Los nuevos datos de PIB, inflación y empleo en Alemania y la Eurozona enfrían el apetito por el riesgo

El Euro Stoxx se impone en una apertura mixta en Europa

El Euro Stoxx se impone en una apertura mixta en Europa

Las principales bolsas europeas han arrancado el viernes sin una dirección clara, atrapadas entre una nueva batería de datos macroeconómicos y unos resultados corporativos dispares. El DAX alemán y el CAC 40 francés abrían prácticamente planos, mientras que el FTSE 100 londinense cedía en torno al 0,26%. La excepción era el Euro Stoxx 50, que lograba avanzar un 0,16% y se colocaba como el índice de referencia que mejor digería el nuevo flujo de información. El tirón del selectivo europeo venía de la mano de Adidas, que se disparaba más de un 4% en los primeros compases de la sesión, frente al desplome de Fresnillo PLC, que lastraba al mercado británico con caídas superiores al 5%. La jornada está marcada por la publicación de las cifras de PIB de Alemania y de la Eurozona, además de los últimos datos de inflación y empleo germanos, en un contexto en el que los bancos centrales insisten en que sus decisiones futuras serán “dependientes de los datos”. 

Datos que enfrían el ímpetu alcista

La aparente calma de las pantallas es engañosa. La sesión arranca con un cúmulo de referencias que obligan a los inversores a recalibrar sus expectativas. Alemania y la Eurozona publican hoy sus datos de producto interior bruto, con el consenso apuntando a un avance muy moderado, en torno al 0,1%-0,2% trimestral, y a una tasa interanual casi estancada. Cualquier sorpresa a la baja reavivaría el fantasma de la recesión técnica en el núcleo industrial del continente.

A ello se suman los datos de inflación y empleo en Alemania, clave para medir hasta qué punto la mayor economía europea ha conseguido domesticar las presiones de precios sin dañar en exceso su mercado laboral. Muchos analistas trabajan con un escenario de inflación subyacente aún por encima del 2,5% y de un desempleo que empieza a repuntar lentamente desde mínimos históricos.

Lo relevante es la lectura que hará de todo ello el Banco Central Europeo. Si el PIB confirma debilidad, pero la inflación se resiste a bajar del objetivo del 2%, el BCE se verá atrapado entre la necesidad de aliviar a una economía frágil y el riesgo de relajar demasiado pronto. El mensaje para el inversor es claro: menos complacencia y más sensibilidad a cada dato que se publica.

Un DAX inmóvil ante el examen del PIB alemán

Que el DAX abra plano no significa ausencia de tensión, sino todo lo contrario. El índice que agrupa a las grandes compañías alemanas actúa hoy como barómetro del pulso entre macro y beneficios empresariales. Las compañías industriales y exportadoras siguen penalizadas por un entorno de crecimiento global moderado, costes energéticos elevados y una demanda china que no termina de despegar.

Índice DAX

En este contexto, resulta significativo que el selectivo no consiga sacar partido, al menos en la apertura, de las buenas noticias puntuales que llegan desde algunas empresas. Los gestores prefieren no adelantarse hasta conocer el detalle del PIB y de los componentes de la inflación, especialmente servicios y salarios. Una décima arriba o abajo en los costes laborales unitarios puede cambiar la narrativa de inversión en todo el mercado alemán.

El contraste con Estados Unidos resulta incómodo. Mientras la economía norteamericana mantiene ritmos de crecimiento cercanos o superiores al 2% anualizado, Alemania trata de evitar el estancamiento prolongado. Este diferencial de dinamismo económico explica en parte la debilidad estructural del euro frente al dólar y contribuye a que el DAX se haya quedado rezagado frente a Wall Street en los últimos trimestres.

El Euro Stoxx 50 gana peso como referencia europea

En medio de esta apertura mixta, el Euro Stoxx 50 emerge como el índice que mejor refleja el equilibrio entre cautela macroeconómica y apoyo selectivo a determinados valores. Su avance del 0,16% en la apertura, frente a la planitud del DAX y del CAC, revela un movimiento claro: los inversores buscan exposición a Europa, pero a través de grandes compañías diversificadas y con negocio global.

La presencia de sectores como consumo de marca, tecnología, salud y financiero otorga al Euro Stoxx 50 una combinación de beta cíclica moderada y defensiva que resulta atractiva en un contexto de tipos altos y crecimiento débil. El tirón de valores concretos permite al índice desmarcarse, aunque sea ligeramente, del tono más gris de los selectivos nacionales.

Este hecho revela una tendencia de fondo: la referencia para medir el apetito por el riesgo en Europa ya no es solo el DAX, sino un conjunto de índices más diversificados en sectores y geografías. Para muchos gestores globales, la decisión no es tanto “entrar o no en Europa”, sino en qué vehículos de renta variable europea concentrar el riesgo, y el Euro Stoxx 50 se está consolidando como uno de los preferidos.

Leyenda

La City acusa el golpe: Fresnillo arrastra al FTSE 100

Si hay un índice que sí mostraba un sesgo claro a la baja en la apertura, ese era el FTSE 100, que perdía un 0,26% en los primeros minutos de negociación. El principal culpable era Fresnillo PLC, que se dejaba más de un 5%, convirtiéndose en el peor valor del selectivo londinense.

La caída del grupo minero refleja una combinación delicada: precios de los metales volátiles, costes de producción al alza y dudas sobre la demanda global, especialmente desde Asia. En un entorno en el que los bancos centrales aún no dan por concluida la lucha contra la inflación, los metales preciosos e industriales se mueven al compás de cada dato de crecimiento y de cada pista sobre futuras bajadas de tipos.

Lo más grave para el FTSE es que Fresnillo no es un caso aislado, sino un síntoma de la vulnerabilidad de los sectores cíclicos de la bolsa británica. Las empresas ligadas a materias primas, energía y consumo discrecional se enfrentan a un triple frente: tipos de interés elevados, consumo más frágil y un entorno regulatorio más exigente tras el Brexit. La consecuencia es clara: la City sigue sin recuperar el brillo de otras épocas y su capacidad de atraer flujos globales se resiente cada vez que aumenta la percepción de riesgo en Europa.

Adidas tira del Euro Stoxx: el efecto consumo

En el lado opuesto del tablero, el Euro Stoxx 50 lograba mantenerse en positivo gracias al fuerte repunte de Adidas, que se disparaba más de un 4,3% tras la apertura. El mercado aplaude cualquier mejora en las previsiones de ventas o márgenes de la compañía, vista como termómetro del consumo europeo y de la demanda global de marcas ‘premium’.

El comportamiento de Adidas ilustra el giro que muchos gestores llevan meses defendiendo: rotación hacia compañías de calidad con capacidad de fijar precios, incluso en entornos de crecimiento débil. Si el consumidor europeo resiste mejor de lo previsto, las grandes marcas con fuerte presencia internacional pueden convertirse en ganadoras relativas frente a sectores más expuestos al ciclo industrial puro.

Este patrón refuerza la fragmentación interna del mercado europeo: valores con historias de crecimiento defensivo conviven con compañías atrapadas en sectores estructuralmente presionados. Mientras algunas empresas logran expandir sus márgenes con un PIB cercano a cero, otras ven cómo sus beneficios dependen en exceso de las materias primas o del coste de la financiación. El diagnóstico es inequívoco: la selección de valores pesa hoy más que la simple apuesta por un índice.

Divisas en retirada: euro y libra pierden fuelle

En el mercado de divisas, la apertura europea también dejaba un mensaje claro. El euro caía un 0,22% hasta los 1,1938 dólares, mientras que la libra esterlina retrocedía un 0,26% hasta los 1,3770 dólares. El movimiento confirma una tendencia de fondo: el dólar sigue actuando como refugio cada vez que la macro europea genera más dudas que certezas.

El contraste con la economía estadounidense, donde el crecimiento se mantiene más sólido y la inflación se ha moderado sin hundir el empleo, refuerza la percepción de que la Reserva Federal dispone de más margen para modular las futuras bajadas de tipos. En cambio, el BCE y el Banco de Inglaterra se enfrentan al dilema de aflojar demasiado pronto y reavivar la inflación o mantener tipos altos y agravar la debilidad del crecimiento.

Para las empresas europeas, una moneda más débil tiene un doble filo. Por un lado, abarata sus exportaciones y mejora la competitividad de los ingresos generados fuera de la zona euro cuando se convierten a la moneda única. Por otro, encarece las importaciones energéticas y de materias primas, lo que puede volver a presionar los márgenes. La gestión del riesgo de tipo de cambio vuelve a situarse en el centro de las decisiones de tesorería de las grandes compañías.

Qué miran ahora los bancos centrales

La sesión de hoy encaja en un patrón que se repetirá en los próximos meses: mercados pendientes al minuto de cada dato de PIB, inflación, salarios o empleo para anticipar el próximo movimiento de los bancos centrales. El BCE ha reiterado que su hoja de ruta será “dependiente de los datos”, lo que, en la práctica, significa que el margen para sorpresas ha aumentado.

Con un crecimiento europeo renqueante y una inflación que todavía no se asienta de forma cómoda por debajo del 2%, el banco central se resiste a comprometerse con un calendario claro de recortes de tipos. Cada desviación en el IPC subyacente o en los indicadores adelantados de actividad (PMI, confianza empresarial) puede inclinar la balanza hacia un tono más dovish o más hawkish.

En paralelo, el Banco de Inglaterra mantiene una posición prudente, consciente de que el Reino Unido combina una inflación históricamente más alta que la de la Eurozona con un tejido productivo más sensible a los costes financieros. La consecuencia inmediata es una normalización de la volatilidad: los índices se mueven menos en tendencia y más en rangos laterales, pero las reacciones a los datos puntuales son cada vez más abruptas.