49.641 puntos, el S&P 500 sumó un 0,44% hasta 6.866 y el tecnológico Nasdaq ganó un 0,62% hasta 22.687. Movimientos moderados para una jornada en la que los traders hablaron más de volatilidad que de tendencia.
La explicación es doble. Por un lado, continúa el ajuste tras las fuertes ventas recientes en los grandes valores ligados a la IA, lo que alimenta cierto “bargain hunting” en tecnológicas castigadas. Por otro, el debate sobre si el mercado ha corrido demasiado por delante de los beneficios reales de la nueva ola de automatización mantiene a muchos gestores en modo defensivo.
Los flujos muestran esa esquizofrenia: entradas en compañías que se perciben como ganadoras claras de la revolución de la IA, y a la vez rotaciones hacia sectores más defensivos ante el temor a que la Reserva Federal mantenga los tipos altos durante más tiempo del previsto. El resultado es un mercado que sube a contrapié y con poca convicción, extremadamente sensible a cualquier titular sobre tecnología o geopolítica.
El temor a una burbuja laboral por la IA
En el centro del ruido está la misma pregunta: ¿está la economía mundial preparada para el impacto de la inteligencia artificial en el empleo? En las últimas semanas, la conversación sobre IA ha escalado posiciones en la lista de preocupaciones de los inversores. No solo por el miedo a una burbuja de valoración, sino por la posibilidad de “disrupciones serias a corto plazo” en el mercado laboral, en palabras del propio gobernador de la Fed, Michael Barr.
El diagnóstico es incómodo. Los avances en modelos capaces de escribir código, producir informes o automatizar tareas administrativas amenazan con reducir la demanda de millones de trabajadores de cuello blanco en sectores como servicios financieros, marketing, consultoría o administración pública. A corto plazo, eso puede traducirse en recortes de plantilla y presión política, incluso aunque a largo plazo la productividad agregada mejore.
El caso de Anthropic ilustra la tensión entre expectativas y riesgos. La firma, valorada en torno a 380.000 millones de dólares, ha lanzado su modelo Claude Sonnet 4.6, con una ventana de contexto de un millón de tokens y capacidades de programación más avanzadas, al mismo precio que la versión anterior. La velocidad del salto tecnológico alimenta la narrativa de crecimiento explosivo, pero también la sensación de que el mercado podría estar descontando beneficios futuros que tardarán años en materializarse, si es que lo hacen.
El deshielo con Irán enfría el oro y el crudo
Mientras la IA agita las valoraciones, la geopolítica alivió este martes uno de los focos clásicos de riesgo: Oriente Medio. Estados Unidos e Irán anunciaron que han alcanzado un entendimiento sobre los “principios rectores” de las negociaciones sobre el programa nuclear, aunque ambas partes insisten en que un acuerdo final no es inminente. Aun así, el simple hecho de que el diálogo avance bastó para relajar las primas de riesgo sobre el petróleo.
El barril de WTI estadounidense cayó un 0,89% hasta los 62,33 dólares, mientras que el Brent se dejó un 1,79%, hasta 67,42 dólares, marcando mínimos de dos semanas. El movimiento refleja la expectativa de un suministro algo más holgado si las sanciones sobre el crudo iraní se suavizan en el futuro, aunque ese escenario sigue lejos de estar garantizado.
La relajación del riesgo geopolítico tuvo una consecuencia inmediata sobre los activos refugio. El oro al contado retrocedió un 2,14% hasta 4.885 dólares la onza, mientras que los futuros estadounidenses cedieron un 3,16%. Tras semanas de compras defensivas ante la escalada de tensiones, muchos gestores aprovecharon para deshacer posiciones y cristalizar plusvalías, en un entorno en el que el dólar se fortalece y resta aún más brillo al metal precioso.
Bonos y divisas lanzan señales mixtas
En el mercado de renta fija, la fotografía fue más matizada. La referencia a diez años de Estados Unidos repuntó apenas 0,2 puntos básicos hasta el 4,06%, mientras que el bono a dos años —más sensible a las expectativas de tipos— subió hasta el 3,44%. La ligera pendiente de la curva y los movimientos contenidos sugieren que los inversores siguen esperando claridad de la Fed antes de tomar posiciones más agresivas.
El mensaje de Michael Barr de que el próximo recorte de tipos podría no llegar “en algún tiempo” añade presión a unos mercados que habían empezado a descontar una relajación monetaria más cercana. Al otro lado del Atlántico, el rendimiento del diez años alemán encadenó su séptima caída consecutiva, en línea con un rally global de la deuda soberana que refleja tanto búsqueda de refugio como dudas sobre el crecimiento.
En divisas, el índice dólar (DXY) avanzó un 0,1% hasta 97,19 puntos, apoyado en las expectativas de tipos más altos durante más tiempo y en la cautela de los inversores frente a la volatilidad de las bolsas. El euro cedió hasta los 1,1844 dólares, mientras que el billete verde se debilitó ligeramente frente al yen, hasta 153,39 por dólar. El mensaje de fondo es claro: el dólar sigue siendo el refugio de referencia, incluso en días en los que el oro pierde brillo.
Paramount, Netflix y la batalla por el tamaño en el ‘streaming’
Más allá de los movimientos macro, la sesión dejó un capítulo significativo en la consolidación del sector audiovisual. Paramount Skydance Corporation confirmó que seguirá adelante con su oferta pública para adquirir Warner Bros. Discovery (WBD) por 30 dólares en efectivo por acción, pese a que el consejo de WBD ha recomendado a sus accionistas aceptar la propuesta alternativa de Netflix.
La compañía ha obtenido una ventana adicional de una semana para detallar su propuesta y se muestra abierta a “discusiones constructivas” de buena fe. El plan incluye, además, una cláusula de “ticking fee” de 0,25 dólares por acción y trimestre si la operación no se ha completado a finales de 2026, una forma de compensar a los accionistas por el tiempo de espera.
WBD, por su parte, ha convocado una junta extraordinaria el 20 de marzo para que los inversores voten la oferta de Netflix. El episodio refleja hasta qué punto el negocio del streaming ha entrado en una fase de concentración acelerada, en la que solo los grandes grupos con escala global y catálogos masivos pueden aspirar a rentabilizar las inversiones multimillonarias en contenido y tecnología. La batalla por WBD es, en realidad, una batalla por quién dominará la distribución de contenidos en la próxima década.
Anthropic acelera la carrera armamentística de la inteligencia artificial
En el frente estrictamente tecnológico, la noticia del día fue el lanzamiento de Claude Sonnet 4.6 por parte de Anthropic. La nueva versión del asistente de programación basado en IA promete mayor consistencia, mejor seguimiento de instrucciones y un contexto ampliado a un millón de tokens, lo que permite manejar proyectos de código y documentación de enorme tamaño en una sola sesión. Todo ello, además, manteniendo los precios de la versión 4.5, desde 3 y 15 dólares por millón de tokens para entrada y salida, respectivamente.
El movimiento convierte a Sonnet 4.6 en el modelo por defecto tanto en Claude como en Claude Cowork para usuarios gratuitos y de pago, consolidando la posición de Anthropic en un mercado en el que compite frente a gigantes con recursos casi ilimitados. Al mismo tiempo, la compañía sigue bajo escrutinio regulatorio tras su negativa a conceder al Departamento de Defensa estadounidense una licencia sin restricciones para utilizar su tecnología, un gesto que ha llevado a que se le considere potencial riesgo para la cadena de suministro.
Lo más grave, desde la perspectiva de mercado, es que estos episodios muestran que la gobernanza y el uso militar de la IA se han convertido ya en un factor de riesgo tangible, capaz de influir en las valoraciones bursátiles y en las decisiones de grandes clientes institucionales. La regulación, hasta ahora difusa, empieza a colarse en los modelos de descuento de flujos de caja.
Con este telón de fondo, los próximos días estarán marcados por la publicación de las actas de la última reunión de la Reserva Federal y por cualquier filtración sobre el avance de las conversaciones nucleares entre Washington y Teherán. Si las actas confirman un tono más duro de lo esperado, los tipos de interés podrían convertirse de nuevo en el principal freno para las bolsas, especialmente para las compañías de crecimiento ligadas a la IA.
En el ámbito geopolítico, cualquier tropiezo en el diálogo con Irán podría dar la vuelta al comportamiento del petróleo y del oro en cuestión de horas, reactivando la demanda de activos refugio. Mientras tanto, la resolución de la pugna por WBD y la recepción de Claude Sonnet 4.6 en el ecosistema de desarrolladores serán pruebas clave para medir hasta qué punto el mercado está dispuesto a seguir financiando apuestas agresivas en contenido y tecnología.
El diagnóstico, por ahora, es inequívoco: los mercados siguen enganchados a la promesa de la inteligencia artificial, pero cada vez muestran más sensibilidad a sus costes sociales, a las tensiones regulatorias y a los riesgos geopolíticos que rodean a la nueva ola tecnológica. El equilibrio entre euforia e incertidumbre seguirá marcando la pauta de unas bolsas que, como se vio este martes, pueden cambiar de dirección varias veces en una sola sesión.