La renta variable del Viejo Continente abre en verde mientras los inversores relativizan el impacto de Trump y centran su atención en el pulso macro de Alemania, España y la Eurozona

El Euro Stoxx 50 lidera las subidas pese a la amenaza arancelaria

El Euro Stoxx 50 lidera las subidas pese a la amenaza arancelaria

La sesión europea ha arrancado con un tono sorprendentemente constructivo para un entorno marcado por la amenaza de nuevos aranceles de Estados Unidos. Los principales índices del continente amanecen mayoritariamente en positivo, apoyados en la confirmación del crecimiento de Alemania y a la espera de referencias clave de precios en España y la Eurozona. Mientras el ruido político va y viene, el mercado vuelve a hacer lo que mejor sabe: mirar el dato duro. La consecuencia es clara: la narrativa de guerra comercial pierde peso frente al termómetro del ciclo económico europeo, al menos por ahora. La incógnita es cuánto durará esta tregua.

Un rebote contenido tras la amenaza de nuevos aranceles

La apertura europea deja una fotografía matizada pero claramente menos negativa de lo que sugerían los titulares políticos. A las 8:01 horas CET, el DAX retrocedía un ligero 0,18%, mientras el CAC 40 avanzaba un 0,10% y el FTSE 100 sumaba un 0,12%. El índice paneuropeo Euro Stoxx 50 se anotaba un 0,35%, señal de que la media del mercado apuesta por un tono algo más constructivo.

Índice CAC 40
Índice UK 100

Este comportamiento refleja dos ideas. Por un lado, que los inversores descuentan que los nuevos aranceles anunciados por Donald Trump serán previsibles, negociables y escalonados, no un shock súbito similar al que se vivió en los primeros compases de la guerra comercial con China. Por otro, que el perfil defensivo de muchas grandes cotizadas europeas actúa de colchón en fases de ruido geopolítico. «No es un rally de euforia, es un rebote de digestión; el mercado está cansado del ruido político y se agarra a los datos», resumen en una mesa de trading europea.

Lo más relevante es que, pese a la incertidumbre, no se observa una huida masiva hacia activos refugio ni una prima de riesgo disparada en la periferia. El mensaje implícito es que la prioridad del mercado, hoy, no está en Washington, sino en el cuadro macro europeo.

Alemania resiste con un crecimiento del 0,3% trimestral

La primera referencia del día ha llegado de Berlín. La oficina estadística alemana ha confirmado que el PIB de Alemania creció un 0,3% en el cuarto trimestre, en línea con la estimación preliminar. El dato no es brillante, pero sí relevante: la primera economía de Europa evita el estancamiento y mantiene un ritmo de expansión moderado tras varios trimestres de dudas.

En tasa interanual, este avance trimestral se traduce en un crecimiento cercano al 1%, lejos de las cifras previas a la pandemia y de la era de tipos ultrabajos, pero suficiente para sostener el empleo y el consumo interno. Este hecho revela que la industria alemana ha sido capaz de adaptarse, al menos parcialmente, al doble choque de costes energéticos elevados y desaceleración global.

Sin embargo, el contraste con su propio pasado es evidente. Antes de los grandes shocks recientes, una variación trimestral del 0,3% se interpretaba como un síntoma de enfriamiento; hoy se celebra casi como una señal de resiliencia. El diagnóstico es inequívoco: Alemania ya no es el motor hiperacelerado de la Eurozona, sino un país en transición hacia un crecimiento más modesto, más dependiente de servicios y con menor contribución industrial.

España, pendiente del frenazo de los precios industriales

La atención de los inversores se dirige ahora al Índice de Precios Industriales (PPI) de España, cuya publicación está prevista para las próximas horas. Se trata de un indicador especialmente sensible en un país donde la energía y los bienes intermedios tienen un peso significativo en los costes de producción.

En los últimos meses, el PPI español ha experimentado oscilaciones intensas, con caídas interanuales cercanas al -5% tras el desinfle del choque energético, y repuntes puntuales ligados a materias primas e insumos importados. Una lectura hoy claramente negativa reforzaría la idea de que las presiones inflacionistas en la parte alta de la cadena se moderan, lo que aliviaría a las empresas exportadoras pero también podría anticipar cierta debilidad de la demanda.

La consecuencia para el mercado es doble. Por un lado, PPI más contenido significa margen para que los márgenes empresariales se estabilicen en sectores intensivos en energía. Por otro, un frenazo excesivo podría ser leído como síntoma de enfriamiento industrial, algo especialmente delicado en regiones con fuerte peso manufacturero. El contraste con otros socios del euro servirá para medir si España mantiene su ventaja relativa de crecimiento o si empieza a converger hacia una Europa más lenta.

La inflación de la Eurozona, bajo la lupa del BCE

La otra gran cita del día es la publicación del dato de inflación de la Eurozona, que el mercado sigue casi como un oráculo monetario. Tras meses de moderación desde los picos superiores al 8%, el consenso espera tasas cercanas al 2,3%-2,5% interanual en la inflación general y un núcleo todavía algo por encima del 3%.

Para el Banco Central Europeo, cada décima importa. Una sorpresa a la baja reforzaría la narrativa de que el ciclo de subidas de tipos ha tocado techo y abriría definitivamente la puerta al debate sobre el calendario de recortes, quizá en un horizonte de 6 a 9 meses. Una lectura más alta de lo previsto, en cambio, obligaría a mantener un tono duro en la comunicación, aunque el margen real para seguir endureciendo ya es mucho más reducido.

Las Bolsas europeas reaccionan de forma casi mecánica a estas cifras. Inflación controlada implica tipos más bajos en el futuro, menor coste de financiación y mayores valoraciones para sectores endeudados como utilities, inmobiliario o infraestructuras. Un escenario de precios más pegajosos, por el contrario, beneficia a bancos y aseguradoras, que prolongarían el periodo de márgenes financieros elevados. El mercado llega a la cita en un equilibrio frágil, con volatilidad contenida pero muy sensible a sorpresas.

Índice Euro Stoxx 50

El pulso euro-dólar y la reacción de la libra

En el mercado de divisas, la sesión también ha arrancado con signo favorable para Europa. A las 7:59 horas CET, el euro subía un 0,25% frente al dólar, hasta los 1,18056 dólares, mientras que la libra esterlina ganaba un 0,22%, situándose en 1,35257 dólares un minuto después. No se trata de un movimiento explosivo, pero sí de un ajuste que refleja menor aversión al riesgo en el corto plazo.

Este fortalecimiento del euro y la libra tiene implicaciones directas. Para las empresas exportadoras, un tipo de cambio más fuerte puede restar competitividad, especialmente en segmentos donde el precio es determinante. Sin embargo, abarata las importaciones de energía y materias primas denominadas en dólares, un factor crucial en la factura energética europea.

Lo más significativo es que el mercado de divisas parece menos preocupado por los aranceles que por la divergencia de ciclos monetarios. «La incógnita ya no es solo qué hará Trump con los aranceles, sino qué harán la Fed y el BCE con los tipos», apuntan en una gestora londinense. De momento, el movimiento sugiere que los inversores perciben a Europa algo menos vulnerable de lo que descontaban semanas atrás.

Rotaciones sectoriales y los ganadores de la sesión

Bajo la superficie de los índices, la apertura deja entrever rotaciones sectoriales suaves pero significativas. Los sectores más cíclicos —automóvil, industriales, recursos básicos— avanzan con cierta prudencia, apoyados en la idea de que los aranceles se implementarán de forma gradual y negociada. El miedo no es tanto al impacto inmediato como a un deterioro de las cadenas de suministro si el conflicto se intensifica.

En sentido contrario, algunos perfiles defensivos como consumo básico o utilities ceden algo de terreno tras haber actuado de refugio en las jornadas de mayor tensión. Sin embargo, la corrección es limitada: no hay señales claras de ventas forzadas ni de cambio radical de narrativa.

El comportamiento de la banca es mixto, atrapada entre dos fuerzas opuestas. Por un lado, la expectativa de tipos altos durante algo más de tiempo sostiene los márgenes. Por otro, un rebrote de incertidumbre global siempre introduce el riesgo de deterioro en la calidad de los activos. La fotografía que se dibuja es la de un mercado que no compra un escenario de crisis, pero tampoco se atreve a descontar un ciclo expansivo robusto.