Las agencias de rating alertan sobre los límites del modelo económico chino

Fitch prevé una desaceleración del crecimiento de China al 4,1% en 2026

EPA-EFE/ROMAN PILIPEY

La agencia de calificación Fitch Ratings anticipa que la economía de China perderá impulso en los próximos años y crecerá apenas un 4,1% en 2026, frente al 5% estimado para 2025. Según la firma, la debilidad de la demanda interna, la falta de confianza de los consumidores y las presiones deflacionistas seguirán lastrando la actividad, mientras que el margen de maniobra fiscal del Gobierno será limitado y solo aportará un apoyo “modesto” al crecimiento.

En su último informe, Fitch subraya que la economía china se enfrenta a una desaceleración estructural tras décadas de expansión acelerada. Aunque el crecimiento previsto para 2026 sigue siendo elevado en comparación con las economías avanzadas, supone una señal clara de que el gigante asiático avanza hacia un nuevo patrón de crecimiento más lento y menos dependiente de la inversión masiva.

La agencia explica que el descenso desde el 5% previsto para 2025 responde, sobre todo, a la persistente debilidad del consumo doméstico, un factor clave en la estrategia oficial de Pekín para reequilibrar su modelo económico.

Consumo débil y confianza estancada

Uno de los principales riesgos señalados por Fitch es la falta de dinamismo de la demanda interna. Según la agencia, la confianza de los consumidores sigue siendo “lenta y frágil”, afectada por la incertidumbre económica, la evolución del mercado inmobiliario y la percepción de menor seguridad laboral.

A ello se suman presiones deflacionistas, que reducen los incentivos al gasto y refuerzan la tendencia al ahorro. Fitch advierte de que este entorno complica los esfuerzos del Gobierno para estimular el consumo y limita el impacto de las medidas de apoyo adoptadas hasta ahora.

Inversión bajo presión

La inversión también continúa enfrentándose a importantes obstáculos, especialmente en sectores tradicionales como el inmobiliario, que durante años fue uno de los principales motores del crecimiento chino. La corrección del mercado de la vivienda y el elevado endeudamiento de promotores y gobiernos locales siguen pesando sobre la actividad.

Fitch considera que estos “vientos en contra de la inversión” persistirán en el medio plazo, reduciendo la capacidad de la economía para acelerar de forma sostenida sin reformas más profundas.

Política fiscal: apoyo limitado e incierto

En el ámbito fiscal, la agencia prevé una postura “en gran medida neutral” por parte de las autoridades chinas. Aunque Pekín ha recurrido en los últimos años a estímulos selectivos, Fitch señala que el margen para un impulso fiscal agresivo es cada vez menor.

El informe estima que el déficit fiscal se reducirá hasta el 7,9% del PIB en 2026, desde el 8,4% en 2025, lo que refleja un enfoque más prudente del gasto público. Esta moderación fiscal, según Fitch, implica que el apoyo del Estado al crecimiento será modesto y posiblemente insuficiente para compensar la debilidad del sector privado.

El informe estima que el déficit fiscal chino se reducirá hasta el 7,9% del PIB en 2026

El papel clave de las exportaciones

Uno de los factores que aún sostiene la economía china es el buen comportamiento de las exportaciones. Fitch reconoce que la fortaleza del sector exterior ha contribuido de forma decisiva a elevar las previsiones de crecimiento, compensando parcialmente la atonía interna.

Sin embargo, la agencia advierte de que no está claro cuánto tiempo podrá mantenerse este impulso externo. Las tensiones comerciales, la desaceleración global y el aumento del proteccionismo en algunas economías avanzadas representan riesgos significativos para la demanda de productos chinos.

Dependencia del contexto internacional

El informe subraya que la creciente dependencia del crecimiento chino respecto a la demanda externa supone un factor de vulnerabilidad. Si las exportaciones pierden fuerza, la falta de un consumo interno sólido podría amplificar la desaceleración.

En este sentido, Fitch destaca que la evolución de la economía china estará cada vez más condicionada por el entorno global, incluyendo las relaciones comerciales con Estados Unidos y la Unión Europea, así como la estabilidad de las cadenas de suministro internacionales.

Retos estructurales a largo plazo

Más allá de las previsiones a corto y medio plazo, la agencia apunta a retos estructurales que seguirán pesando sobre el crecimiento chino: el envejecimiento de la población, la caída de la población activa y la necesidad de avanzar hacia un modelo basado en la productividad y la innovación.

Estos factores refuerzan la idea de que China difícilmente volverá a las tasas de crecimiento de dos dígitos del pasado, incluso con estímulos adicionales.

Un nuevo equilibrio para la economía china

En conjunto, Fitch dibuja el escenario de una economía que entra en una fase de madurez, con un crecimiento más bajo pero potencialmente más sostenible si se logran implementar reformas eficaces. No obstante, el informe deja claro que, sin una recuperación sólida del consumo y la inversión privada, el crecimiento seguirá perdiendo tracción.

Para los mercados y los inversores internacionales, estas previsiones refuerzan la percepción de que China ya no es únicamente un motor de crecimiento global, sino también una fuente de riesgos y ajustes para la economía mundial.