Las bolsas intentan estabilizarse tras dos jornadas negras por la guerra en Oriente Medio, con el Ibex bajo presión y la energía de nuevo en el centro del huracán

Europa abre dividida: tensión en Oriente Medio y pánico en el Ibex

Europa abre dividida: tensión en Oriente Medio y pánico en el Ibex

Las principales bolsas europeas han amanecido este miércoles con un tono mixto y frágil. A las 8.00 horas CET, el FTSE 100 cedía un 0,13%, el Euro Stoxx 50 se mantenía plano, el DAX alemán rebotaba un 1,33% y el CAC 40 francés ganaba un 0,48%, en un intento de rebote tras las fuertes ventas de la víspera. La sesión llega marcada por la misma sombra que ya hundió a los índices el martes: la escalada del conflicto en Oriente Medio y el miedo a un nuevo shock energético.

La tensión en la región, precipitada por los ataques de Estados Unidos e Israel sobre infraestructuras iraníes y las interrupciones en el estrecho de Ormuz, ha disparado los precios del crudo y del gas y ha provocado el peor día en casi un año para la bolsa británica, con una caída del 2,8% del FTSE 100. El castigo se ha extendido con especial dureza a España: el Ibex 35 se desplomó un 4,53% el martes y acumula ya casi un 7% de caída en apenas dos sesiones, con más de 80.000 millones de euros evaporados en capitalización.

En este contexto, los inversores afrontan además un calendario macroeconómico cargado: inflación de febrero en Suiza, datos de PMI de Reino Unido, Alemania y la eurozona, precios industriales (PPI) del área del euro y cifras de PIB de Italia, referencias que pueden reordenar, o reforzar, los temores a un escenario de menor crecimiento con inflación reavivada. La consecuencia es clara: Europa se juega en las próximas horas algo más que un simple rebote técnico.

El tono de la apertura contrasta con el desplome registrado el martes. La bolsa británica sufrió su peor sesión en 11 meses, con un retroceso del 2,8% en el FTSE 100, golpeado por el repunte de los costes energéticos y el temor a un escenario de “estanflación” —bajo crecimiento y precios al alza— si la crisis se prolonga. El resto de plazas europeas acompañaron con caídas de entre el 3% y el 4%, arrastradas por la banca, las aerolíneas y las compañías más cíclicas.

Índice DAX

El rebote de esta mañana parece más un intento de descarga técnica que el inicio de un cambio de tendencia. El DAX y el CAC 40 recuperan parte del terreno perdido; sin embargo, la fotografía de fondo apenas ha variado: la volatilidad implícita en los índices europeos se ha disparado a máximos de los últimos meses, y la profundidad del libro de órdenes en muchos valores se ha reducido de forma notable, señal de que la liquidez es más escasa. La advertencia de los supervisores europeos sobre una confianza de mercado “frágil” frente a shocks geopolíticos encuentra hoy una demostración práctica.

Índice CAC 40

Lo más grave para el inversor a medio plazo es que este episodio llega cuando las bolsas europeas cotizaban valoraciones exigentes tras el rally de finales de 2025. El pricing de recortes de tipos rápidos y de una desinflación cómoda deja ahora más margen para correcciones adicionales si el conflicto en Oriente Medio no se contiene.

Oriente Medio reaviva el miedo a un nuevo shock energético

El origen del temblor está a miles de kilómetros, pero su impacto es inmediato en las pantallas europeas. Los ataques sobre infraestructuras energéticas en Irán y las restricciones al tráfico de gas natural licuado por el estrecho de Ormuz, clave para el suministro global, han elevado las alarmas de los analistas. En apenas unos días, los precios del gas en Europa han llegado a dispararse en torno a un 70%, mientras el Brent ha saltado desde la zona de 70 a más de 84 dólares por barril, encadenando una subida de doble dígito.

La dependencia europea de la energía importada vuelve a quedar al desnudo. Aunque el peso del gas procedente de Qatar en el mix europeo es limitado, la disrupción de su producción ha tensado el mercado global y encarecido el resto de referencias. Varios cálculos apuntan a que, si estos precios se consolidan, podrían añadir alrededor de 0,5 puntos adicionales a la inflación de la eurozona en los próximos trimestres, justo cuando el episodio inflacionista de 2022 parecía finalmente encarrilado.

El diagnóstico es inequívoco: cada punto porcentual de subida en los precios energéticos erosiona márgenes empresariales, reduce la renta disponible de los hogares y complica la hoja de ruta de los bancos centrales. La consecuencia directa es una revisión a la baja de las expectativas de recortes de tipos, reforzando el mensaje de que el dinero seguirá siendo más caro durante más tiempo.

El foco se desplaza hacia España: bonos, banca y riesgo país

España ha pasado en cuestión de horas de ser uno de los mercados favoritos de las casas internacionales —por su sesgo bancario y turístico— a convertirse en uno de los más castigados. El Ibex 35 se ha dejado cerca de un 7% en dos sesiones, borrando las ganancias acumuladas en el año y evaporando más de 80.800 millones de capitalización, según cálculos de mercado. Solo la banca habría perdido en torno a 33.000 millones, mientras valores como Inditex, Aena, IAG o Amadeus concentran otro bloque relevante de las ventas.

En la renta fija, el movimiento es más contenido, pero significativo: el bono español a diez años ronda el 3,1%, con ligeros repuntes en las últimas jornadas, en línea con el resto de deuda periférica. La prima de riesgo frente al bund alemán se mantiene relativamente anclada, pero los gestores empiezan a vigilarla muy de cerca, conscientes de lo rápido que puede ampliarse si se combinan tres ingredientes: energía cara, dudas sobre el crecimiento y ruido político.

“España no está ni de lejos en la situación de 2012, pero su exposición a sectores cíclicos y a la demanda interna la hace especialmente sensible a shocks de confianza”, resume un gestor de renta variable europea. El contraste con otros índices más defensivos —con mayor peso de tecnología o salud— resulta demoledor: cuando el mercado entra en modo aversión al riesgo, los flujos salen primero de los activos percibidos como más volátiles.

Un calendario macro cargado que puede cambiar el guion del día

Mientras el mercado digiere el shock geopolítico, la agenda de datos de este miércoles amenaza con añadir nuevas capas de complejidad. A primera hora se publica la inflación de febrero en Suiza, referencia clave para un banco central que ya opera en tipos muy bajos y que puede adelantarse, o no, a la Reserva Federal y al BCE. Más tarde llegarán los PMI de servicios y compuestos de Reino Unido, Alemania y la eurozona, termómetro adelantado de la actividad que, si se mantiene por debajo de la barrera de 50 puntos, confirmaría un entorno de crecimiento débil.

La tanda se completa con los precios de producción (PPI) de la zona euro y con el PIB de Italia, país especialmente sensible a los movimientos de la deuda y al coste de financiación. Un PPI aún en negativo aliviaría parcialmente los temores inflacionistas, pero cualquier sorpresa al alza —sobre todo tras el repunte del crudo— reforzaría la idea de que el trabajo de los bancos centrales está lejos de haber terminado.

Para los inversores, el dilema es claro: si los datos sorprenden por el lado de la debilidad, el mercado volverá a hablar de recesión; si lo hacen por el lado de la fortaleza, la narrativa será la de tipos altos durante más tiempo. En ambos casos, el margen para un rally sostenido en bolsa parece hoy limitado.

El euro y la libra, en modo espera ante el dólar

En el mercado de divisas, el euro se mantenía prácticamente plano frente al dólar a las 7.59 horas CET, en torno a 1,1610, mientras que la libra esterlina cedía alrededor de un 0,21%, hasta la zona de 1,3333 dólares. Estos movimientos reflejan una pauta clásica de episodios de aversión al riesgo: ligera apreciación del billete verde como refugio y monedas europeas intentando conservar el tipo ante un shock que les afecta de forma directa.

La ausencia de un movimiento brusco en el euro sugiere que el mercado todavía interpreta la crisis como un shock más energético que financiero, al menos por ahora. Sin embargo, el sesgo está claro: cualquier escalada adicional en Oriente Medio, o una sorpresa inflacionista en los próximos datos, podría provocar una corrección más intensa de las divisas europeas.

“El dólar sigue siendo la cobertura barata para los gestores europeos: cuando la tensión sube, se compra dólar casi por inercia”, señalan en una mesa de divisas. A medio plazo, la clave estará en si el BCE mantiene su hoja de ruta de bajadas graduales de tipos o se ve obligado a frenar para no alimentar una nueva ola de inflación importada.

Lecciones de otras crisis: de la deuda de 2012 a la guerra de Ucrania

La situación actual recuerda, en parte, a episodios anteriores en los que Europa ha estado atrapada entre shocks externos y vulnerabilidades internas. En 2012, el foco se centró en la deuda soberana periférica y llevó la prima de riesgo española a superar los 600 puntos básicos. Una década después, la guerra de Ucrania disparó los precios del gas hasta niveles récord y obligó a los gobiernos a desplegar paquetes de ayudas superiores al 2% del PIB en algunos países para amortiguar la factura energética.

Ahora, el shock vuelve a ser energético, pero con un sistema financiero más capitalizado, un BCE que ya ha aprendido de crisis previas y unos mecanismos de liquidez mejor diseñados. Aun así, los supervisores europeos insisten en que la combinación de mercados muy complacientes y shocks geopolíticos inesperados puede desencadenar correcciones abruptas, especialmente en segmentos como la renta variable, el high yield o los criptoactivos.

El contraste con otras regiones resulta elocuente: mientras Estados Unidos se beneficia parcialmente de su posición como exportador de energía y de la condición del dólar como refugio, Europa absorbe casi en su totalidad el impacto de cualquier repunte del petróleo y del gas. La lección es conocida, pero sigue vigente: sin una diversificación real de su matriz energética, el Viejo Continente seguirá a merced de los vaivenes geopolíticos.