Oro bajo sospecha en Wall Street, plata al alza: las claves del nuevo ciclo

Gráfica del precio del oro y plata en mercados internacionales con fondo de lingotes metálicos

El CEO de Silvergold Patrimonio, Francisco Javier López Milán, descarta el “ocaso” del oro y apunta a una fase de alta volatilidad, con la plata y los metales industriales ganando protagonismo hasta 2028

En un mercado marcado por la incertidumbre geopolítica, la inflación todavía elevada y el temor a errores de política monetaria, los metales preciosos han vuelto al centro del debate inversor. Las últimas semanas han dejado movimientos bruscos en el oro y la plata, con subidas verticales seguidas de correcciones rápidas que han sembrado dudas sobre su papel clásico como refugio.
Frente a la narrativa del “ocaso del oro”, el análisis de Francisco Javier López Milán, CEO de Silvergold Patrimonio, ofrece una lectura distinta: la volatilidad responde más a estrategias especulativas de corto plazo que a un deterioro de los fundamentales. Paralelamente, la plata firmaría una revalorización superior al 100% en el último año y seguiría, a su juicio, claramente infravalorada.
En esta hoja de ruta, el directivo defiende que los metales preciosos deberían suponer en torno al 20% de una cartera diversificada, con un reparto que combina oro, plata y un bloque más táctico de metales industriales como paladio y platino. El horizonte que maneja es inequívoco: una tendencia alcista estructural al menos hasta 2028, salpicada de episodios intensos de volatilidad.

Volatilidad sin cambio de fondo

Los últimos movimientos en el oro han llegado a registrar caídas intradía superiores al 5%, en muchos casos concentradas en las sesiones nocturnas, cuando la liquidez es menor y los grandes operadores pueden mover el mercado con menos volumen.
A primera vista, este comportamiento podría interpretarse como síntoma de agotamiento. Sin embargo, López Milán lo enmarca en una lógica más técnica:

«Estamos viendo movimientos especulativos de corto plazo, no un cuestionamiento del valor intrínseco del oro o de la plata», apunta.

Según explica, las ventas rápidas responden a:

  • Limpieza de carteras de grandes institucionales a cierre de trimestre o de ejercicio.

  • Presión sobre posiciones cortas y largas en mercados de futuros muy apalancados.

  • Ajustes derivados de algoritmos que reaccionan a niveles técnicos clave.

El resultado para el inversor minorista es una sensación de montaña rusa que poco tiene que ver con los fundamentales de largo plazo: oferta limitada, demanda inversora estable y un contexto de tipos reales que, aunque han subido, siguen lejos de neutralizar completamente el atractivo de los metales como protección frente a shocks.

El oro, ¿en crisis o en transición?

En términos estructurales, el CEO de Silvergold Patrimonio no ve un cambio de régimen en el oro, sino una fase de transición. En los últimos doce meses, el metal ha llegado a encadenar subidas acumuladas superiores al 30%, impulsado por:

  • La búsqueda de refugio ante la inestabilidad geopolítica.

  • Compras sostenidas de bancos centrales, especialmente en economías emergentes.

  • La pérdida de confianza parcial en algunas divisas como activo reserva.

Las correcciones recientes, subraya, no borran esa trayectoria, sino que la matizan. «El oro sigue siendo el activo refugio por excelencia en un entorno donde la credibilidad fiscal y monetaria se cuestiona cada vez más», sostiene.
A su juicio, el debate sobre el “ocaso del oro” confunde el ruido táctico con la tendencia de fondo. El metal podría convivir sin problemas con otros activos refugio —desde monedas fuertes hasta determinados bonos soberanos—, pero mantiene una característica difícil de replicar:

  • No depende del crédito de un emisor.

  • No está vinculado a la solvencia de un Estado.

  • Resiste mejor escenarios de fragmentación financiera internacional.

En ese contexto, las caídas abruptas serían más una ventana para ajustar posiciones que una señal de abandono masivo del activo.

La oportunidad silenciosa de la plata

Si el oro sigue siendo referencia, la plata aparece en este análisis como el gran activo infravalorado del ciclo. López Milán recuerda que, en el último año, el metal ha llegado a revalorizarse más de un 100%, impulsado por la mezcla de demanda inversora y demanda industrial.
Pese a ese rally, el ratio oro/plata se sitúa todavía en niveles elevados, en torno a 80 a 1, frente a medias históricas más cercanas a 50 a 1. Este diferencial alimenta la tesis de que la plata conserva un margen de recorrido adicional si el ciclo alcista de los metales preciosos se mantiene:

«La plata ha quedado rezagada durante años respecto al oro. Si miramos sus usos industriales —desde la fotovoltaica hasta la electrónica fina— y la demanda de inversión, el potencial sigue intacto a medio y largo plazo», apunta el experto.

Las correcciones puntuales, incluso cuando alcanzan el 5%–7% en pocas sesiones, entrarían en la categoría de ajustes normales dentro de un mercado que ha despertado tras años de relativa apatía.
A diferencia del oro, la plata combina de forma más marcada su condición de activo refugio con la de metal industrial estratégico, especialmente en sectores ligados a la transición energética. Esa doble cara puede aumentar su volatilidad, pero también refuerza su argumento de fondo en un mundo que avanza hacia mayores necesidades de generación y almacenamiento eléctrico.

Paladio y platino: riesgo cíclico, ventanas de entrada

Más allá del binomio oro-plata, López Milán dirige la mirada hacia metales menos presentes en el imaginario del pequeño ahorrador, pero cruciales en múltiples cadenas de valor industriales: paladio y platino.
Su comportamiento es históricamente más cíclico y está ligado a sectores como la automoción, la química o determinadas aplicaciones tecnológicas. Esta dependencia de la actividad económica real los hace más sensibles a los ciclos de desaceleración y recuperación.
Las caídas registradas recientemente en ambos metales no le sorprenden:

«Forman parte del ciclo industrial. Cuando el mercado descuenta menor crecimiento o cambios regulatorios, paladio y platino ajustan rápido. Para quien asume la volatilidad, son precisamente las fases de corrección las que abren mejores oportunidades de entrada», explica.

De cara a 2026, el directivo anticipa revalorizaciones interesantes si se combina:

  • Una estabilización del crecimiento global en torno al 2%–3% anual.

  • La adaptación progresiva de la industria del automóvil a nuevos estándares de emisiones.

  • El impulso de tecnologías que sigan requiriendo catalizadores y componentes avanzados.

En cualquier caso, recomienda situar estos metales en la parte más táctica y limitada de la cartera, conscientes de que sus ciclos pueden ser más violentos y dependientes de decisiones regulatorias y tecnológicas.

Cómo repartir una cartera de metales preciosos

Más allá del análisis de cada metal, la pregunta clave para el inversor es cómo estructurar la exposición. La recomendación de Silvergold Patrimonio para una cartera diversificada es asignar en torno a un 20% del patrimonio a metales preciosos, evitando concentraciones excesivas:

  • 40%–50% de esa pata en oro, como núcleo defensivo y refugio principal.

  • 30%–40% en plata, combinando potencial alcista y demanda industrial.

  • Hasta un 20% en metales industriales (paladio, platino y otros), con enfoque táctico.

Para quien decide apostar de forma más intensa por el sector, el mensaje sigue siendo el mismo: diversificación interna y horizonte temporal amplio, lejos de la lógica de las operaciones rápidas.

«Estos activos no son para especular a una semana vista. Tienen sentido cuando se piensa en proteger valor y capturar una tendencia alcista estructural que, en nuestra opinión, puede extenderse al menos hasta 2028», subraya López Milán.

El uso de vehículos regulados, productos con respaldo físico contrastado y proveedores especializados se presenta como condición indispensable para trasladar esta estrategia al terreno práctico sin añadir riesgos innecesarios de contrapartida.