El Eurogrupo entrega la vicepresidencia del BCE a Boris Vujcic
La Eurozona ya tiene nombre para su próximo número dos monetario. El Eurogrupo acordó este lunes proponer al croata Boris Vujcic, gobernador del Banco Nacional de Croacia, como nuevo vicepresidente del Banco Central Europeo (BCE). El economista, de 61 años, es un perfil técnico con más de dos décadas en banca central y una etiqueta clara: “halcón moderado”, partidario de una retirada muy gradual de los estímulos. Si el nombramiento supera los trámites formales en el Parlamento Europeo y el Consejo, Vujcic tomará posesión el 1 de junio de 2026, cuando finaliza el mandato del español Luis de Guindos.
Un nombramiento histórico para el Este europeo
La elección de Boris Vujcic rompe una inercia de casi tres décadas. Hasta ahora, ningún país del Este europeo había logrado colocar a uno de los suyos en el comité ejecutivo del BCE, pese a que estas economías ya representan un tercio de los miembros del euro. La vicepresidencia, considerada un puesto de “continuidad”, se ha utilizado tradicionalmente para equilibrar cuotas geográficas y políticas entre norte y sur, pero siempre dentro del círculo de las grandes capitales.
Con Vujcic, el mensaje es doble. Por un lado, se premia a Croacia, el socio más joven del euro, que apenas entró en la moneda única en 2023 y que ha seguido al pie de la letra el manual de convergencia. Por otro, se ofrece un gesto a los socios de menor tamaño, que hace años reclaman un reparto de poder más proporcional.
El diagnóstico es inequívoco: Bruselas y el Eurogrupo compran un perfil de ortodoxia monetaria, pero envuelto en una narrativa de inclusión. La consecuencia es clara: las próximas negociaciones para cubrir las vacantes de 2027 se desarrollarán en un tablero donde el Este ya ha estrenado silla. Ello obliga a Alemania, Francia, Italia y España a recalcular alianzas y vetos cruzados en la gran partida de sillas del BCE.
Quién es Boris Vujcic
Nacido en Zagreb en 1964, formado en la Universidad de Zagreb y con experiencia académica en Estados Unidos como becario Fulbright, Vujcic es un tecnócrata puro. Entró en el Banco Nacional de Croacia en los años noventa, dirigió su departamento de investigación y fue vicegobernador antes de convertirse en gobernador en 2012.
Desde entonces, ha encadenado mandatos: en 2024 fue confirmado para un tercer periodo consecutivo, un respaldo político inusual en un país donde las mayorías han cambiado varias veces. Su trayectoria combina el lenguaje de los modelos macro con un discurso político muy medido, sin estridencias, pero con una línea roja clara: no comprometer la estabilidad de precios ni la credibilidad del banco central.
En los foros internacionales, Vujcic ha defendido que las economías pequeñas de la periferia necesitan “más disciplina, no menos” para ganar la confianza de los mercados. Entre bastidores se le considera un negociador paciente, capaz de sostener posiciones firmes sin buscar el foco mediático.
Las controversias no le han sido ajenas: soportó fuertes presiones durante la crisis de las hipotecas en francos suizos y fue investigado por posible conflicto de interés en un foro financiero patrocinado por la gran banca. Pero siempre salió indemne, un detalle que en Frankfurt se interpreta como prueba de resistencia política.
Del kuna al euro: el examen superado en 2023
El gran proyecto de Vujcic ha sido pilotar la transición de Croacia hacia el euro. Durante años, el Banco Nacional de Croacia mantuvo una política de tipo de cambio casi fijo del kuna frente a la moneda única, precisamente para facilitar la futura adhesión.
Ese camino culminó el 1 de enero de 2023, cuando el país entró en el Mecanismo de Tipos de Cambio y adoptó el euro sin episodios graves de inflación descontrolada ni tensiones bancarias. En Bruselas se considera que la operación fue un “caso de manual”: coordinación estrecha con el BCE, limpieza previa de balances bancarios y campañas intensivas para evitar subidas de precios oportunistas en comercios y servicios.
El contraste con episodios pasados en otros países, donde la percepción ciudadana fue la de una “inflación del cambio de moneda” superior al 5% en determinados sectores, resulta demoledor. Vujcic dedicó recursos a monitorizar semanalmente cestas de precios sensibles y a publicar datos comparables antes y después de la conversión, un ejercicio de pedagogía estadística poco habitual en la región.
Este hecho revela por qué en el Eurogrupo se le percibe como un perfil de ejecución más que de discurso: menos declaraciones, más cuadros de Excel. Precisamente ese tipo de currículum técnico ha pesado en un momento en el que el BCE necesita gestionar una lenta normalización de la política monetaria sin sobresaltos.
Un halcón moderado en tiempos de desinflación incierta
En el debate interno del BCE, Vujcic ha sido etiquetado como “halcón moderado”. No se ha alineado con los partidarios de un endurecimiento extremo, pero sí ha defendido reiteradamente que los tipos deben bajar más despacio de lo que desean los gobiernos más endeudados, para evitar que la inflación repunte a medio plazo.
Hoy, con el tipo de depósito en el 2% y la inflación de la zona euro moviéndose también en torno al objetivo del 2%, la política monetaria se aproxima a una zona neutral: ni frena ni estimula de forma agresiva. El riesgo, según admiten fuentes del propio BCE, es doble. Si se baja demasiado deprisa, puede reactivarse la espiral de precios en servicios y salarios. Si se mantiene el nivel actual durante demasiado tiempo, se estrangula la inversión en países con crecimiento por debajo del 1,5%.
En este contexto, la llegada de un vicepresidente con reputación de prudente, pero no dogmático, se interpreta como una señal de continuidad. No habrá giros bruscos. Más bien ajustes finos, reunión a reunión, con un ojo puesto en los indicadores de crédito y otro en la fragmentación financiera entre el norte y el sur.
“El nivel actual de tipos ofrece un punto de partida razonable para los próximos años, siempre que la desinflación se consolide”, vienen repitiendo varios miembros del consejo de gobierno en sus últimas intervenciones, en una línea que encaja con la filosofía de Vujcic.
El relevo de De Guindos y lo que se juega España
Para España, la salida de Luis de Guindos de la vicepresidencia del BCE supone la pérdida de una silla de alto perfil en la arquitectura del euro. El exministro de Economía llegó al cargo en 2018 con un claro apoyo político del Gobierno de Mariano Rajoy y revalidado después por Pedro Sánchez, y durante ocho años ha sido una de las voces más visibles en la comunicación del banco central.
La sustitución por un perfil croata deja a España sin presencia en el comité ejecutivo por primera vez desde la creación del euro. El efecto es más político que técnico: el Banco de España seguirá ocupando su asiento en el Consejo de Gobierno, pero se desvanece la capacidad de influir en nombramientos internos, carteras estratégicas o en el diseño de nuevas herramientas, como los programas de compra de deuda o las operaciones de liquidez a largo plazo.
El contraste con otras grandes economías resulta evidente. Francia mantiene a la presidenta, Christine Lagarde, al menos hasta octubre de 2027; Alemania conserva posiciones clave en áreas de mercado y supervisión; Italia aspira a colocar un candidato fuerte en la próxima renovación. España, en cambio, entra en un periodo de transición en el que tendrá que decidir a qué alianzas se suma si quiere recuperar un puesto en la cúpula del BCE.
Equilibrios de poder y brecha de género en el BCE
Más allá de la geografía, el nombramiento de Vujcic vuelve a poner sobre la mesa un problema recurrente en la institución: la brecha de género. El comité ejecutivo del BCE ha tenido históricamente una presencia muy limitada de mujeres, y el Parlamento Europeo ya ha advertido de que el equilibrio actual está lejos de los estándares que se exigen a otras instituciones comunitarias.
En la práctica, el Eurogrupo ha priorizado otros criterios: experiencia en banca central, capacidad de construir consensos y, sobre todo, un reparto territorial que minimice vetos cruzados. En esta ocasión, la balanza se ha inclinado hacia el Este, pero sin alterar el predominio masculino.
“Es un éxito institucional y una señal de madurez en un contexto de candidatos excelentes”, subrayó el presidente del Eurogrupo, en alusión a la terna final que incluía nombres como el finlandés Olli Rehn o el portugués Mario Centeno. La frase resume bien el enfoque de los ministros: celebran la diversidad geográfica, pero aparcan el debate sobre diversidad de género para más adelante.
El resultado es un órgano de decisión donde la política monetaria se decide aún entre una aplastante mayoría de hombres, algo difícil de explicar a una opinión pública que ha visto cómo el BCE se ha convertido en árbitro de la vida económica cotidiana desde la crisis financiera de 2008.
Los retos inmediatos: tipos, deuda y sector bancario
Vujcic llega a la vicepresidencia en un momento en el que el BCE debe gestionar dos tensiones simultáneas. Por un lado, la presión para bajar tipos por parte de gobiernos con deudas públicas por encima del 110% del PIB, como Italia o España. Por otro, la necesidad de evitar una relajación prematura que obligue a un nuevo ciclo de subidas más adelante.
Con el tipo de depósito en el 2% y el de refinanciación en torno al 2,15%, el margen de maniobra es estrecho. Cada décima de punto tiene impacto en el coste de financiación de los Estados, en la rentabilidad del sector bancario y en la capacidad de las empresas para refinanciar deuda emitida en los años de dinero ultrabarato.
El papel del vicepresidente es clave en este terreno. Tradicionalmente asume una parte sustancial de la interlocución con los mercados, coordina los trabajos técnicos del comité ejecutivo y actúa como puente entre las capitales y el equipo de economistas del BCE. En esa función, la experiencia de Vujcic gestionando una economía pequeña, muy abierta y con alta dolarización de facto —a través del euro— resulta especialmente valiosa.
El riesgo, sin embargo, es que un enfoque excesivamente prudente frene la convergencia financiera dentro de la Eurozona: si las primas de riesgo vuelven a abrirse por encima de los 150 puntos básicos en el sur, el BCE se verá obligado a reactivar o rediseñar mecanismos antifragmentación.