Dow Jones con jueves negro el día 13 de guerra: Mojtaba Jamenei cierra filas sobre Ormuz y el Brent se aferra a los 100 dólares

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La guerra entra en su día 13 con Mojtaba Khamenei endureciendo el cierre del Estrecho de Ormuz, Washington abriendo una excepción extraordinaria para crudo ruso ya cargado y Netanyahu admitiendo que la caída del régimen iraní no puede imponerse solo por vía militar.

El petróleo ha vuelto a convertirse en el gran regulador del miedo global.
Con el Brent consolidado por encima de los 100 dólares, el conflicto entre Irán, Israel y Estados Unidos ha dejado de ser una crisis regional para convertirse en un shock energético con alcance mundial.
La Agencia Internacional de la Energía ya habla de la mayor disrupción de suministro de la historia y ha activado una liberación coordinada de 400 millones de barriles de reservas estratégicas.
Mientras tanto, la Casa Blanca endurece el lenguaje militar, pero al mismo tiempo flexibiliza de forma excepcional parte del flujo de crudo ruso para contener la presión sobre los precios.
El resultado es una paradoja incómoda: Occidente intenta sostener una guerra, contener la inflación y preservar la credibilidad de sus sanciones al mismo tiempo.

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El cuello de botella que ha cambiado el mercado

El centro de gravedad de la crisis ya no está solo en Teherán o Tel Aviv, sino en Ormuz. Mojtaba Khamenei ha insistido en que Irán mantendrá el estrecho cerrado como herramienta de presión, y el mercado ha entendido que la amenaza va en serio. No es un gesto retórico. Según la IEA, por ese paso transita en condiciones normales alrededor del 20% del petróleo mundial, y las alternativas logísticas para reemplazar ese flujo son extraordinariamente limitadas. Lo más grave es que la interrupción actual ya ha obligado a activar la mayor respuesta coordinada de reservas de emergencia jamás organizada por el organismo. Este hecho revela un cambio de escala: ya no se teme una interrupción puntual de tráfico marítimo, sino un daño prolongado sobre oferta, seguros, fletes y confianza empresarial. El diagnóstico es inequívoco: cuando el mercado energético depende de un único estrecho y ese estrecho se militariza, el crudo deja de ser una materia prima y pasa a funcionar como un multiplicador de riesgo para toda la economía global.

Trump endurece el tono mientras abre una válvula incómoda

Donald Trump ha elevado la presión verbal sobre Irán con amenazas de una respuesta “a un nivel nunca visto” si Teherán mantiene bloqueado el flujo de crudo. Sin embargo, al mismo tiempo, su Administración ha optado por una salida táctica mucho más pragmática: la Oficina de Control de Activos Extranjeros emitió el 5 de marzo la licencia general 133, que autoriza la entrega y venta en India de crudo y productos petrolíferos rusos ya cargados en buques antes de esa fecha. La medida no supone un levantamiento general de sanciones, pero sí una excepción lo bastante significativa como para demostrar que Washington necesita aliviar la tensión energética de forma inmediata. La consecuencia es clara: la Casa Blanca intenta sostener simultáneamente dos mensajes contradictorios, el de la firmeza geopolítica y el del realismo inflacionista. Y cuando un Gobierno se ve obligado a reabrir parcialmente una vía para el petróleo ruso en mitad de una crisis con Irán, lo que queda al descubierto es la fragilidad del equilibrio energético occidental.

Los mercados aparentan calma, pero la foto engaña

A la hora de Madrid, la pantalla de mercados dejaba una imagen menos dramática de lo que sugiere la geopolítica: el SPX avanzaba un 0,26% hasta 4.719,54 puntos, el Ibex 35 subía un 0,75% hasta 10.171,71, el DXY repuntaba un 0,08% hasta 102,032, el VIX escalaba un 2,38% hasta 12,47 y el oro cedía un 0,08% hasta 2.034,59 dólares. Esa combinación merece una lectura cuidadosa. No transmite pánico abierto, pero tampoco normalidad. El dólar vuelve a fortalecerse, la volatilidad repunta y el oro no actúa como refugio dominante, un patrón que suele aparecer cuando el mercado todavía está calibrando si el shock energético será transitorio o persistente. Lo más delicado es precisamente esa aparente serenidad. Porque los mercados suelen aguantar bastante mejor los primeros días de una guerra que sus efectos de segunda ronda: inflación importada, revisión de beneficios, deterioro del consumo y mayor coste de capital. La calma visible puede ser, en realidad, una tregua estadística antes del verdadero ajuste.

Símbolo Última Cbo Cambio%
500
SPX
4719.54 12.46 0.26%
IBEX35
10171.71 75.62 0.75%
$
DXY
102.032 0.084 0.08%
🇺🇸
VIX
12.47 0.29 2.38%
 
USOIL
71.68 0.09 0.13%
Au
GOLD
2034.59 -1.71 -0.08%

 

El Brent por encima de 100 dólares reabre el problema inflacionista

La consolidación del Brent por encima de los 100 dólares no es solo un titular de materias primas. Es una amenaza directa sobre el relato macroeconómico de 2026. La IEA reconoce que la disrupción actual ha obligado a movilizar 400 millones de barriles de reservas, y AP señala que el mercado teme que el barril vuelva a ejercer una presión persistente sobre precios, transporte y producción industrial. El contraste con el escenario de hace apenas unas semanas resulta demoledor: entonces se hablaba de una inflación más contenida y de una Reserva Federal con margen para relajarse; hoy vuelve a emerger el riesgo de una economía con crecimiento más débil y energía mucho más cara. La consecuencia es clara: cada dólar adicional en el barril encarece combustible, fertilizantes, logística, aviación y producción manufacturera. Europa, además, llega especialmente expuesta por su mayor dependencia de energía importada y por la menor capacidad política para amortiguar un shock prolongado. El petróleo no solo sube; reorganiza de nuevo toda la discusión sobre tipos, consumo y márgenes empresariales.

Benjamin Netanyahu

Netanyahu rebaja la promesa y admite el límite militar

Benjamin Netanyahu ha introducido un matiz crucial que cambia el marco político del conflicto. El primer ministro israelí ha reconocido que la campaña militar no puede garantizar por sí sola la caída del régimen iraní y que su objetivo real es “crear las condiciones” para que un eventual levantamiento interno haga el resto. “Vamos a crear las condiciones para que el pueblo iraní tome el control de su destino”, vino a sostener en sus últimas declaraciones públicas. Lo más importante no es la frase, sino lo que implica: Israel admite que puede degradar capacidad militar, castigar infraestructuras de seguridad y elevar la presión interna, pero no puede asegurar el desenlace político final. Este hecho revela dos límites muy serios. El primero, militar: bombardear no equivale a derribar un régimen. El segundo, estratégico: si no llega esa revuelta interna, la guerra puede prolongarse sin una victoria política clara. Y una guerra larga, con Ormuz tensionado y el petróleo en triple dígito, es exactamente el escenario que los mercados descuentan peor.

La excepción rusa expone una incoherencia de fondo

La apertura temporal al crudo ruso ya embarcado también tiene una derivada política que va mucho más allá del mercado energético. Washington intenta presentar la medida como un gesto técnico, acotado y sin beneficio material relevante para Moscú. Pero el problema no es solo contable. El problema es reputacional. Si las sanciones energéticas se relajan cuando el precio aprieta, el mensaje para aliados, rivales y productores es devastador: la arquitectura coercitiva de Occidente es mucho menos sólida de lo que proclama. Lo más grave es que la propia lógica de la medida confirma el callejón actual. Estados Unidos necesita presionar a Irán, sostener la alianza con Israel, mantener bajo control el precio de la gasolina y evitar una recesión inducida por energía. Son objetivos comprensibles, pero no siempre compatibles. La consecuencia es un sistema de excepciones, licencias y correcciones improvisadas que erosiona el principio de coherencia estratégica. Y cuando la coherencia desaparece, el mercado empieza a descontar no solo más inflación, sino también más arbitrariedad política.

Los datos del viernes pueden agravar todavía más el movimiento

La agenda macro del cierre de semana llega, además, en un momento especialmente delicado. Reino Unido publica PIB, producción industrial y manufacturera; en Europa llegan referencias de IPC en Francia y España, precios mayoristas en Alemania y producción industrial en Italia y la zona euro. Pero el foco real estará en Estados Unidos, con el PCE, el PIB intertrimestral, las vacantes JOLTS y el sentimiento preliminar de la Universidad de Michigan. Si esos datos muestran que la inflación subyacente sigue viva o que las expectativas de precios repuntan, el shock energético dejará de ser una hipótesis para convertirse en un problema macro plenamente incorporado. El contraste con una sesión aparentemente templada en índices podría desaparecer en cuestión de horas. Porque el mercado puede convivir unos días con titulares bélicos; lo que tolera mucho peor es la combinación de petróleo caro, crecimiento más frágil y un banco central atrapado. Ahí es donde de verdad se decide si esta crisis será un sobresalto o el inicio de una nueva fase de estrés financiero.El mundo puede acostumbrarse al ruido bélico, pero no a una energía estructuralmente más cara. Por eso el verdadero termómetro no será solo el parte militar del día 14 o del día 15, sino la persistencia del Brent en tres dígitos y la capacidad de las grandes economías para absorber ese golpe sin reabrir la inflación. El efecto dominó ya está en marcha. Y lo más inquietante es que todavía no está claro quién controla realmente la siguiente ficha.