El Dow Jones salta 300 puntos en pleno ‘tsunami’ de datos

FR TORO DE WALL STREET
La avalancha de cifras de inflación, crecimiento y empleo impulsa a Wall Street mientras la Fed mantiene el freno echado

El Dow Jones arranca la sesión con el pie en el acelerador y se anota cerca de 300 puntos, un avance de alrededor del 0,8%, en una jornada marcada por una auténtica blizzard de datos macro en Estados Unidos. El S&P 500 suma en torno a un 0,6%, el Nasdaq roza el 1% y el Russell 2000, termómetro de las pequeñas compañías, se dispara un 1,3%. En paralelo, el Euro STOXX 600 avanza un 1,1%, el dólar se debilita, el oro sube, mientras bitcoin y el crudo caen más de un 1% y el rendimiento del bono a diez años escala hasta el entorno del 4,27%. Sobre la mesa, tres piezas clave: el índice PCE de precios, el PIB del tercer trimestre y las peticiones semanales de subsidio de paro. El mensaje que lanzan al mercado es paradójico: la economía aguanta mejor de lo esperado, pero la Reserva Federal no tiene prisa por bajar tipos. Y el Dow, de momento, prefiere mirar el vaso medio lleno.

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Un Dow Jones en modo euforia contenida

La fotografía de la sesión es la de un rally de alivio, más que de euforia desatada. El Dow Jones, el índice más clásico de Wall Street, se coloca en zona de máximos recientes con una subida próxima al 0,83%, apoyado sobre todo en valores industriales, financieros y de consumo. Para muchos gestores, la reacción no es tanto un ataque de optimismo como un suspiro colectivo: el temido “golpe” de los datos no ha llegado.

El S&P 500 avanza en torno al 0,57%, mientras el Nasdaq Composite, más expuesto a tecnológicas y valores de crecimiento, se anota cerca del 1%. Es decir, el mercado compra riesgo, pero sin romper todavía ninguna resistencia de calado. En Europa, el Euro STOXX 600 acompaña con subidas superiores al 1%, en una muestra de que el sentimiento positivo se extiende a ambos lados del Atlántico.

Lo más llamativo es que este movimiento se produce sin cambios sustanciales en las expectativas sobre la Fed: el consenso sigue viendo al banco central en pausa en la próxima reunión y con un discurso “algo más duro” frente a la inflación. El contraste es claro: mientras la política monetaria se congela, el Dow se permite celebrar que, al menos, no hay malas sorpresas.

El ‘tsunami’ de datos que agita la sesión

La expresión que más se repite en las mesas de trading es “data blizzard”: un auténtico aluvión de indicadores ha caído sobre el mercado en cuestión de horas. Sobre todo, tres: el PCE de noviembre, la lectura final del PIB del tercer trimestre y las nuevas solicitudes de subsidio de desempleo. Un cóctel que, en otras circunstancias, podría haber provocado una auténtica montaña rusa de precios.

Sin embargo, esta vez la reacción es sorprendentemente ordenada. La clave está en que los datos han llegado muy cerca del consenso: sin sobresaltos dramáticos, sin giros narrativos bruscos. El PCE confirma una inflación todavía por encima del objetivo del 2%, pero sin acelerarse; el PIB revisado al alza al 4,4% confirma que la economía llegó al otoño con más tracción de lo previsto; y las cifras de paro muestran un mercado laboral que se enfría a cámara lenta, pero sin rastro de ola de despidos.

Este hecho revela una paradoja: el “tsunami” de cifras macro no está cambiando la historia de fondo (inflación alta, crecimiento razonable, Fed en pausa), pero sí alimenta la sensación de que el famoso “aterrizaje suave” sigue vivo. Y eso, para el Dow Jones, basta para seguir subiendo unos puntos más.

PCE: la inflación se resiste a volver al 2%

El dato que más mira Jerome Powell no es el IPC, sino el índice de precios del gasto en consumo personal (PCE). Y el informe de noviembre ha llegado, como advertían los analistas, con un ligero retraso por el anterior cierre de la Administración. Pese a estar algo “envejecido”, sigue siendo crucial.

El PCE general sube un 0,2% mensual, una décima menos que en octubre, y se mantiene en el 2,8% interanual, también una décima por encima de la lectura previa. Es decir, los precios no se desbocan, pero tampoco terminan de enfriarse hacia el objetivo medio del 2%. El PCE subyacente, que excluye energía y alimentos, también avanza un 0,2% mensual y un 2,8% interanual, exactamente en línea con lo esperado.

“El informe es viejo, no hay duda, pero muestra que la inflación sigue elevada y no está acelerándose, que es la buena noticia”, resume Peter Cardillo, economista jefe de Spartan Capital. Pero añade la parte incómoda: “Eso no cambia el hecho de que la Fed se va a quedar quieta la semana que viene y el tono será algo agresivo”. La consecuencia es clara: mientras la inflación se mantenga tan lejos del 2%, los recortes de tipos seguirán más en los titulares que en la realidad.

Consumo fuerte, ahorro débil: la factura que paga el bolsillo

Más allá de los precios, el informe del PCE deja otra señal preocupante: el consumidor sostiene la economía, pero vaciando la hucha. La renta personal aumentó un 0,3%, por debajo del 0,4% que anticipaba el mercado, mientras el gasto de los hogares se mantuvo en un robusto 0,5% mensual.

Si se mira con lupa, el patrón es claro. El gasto en bienes repunta un 0,6%, mientras las servicios desaceleran del 0,3% al 0,2%, lo que sugiere que muchos hogares priorizan compras tangibles —a menudo financiadas— frente a servicios más prescindibles. Al mismo tiempo, la renta disponible apenas avanza un 0,1%, lo que empuja la tasa de ahorro a un preocupante 3,5%, uno de los niveles más bajos de los últimos años.

La lectura de Cardillo es contundente: “En algún momento esto va a debilitar el consumo. La conclusión es que los aranceles están golpeando el bolsillo del consumidor, no a las corporaciones”. Dicho de otra manera: el Dow Jones celebra hoy que el gasto aguanta, pero por debajo late una realidad menos festiva: cada dólar extra que va a la cesta de la compra sale, cada vez más, del colchón de ahorro.

Un PIB de vértigo… mirando por el retrovisor

En paralelo, el Departamento de Comercio ha publicado la tercera lectura del PIB del tercer trimestre, que confirma que la economía estadounidense corrió a un ritmo más que respetable: un 4,4% interanualizado, una décima por encima del 4,3% previsto. El dato parece de otro tiempo, pero sigue siendo una pieza clave para entender dónde está el ciclo.

El detalle es revelador: la inversión privada doméstica se mantiene prácticamente plana respecto al segundo trimestre, con mejoras en equipo e intangibles compensadas por caídas en construcción residencial y no residencial. El verdadero motor es el gasto público, que crece un 2,2%, impulsado casi por completo por un aumento del 2,7% en el gasto federal. Al mismo tiempo, el sector exterior aporta positivamente: las importaciones caen un 4,4% y las exportaciones rebotan un 9,6%, todavía bajo el impacto de los aranceles y los desajustes comerciales previos.

El gran protagonista sigue siendo el consumo: el gasto de los hogares se acelera del 2,5% al 3,5%, aportando 2,3 puntos de los 4,4 del crecimiento total. Es un dato brillante… pero, como subrayan los analistas, es historia antigua. La incógnita es si este ritmo puede sostenerse con un ahorro mínimo, una inflación del 2,8% y unos tipos todavía elevados.

Empleo: paro mínimo, miedo máximo

La tercera pata del “tsunami de datos” llega del mercado laboral. Las nuevas solicitudes semanales de subsidio de desempleo se situaron en 200.000, apenas 1.000 más que la semana anterior y 10.000 por debajo de lo que esperaba el consenso. La media móvil de cuatro semanas sigue prácticamente lateral, con un ligero sesgo a la baja.

Más llamativo aún es el dato de las prestaciones continuadas, que caen un 1,4% hasta 1,926 millones de personas, unos 51.000 menos de lo previsto. En términos llanos: siguen siendo muy pocos los estadounidenses que permanecen en paro durante un tiempo prolongado.

“El nivel de solicitudes es muy bajo, simple y llanamente”, resume Carl Weinberg, economista jefe de High Frequency Economics. “Esto sugiere que las preocupaciones sobre un debilitamiento del mercado laboral están exageradas. Si el crecimiento del empleo se está frenando, no es por una oleada de despidos”. Para la Fed, es un mensaje incómodo: mientras el empleo se mantenga tan sólido, el margen para recortar tipos rápidamente es menor. Para el Dow Jones, en cambio, hoy es el combustible perfecto: la narrativa del “aterrizaje suave” —inflación que baja sin destrozar el trabajo— sigue intacta.

Lo que descuenta ahora Wall Street (y lo que teme)

Con todos los datos sobre la mesa, el veredicto del mercado es claro: la economía sigue corriendo lo bastante deprisa como para evitar la recesión, pero no tanto como para obligar a la Fed a subir más los tipos. De ahí el movimiento casi coreografiado: el Dow Jones sube cerca del 0,8%, el Nasdaq se estira un 1%, el S&P avanza medio punto y el bono a diez años se va al 4,27%, reflejando un ligero repunte de las rentabilidades exigidas.

Sin embargo, bajo la superficie se acumulan dudas. El ahorro en mínimos, la inflación pegajosa en el 2,8%, un crecimiento apoyado en gasto público y un mercado laboral aún tensado dibujan un escenario en el que cualquier error de la Fed —por exceso de prudencia o por dureza— puede cambiar el guion. La amenaza latente es una doble: que el consumo se agote justo cuando el banco central todavía no se atreve a aliviar las condiciones financieras.

La lección de la jornada es nítida: el Dow Jones puede celebrar hoy con una subida de 300 puntos, pero lo hace caminando sobre una cuerda floja de datos que no terminan de cuadrar. Los indicadores dan, de momento, la razón a quienes creen en el aterrizaje suave. La pregunta es cuánto tiempo más podrá Wall Street vivir en ese delicado equilibrio.