Europa abre en rojo a la espera del próximo golpe de la inflación
La renta variable europea ha arrancado la sesión de este viernes con el pie izquierdo. El DAX cae un 0,15%, el Euro Stoxx 50 cede un 0,11%, el CAC 40 retrocede un 0,16% y el FTSE 100 se deja un 0,24% nada más sonar la campana. Detrás del movimiento no hay un solo detonante, sino una combinación incómoda: nuevos datos de inflación en Alemania e Italia, una semana saturada de referencias macro —PIB, balanza comercial, producción industrial, confianza inversora— y un ruido político creciente en torno a Groenlandia, convertida en foco de tensión estratégica entre Estados Unidos y Europa.
Los índices giran a la baja tras una semana de vértigo
La apertura ha consolidado lo que ya se veía en los futuros desde primera hora: Europa llega cansada al final de una semana de datos. El DAX alemán pierde un 0,15% con valores cíclicos como Brenntag recortando cerca de un 0,8%, reflejo de la inquietud sobre el pulso real de la industria. El Euro Stoxx 50 cede en torno a un 0,1%, lastrado por pesos pesados como BASF, que retrocede también un 0,8%, mientras el CAC 40 francés ve caer a ArcelorMittal casi un 1%. En Londres, el FTSE 100 abre un 0,24% abajo, con Next desplomándose más de un 3% tras nuevas señales de debilidad del consumo minorista.
Lo relevante no es tanto el tamaño de las caídas —moderadas— como el mensaje que envían: cada nuevo dato macro se traduce en un ajuste fino de expectativas de tipos y beneficios. El mercado se mueve en rangos estrechos, pero con una sensibilidad extrema a cualquier sorpresa. “No es pánico, es cansancio: demasiada información y muy poca visibilidad”, resume un gestor europeo. La consecuencia es una preferencia creciente por liquidez y sectores defensivos, en detrimento de los valores más ligados al ciclo.
Alemania e Italia: la lupa sobre la inflación que marcará al BCE
El foco de la jornada está en los nuevos datos de precios en Alemania e Italia, las dos mayores economías de la eurozona después de Francia. Alemania llega a la cita con una inflación que se ha moderado hacia el entorno del 2%, tras meses moviéndose en una banda de entre el 2,3% y el 2,4% interanual, según las últimas cifras del índice de precios al consumo. Italia, por su parte, se ha convertido en uno de los ejemplos de desinflación rápida del bloque, con tasas cercanas al 1,1%-1,2% anual en los últimos meses de 2025.
A primera vista, son buenas noticias: el BCE está mucho más cerca de su objetivo del 2% que hace un año. Sin embargo, lo que preocupa hoy a los mercados es el detalle. Si el componente subyacente —servicios y salarios— se mantiene demasiado firme en Alemania, el mensaje será que la batalla contra la inflación aún no está ganada, pese al alivio en energía y bienes. Y si Italia confirma una inflación muy baja, aparecerá el otro fantasma: el de una eurozona partida en dos, con países donde el crecimiento se resiente más rápido que los precios. El diagnóstico que salga de estos datos condicionará los próximos movimientos del BCE y, por extensión, el precio de todos los activos europeos.
Una semana cargada de datos que ha tensionado al mercado
La apertura en rojo no puede entenderse sin revisar la semana. Sobre la mesa se han acumulado datos de PIB, balanza comercial, confianza inversora e industria en varias economías del euro. Alemania ha confirmado un crecimiento apenas por encima del 0% en 2025, tras dos años de contracción, lo que los economistas definen ya como “otra década perdida” para la locomotora europea. El mensaje de fondo es que la eurozona se está estabilizando, sí, pero en un nivel de crecimiento muy pobre.
La producción industrial sigue mostrando un patrón claro: debilidad en manufacturas tradicionales —automoción, maquinaria, química— y algo más de resiliencia en sectores ligados a transición energética y defensa. La balanza comercial, mientras, acusa tanto los nuevos aranceles estadounidenses como la menor demanda global. Cada uno de estos datos, por separado, podría pasar desapercibido; juntos dibujan una foto incómoda: crecemos poco, invertimos poco y dependemos demasiado del exterior para sostener la demanda.
Este hecho revela una tensión de fondo: Europa ha ganado algo de control sobre los precios, pero al coste de erosionar su potencial de crecimiento. El mercado lo entiende y penaliza especialmente a las compañías más expuestas al ciclo global, mientras premia a las que tienen ingresos regulados o visibilidad de contratos a largo plazo.
El BCE, atrapado entre tipos altos y un crecimiento exiguo
Con cada nuevo dato de inflación, la misma pregunta vuelve a las pantallas: ¿cuándo empezará el BCE a recortar tipos? Desde junio de 2025, la facilidad de depósito se mantiene en el 2%, tras varios trimestres de pausa. El banco central insiste en que la prioridad sigue siendo anclar las expectativas de inflación en el 2%, pero la realidad macro aprieta: el crecimiento es débil, la inversión privada está a la defensiva y el crédito se ha encarecido de forma notable para familias y empresas.
En las curvas de tipos, el mercado descuenta ya varios recortes a lo largo de 2026, aunque no se pone de acuerdo ni en el ritmo ni en la magnitud. Un dato de inflación alemana claramente por debajo del 2% reforzaría la idea de una primera rebaja antes del verano. Por el contrario, cualquier repunte de la subyacente podría retrasar ese calendario y obligar al BCE a mantener el actual nivel de restricción monetaria durante más tiempo del que la economía real puede soportar sin daños.
La consecuencia es clara: cada décima de inflación se traduce en un ajuste inmediato en las valoraciones bursátiles, especialmente en bancos, inmobiliarias y sectores endeudados. El contraste con la Fed, que se mueve en un ciclo propio, añade volatilidad a las divisas y complica la vida a los exportadores europeos.
Groenlandia irrumpe como riesgo político y de materias primas
El otro elemento que sobrevuela la sesión es menos evidente en las pantallas, pero igual de relevante a medio plazo: la tensión geopolítica en torno a Groenlandia. Los últimos días han visto cómo Estados Unidos endurece su retórica sobre la isla, mientras la UE y la OTAN refuerzan su presencia militar y diplomática en la zona. El trasfondo no es solo territorial, sino económico: Groenlandia alberga 25 de los 34 minerales considerados “materias primas críticas” por Bruselas, clave para baterías, tecnologías verdes y defensa.
La escalada ha llegado ya al terreno comercial. En el Parlamento Europeo se discute abiertamente la posibilidad de congelar o revisar el acuerdo comercial con Estados Unidos como respuesta a las amenazas sobre la soberanía de Groenlandia, lo que introduce un nuevo foco de incertidumbre para las empresas europeas exportadoras.
Para los mercados, el mensaje es doblemente inquietante. Por un lado, cualquier ruptura en la coordinación transatlántica encarecería aún más el comercio y la financiación. Por otro, si Groenlandia se convierte en un tablero de disputa por las materias primas críticas, la transición energética europea podría verse condicionada por decisiones geopolíticas ajenas a Bruselas. No es casual que en la apertura sufran especialmente las compañías industriales y de autos, muy dependientes de cadenas de suministro estables y de costes de materias primas previsible.
Divisas: el euro y la libra, en modo prudencia
En el mercado de divisas, el movimiento es más contenido pero igual de significativo. El euro se mantiene prácticamente plano frente al dólar, en el entorno de 1,16 dólares, mientras la libra avanza alrededor de un 0,1% hasta la zona de 1,34 dólares. La lectura es clara: los operadores prefieren no tomar posiciones agresivas antes de conocer los detalles de los datos de inflación y de las próximas señales del BCE.
El euro sigue atrapado entre dos fuerzas contrapuestas. Por un lado, unas expectativas de tipos todavía restrictivas sostienen la moneda. Por otro, el débil diferencial de crecimiento respecto a Estados Unidos y la incertidumbre política —desde Groenlandia hasta las negociaciones comerciales— actúan como freno. La libra, por su parte, se beneficia de la percepción de que el Banco de Inglaterra podría moverse algo antes en el ciclo de recortes, pero arrastra todavía el lastre de años de inversión débil y productividad estancada.
Para las empresas europeas, un euro en esta zona tiene un efecto ambiguo: ayuda a las exportaciones, pero encarece las importaciones de energía y materias primas, justo en un momento en el que la inflación solo ha comenzado a moderarse.
Qué vigilan ahora los gestores: salarios, márgenes y deuda
Más allá del ruido de la apertura, los gestores de fondos miran tres variables con especial atención. La primera son los salarios: si las negociaciones en Alemania y el norte de Europa se cierran con subidas superiores al 3%-3,5%, el riesgo de que la inflación de servicios se enquiste aumenta notablemente. La segunda son los márgenes empresariales. Tras dos años trasladando parte de la subida de costes a precios finales, muchas compañías comienzan a ver cómo el consumidor se resiste y el volumen se resiente.
La tercera es la deuda. Con tipos oficiales en el 2% y diferenciales de crédito todavía elevados, la refinanciación de emisiones corporativas por importe de cientos de miles de millones de euros en los próximos dos años se convierte en un examen silencioso para la solvencia de muchos emisores. Un entorno de inflación a la baja pero crecimiento anémico es, paradójicamente, uno de los escenarios más difíciles de gestionar: ni justifica más subidas de tipos ni permite relajarlos con rapidez.
En este contexto, gana peso la rotación hacia sectores defensivos —salud, utilities, alimentación— y hacia compañías con balances sólidos y baja intensidad de capital, frente a modelos muy apalancados o altamente cíclicos.