La Eurocámara avala el acuerdo comercial con EEUU por 440 votos

Eurocámara

El Parlamento Europeo aprueba el acuerdo comercial con Washington, elimina aranceles industriales y se reserva una suspensión si Trump mantiene presión sobre el acero.

440 votos a favor, 151 en contra y 50 abstenciones han bastado para que el Parlamento Europeo aprobara este martes el acuerdo comercial entre la Unión Europea y Estados Unidos. La norma elimina los aranceles sobre bienes industriales estadounidenses y abre acceso preferente a productos agrícolas y pesqueros de EEUU. Sin embargo, el pacto nace con una advertencia: Bruselas podrá suspender ventajas si Washington mantiene aranceles superiores al 15% sobre acero y aluminio europeos. El diagnóstico es inequívoco: Europa cede mercado para evitar una guerra comercial mayor.

Un pacto con factura política

El acuerdo llega después de meses de tensión entre Bruselas y Washington. Formalmente, la Unión Europea presenta la medida como un intento de devolver estabilidad al comercio transatlántico, que supera los 1,6 billones de euros anuales en bienes y servicios. La Comisión sostiene que el pacto protege inversiones y empleo al garantizar acceso al mercado estadounidense.

Sin embargo, lo más grave es el desequilibrio de partida. Mientras Europa elimina gravámenes sobre productos industriales estadounidenses, EEUU conserva margen para aplicar aranceles superiores sobre determinadas exportaciones europeas. El contraste revela una negociación defensiva: Bruselas no busca ganar terreno, sino contener daños.

Arancel cero para la industria estadounidense

La legislación elimina los derechos de aduana pendientes sobre importaciones industriales de EEUU. Según el propio calendario legislativo europeo, la propuesta afectaba a aproximadamente el 34% de las importaciones industriales estadounidenses que todavía no gozaban de arancel cero en 2024.

Este hecho revela una concesión relevante para fabricantes norteamericanos, especialmente en sectores con cadenas de suministro integradas. Para la industria europea, la consecuencia es clara: más competencia en el mercado interior en un momento de costes energéticos elevados, presión regulatoria y debilidad manufacturera en Alemania, Francia e Italia.

Agricultura y pesca bajo presión

El pacto también concede acceso preferente a una amplia gama de productos pesqueros y agroalimentarios estadounidenses. La categoría no es menor. En Europa, cualquier apertura agrícola genera tensión inmediata porque afecta a explotaciones sometidas a normas ambientales, sanitarias y laborales más estrictas.

La prórroga para la langosta estadounidense hasta 31 de julio de 2030 simboliza esa lógica: pequeñas partidas comerciales, pero alto valor político. Bruselas compra distensión con concesiones sectoriales. Washington obtiene una victoria visible para productores concretos. El campo europeo, de nuevo, queda expuesto al argumento de la competitividad desigual.

La cláusula de caducidad

La norma incluye una cláusula de expiración: las preferencias arancelarias terminarán el 31 de diciembre de 2029, salvo renovación. Además, la Comisión Europea deberá revisar el impacto económico antes del 30 de junio de 2029, con especial atención a industria, agricultura y pymes.

No es un detalle técnico. Es una válvula política. Europa admite que el acuerdo puede generar daños internos y se reserva una revisión antes de consolidarlo. El problema es que cuatro años bastan para alterar flujos comerciales, desplazar proveedores y debilitar sectores que ya operan con márgenes mínimos.

Acero y aluminio, el punto crítico

El verdadero núcleo del acuerdo está en el acero y el aluminio. El Parlamento ha dado poder a la Comisión para suspender preferencias si EEUU mantiene, después de 2026, aranceles superiores al 15% sobre derivados europeos de esos metales.

La señal es contundente. Bruselas acepta abrir mercado, pero intenta blindarse ante nuevas ofensivas proteccionistas. En agosto de 2025, EEUU amplió a 407 categorías la lista de derivados de acero y aluminio sujetos a tarifas, un movimiento que aumentó la inestabilidad comercial y forzó al Parlamento a endurecer las salvaguardas.

Europa compra tiempo

El acuerdo no resuelve la tensión comercial; la aplaza. La UE evita una escalada que podría golpear automóviles, maquinaria, alimentación y productos industriales, pero lo hace aceptando una asimetría evidente. EEUU mantiene instrumentos de presión. Europa activa mecanismos de suspensión que solo funcionarán si la Comisión decide utilizarlos con rapidez.

La lectura económica es incómoda: el mayor bloque comercial del mundo vuelve a actuar como potencia regulatoria, pero no como potencia negociadora. La aprobación por 440 votos ofrece legitimidad política; las salvaguardas muestran miedo a una nueva ruptura. Esa contradicción marcará la aplicación real del pacto.