ITURRALDE y el mensaje al Dow Jones: Por qué EEUU rescatará a las grandes de la IA y "envidia el control chino"

ITURRALDE y el mensaje al Dow Jones: Por qué EEUU rescatará a las grandes de la IA y "envidia el control chino"
Alberto Iturralde sostiene que Washington protegerá a sus grandes tecnológicas si estalla la burbuja, porque la inteligencia artificial ya constituye una cuestión de seguridad nacional.

La inteligencia artificial ha dejado de ser una simple apuesta empresarial para convertirse en una infraestructura estratégica comparable a la energía, las telecomunicaciones o la defensa. Alberto Iturralde sostiene que Estados Unidos terminará protegiendo a sus grandes tecnológicas si el sector entra en crisis porque «envidia el control chino» sobre la economía y la innovación.

El Dow Jones ofrece una primera señal de esa dependencia. El índice cayó un 0,4% semanal, frente al descenso del 2,1% del Nasdaq, después de que las grandes compañías tecnológicas perdieran conjuntamente alrededor de 890.000 millones de dólares de capitalización. La IA sostiene las expectativas de crecimiento, pero también concentra el mayor riesgo

Estados Unidos no ha anunciado un fondo para rescatar a Alphabet, Microsoft, OpenAI o cualquier otra empresa de inteligencia artificial. La tesis de Iturralde debe entenderse de otra manera: Washington difícilmente permitiría que una compañía esencial para su capacidad tecnológica desapareciera o cayera bajo control extranjero.

La ayuda podría adoptar la forma de contratos públicos, facilidades energéticas, financiación de centros de datos, protección regulatoria o restricciones a los competidores chinos. El plan oficial de la Casa Blanca ya contempla acelerar la innovación, construir infraestructura y consolidar el liderazgo estadounidense. No sería un rescate bancario tradicional, sino una política industrial de emergencia.

El Dow Jones mide el miedo

La corrección tecnológica se ha extendido a toda Wall Street. El S&P 500 perdió un 0,6% semanal y el Dow Jones encadenó descensos pese a su menor exposición relativa a las compañías de crecimiento. Alphabet y Tesla fueron castigadas por el aumento del gasto, las dudas sobre el flujo de caja y la ausencia de retornos inmediatos sobre sus inversiones en IA.

El mercado empieza a exigir algo más que grandes modelos y anuncios espectaculares. Quiere ingresos, productividad y márgenes. Cuando las empresas gastan decenas de miles de millones sin demostrar todavía el beneficio final, la promesa tecnológica se convierte en riesgo financiero.

Pekín juega con otras reglas

China no separa con la misma claridad la estrategia estatal de la empresarial. Su programa «Inteligencia Artificial+» coordina inversiones, infraestructuras, datos, industria y adopción tecnológica. Pekín pretende que las aplicaciones de nueva generación superen una penetración del 70% en 2027 y del 90% en 2030.

Ese control es precisamente lo que Iturralde considera objeto de deseo en Washington. Estados Unidos mantiene un sistema más descentralizado, pero la competencia con China está empujándolo hacia una intervención creciente. El contraste resulta revelador: el país que defiende el mercado libre comienza a tratar la IA como un sector demasiado importante para dejarlo únicamente en manos del mercado.

La paradoja de Anthropic

La inclusión de Anthropic entre las empresas que podrían ser protegidas exige un matiz. La Administración Trump ordenó a las agencias federales dejar de utilizar sus productos y el Pentágono la calificó como un riesgo para la cadena de suministro tras una disputa relacionada con el uso militar de sus modelos.

Este episodio demuestra que el apoyo público no será automático. Washington protegerá el ecosistema estadounidense, pero también exigirá capacidad de supervisión y alineamiento con sus prioridades estratégicas. La empresa considerada imprescindible puede convertirse en adversaria del Gobierno si intenta imponer límites al uso de su tecnología.

Una burbuja con utilidad real

El riesgo especulativo no implica que la inteligencia artificial carezca de valor. Un estudio basado en documentos presentados ante la SEC concluyó que el 11% de las empresas del S&P 500 ya había integrado profundamente la IA en sus operaciones durante 2025, mientras otro 10% la utilizaba directamente en la producción de bienes o servicios.

El problema es la distancia entre utilidad y valoración. Una tecnología puede transformar la economía y, al mismo tiempo, generar una burbuja bursátil. Internet cambió el mundo después del año 2000, pero eso no impidió la desaparición de cientos de empresas sobrevaloradas.

El Estado entra en Silicon Valley

La Casa Blanca ha reconocido que los modelos avanzados plantean consideraciones de seguridad nacional y requieren una acción coordinada entre agencias y empresas. La nueva estrategia contempla trabajar estrechamente con la industria para desplegar la tecnología con rapidez y proteger las capacidades estadounidenses.

Ese marco respalda parcialmente el análisis de Iturralde. Estados Unidos no necesita nacionalizar Silicon Valley para controlar su dirección. Puede hacerlo mediante contratos, chips, energía, regulación, compras públicas y acceso a información estratégica.

El Dow Jones seguirá reaccionando a cada caída del sector, aunque el Nasdaq soporte el golpe más directo. Washington observa algo todavía mayor que una corrección bursátil: perder la carrera de la IA significaría ceder productividad, influencia militar y poder económico. Ante esa amenaza, el rescate puede cambiar de nombre, pero difícilmente dejará de llegar.