La renta variable europea ha arrancado la jornada de este jueves con un tono partido

El FTSE 100 sube un 2,4% en una apertura mixta en Europa

El FTSE 100 sube un 2,4% en una apertura mixta en Europa

El FTSE 100 de Londres avanza en torno a un 2,4% en la apertura, impulsado por valores financieros e industriales. Frente a ese buen tono británico, el DAX alemán y el CAC 40 francés se mantenían prácticamente planos, mientras que el EuroStoxx 50 subía alrededor de un 0,7% en los primeros minutos de negociación. El movimiento llega en plena digestión de una batería de datos: PIB mensual, producción industrial y balanza comercial del Reino Unido, cifras de precios al consumo en Francia y España y la inminente publicación del PIB anual de Alemania. 

El FTSE 100 tira del carro en una Europa partida

El arranque de sesión deja una imagen clara: Londres marca el paso mientras el resto de plazas europeas duda. El FTSE 100 avanzaba cerca de un 2,4%, una subida poco habitual para los primeros compases del día, apoyada en compañías ligadas al ciclo, entidades financieras y algunos valores ligados a materias primas. En un contexto de tipos de interés elevados pero estabilidad relativa en las expectativas de recortes, el índice británico se beneficia de su perfil más “value” frente a otros selectivos con mayor peso tecnológico o de crecimiento.

Índice UK 100

En contraste, el DAX y el CAC 40 abrían prácticamente planos, reflejando la cautela de los inversores ante el dato de PIB alemán que se conocerá a lo largo de la jornada. El EuroStoxx 50, barómetro de la zona euro, subía en torno a un 0,6%-0,7%, apoyado en grandes grupos industriales y de consumo. Este comportamiento divergente revela un patrón que se repite en los últimos meses: Reino Unido, pese a su debilidad estructural desde el Brexit, se mueve con más volatilidad intradía, mientras el núcleo de la eurozona se muestra más contenido.

Índice DAX
Índice CAC 40

 

Lo más relevante es que esta subida británica se produce a pesar de unos datos macro todavía frágiles, lo que indica que el mercado podría estar empezando a mirar más allá del bache de crecimiento y a descontar un contexto de tipos menos restrictivo en la segunda mitad del año. La consecuencia es clara: cualquier sorpresa negativa en los datos de hoy puede pinchar rápidamente este rebote.

Los datos de Reino Unido marcan la narrativa de la sesión

La atención macroeconómica se concentra en el Reino Unido. La publicación del PIB de noviembre, la producción industrial y la balanza comercial ofrece una radiografía casi inmediata de la economía británica en el tramo final del año. Aunque los detalles aún se analizan con lupa, el mensaje de fondo es el de una economía que evita el colapso, pero sigue atrapada en un crecimiento mínimo, con un consumo moderado y un sector industrial que no termina de levantar el vuelo.

En los últimos trimestres, la economía británica ha alternado meses de estancamiento con pequeños repuntes, lo que ha alimentado el debate sobre si el país atraviesa una recesión técnica suave o simplemente una fase prolongada de crecimiento anémico. Las cifras de producción industrial siguen reflejando la presión de unos costes financieros elevados y de un entorno comercial aún condicionado por el Brexit. Sin embargo, cualquier sorpresa positiva en las exportaciones o en la inversión empresarial se interpreta como una señal de resiliencia.

Este hecho revela la paradoja actual de Londres: un mercado bursátil capaz de subir con fuerza en un contexto macro muy débil. Para los gestores, el FTSE 100 se ha convertido en un campo de juego donde se cruzan apuestas tácticas a corto plazo y estrategias de largo plazo basadas en valoraciones atractivas y generosos dividendos. Cualquier revisión de las perspectivas del Banco de Inglaterra, a la luz de los datos conocidos hoy, puede cambiar rápidamente el guion de la sesión.

Inflación en Francia y España: señales cruzadas para el BCE

Al otro lado del Canal, la atención se centra en los datos de inflación de Francia y España, dos economías clave para tomar el pulso al conjunto de la zona euro. Los mercados siguen muy de cerca la trayectoria de los precios porque de ella depende el calendario de recortes de tipos del Banco Central Europeo. Aunque las cifras apuntan a un proceso de desinflación en marcha, la inflación subyacente sigue lejos del objetivo del 2% que el BCE considera compatible con la estabilidad de precios, lo que limita el margen para una relajación rápida de la política monetaria.

En España, el comportamiento de los precios energéticos y de los alimentos continúa siendo determinante, mientras que en Francia preocupa especialmente la evolución del componente servicios, más pegado al mercado laboral y a la negociación salarial. “La sensación general es que la inflación ya no es un incendio descontrolado, pero aún no está completamente apagado”, resumen en una gestora europea. Esa lectura obliga a los inversores a mantener un equilibrio incómodo entre el miedo a recortes de tipos demasiado tardíos y el riesgo de una relajación prematura que reavive las tensiones inflacionistas.

El contraste con otras regiones, como Estados Unidos, resulta demoledor: la Fed ha conseguido anclar mejor las expectativas, mientras Europa sigue atrapada entre una actividad más débil y una inflación más terca de lo deseado. El diagnóstico es inequívoco: el BCE no puede permitirse errores de comunicación ni giros bruscos en su hoja de ruta.

Alemania: el gran interrogante del crecimiento europeo

La otra pieza clave del puzle es Alemania. El mercado espera el dato de PIB anual, que servirá para confirmar hasta qué punto la locomotora europea ha perdido tracción. Alemania llega a esta cita lastrada por un sector industrial golpeado por la crisis energética, la debilidad de la demanda externa y las dudas sobre la inversión en transición verde. Una combinación que ha convertido al país en el eslabón más frágil de la cadena del crecimiento europeo.

Los inversores temen que otra cifra de crecimiento cercano a cero consolide la narrativa de una eurozona a dos velocidades, con países como España o Portugal mostrando un comportamiento relativamente mejor, mientras el núcleo industrial sufre. Si el dato confirma una contracción o un estancamiento, el impacto en el DAX, hoy plano en la apertura, podría ser significativo, especialmente en valores exportadores y ligados a bienes de equipo.

Sin embargo, también existe la posibilidad de que Alemania sorprenda ligeramente al alza gracias al tirón de algunos sectores como el automóvil y la maquinaria, apoyados en pedidos acumulados. La consecuencia, en cualquier caso, es clara: el dato de PIB alemán condicionará no solo la sesión de hoy, sino también las previsiones de resultado empresarial para 2024 y las expectativas de política fiscal en Berlín. Cualquier señal de giro hacia un mayor gasto público sería un catalizador inmediato para las bolsas.

El pulso de las divisas: euro y libra frente al dólar

Mientras las bolsas buscan dirección, el mercado de divisas ofrece una fotografía de la percepción global sobre Europa. En los primeros compases de la sesión, el euro se apreciaba alrededor de un 0,1%-0,2% frente al dólar, hasta el entorno de 1,16 dólares, apoyado en la expectativa de que el BCE no se precipitará en los recortes de tipos. Es un movimiento modesto, pero significativo en un contexto de alta sensibilidad a cualquier cambio en el discurso de Fráncfort.

La libra esterlina, por su parte, se mantiene prácticamente plana en torno a 1,34 dólares, reflejando el equilibrio entre los datos débiles de crecimiento y la perspectiva de unos tipos del Banco de Inglaterra que seguirán elevados durante más tiempo que en la eurozona. “El mercado está en modo ‘esperar y ver’ tanto con el BCE como con el BoE”, apuntan fuentes del sector.

Lo más relevante es que estos movimientos en las divisas actúan como filtro de los datos macro: un euro más fuerte complica la competitividad de las exportaciones europeas, mientras una libra estable suaviza el impacto de la inflación importada en el Reino Unido. El resultado es un escenario en el que las compañías exportadoras tienen que navegar no solo márgenes presionados por los costes, sino también un tipo de cambio menos favorable que hace un año.

Groenlandia e Irán: ruido geopolítico en el radar del mercado

Más allá de los datos, los operadores siguen con atención el frente político y geopolítico. La referencia a Groenlandia devuelve al primer plano el tablero del Ártico, donde se cruzan intereses estratégicos de Estados Unidos, Europa, Rusia y China en torno a rutas marítimas y recursos naturales. Cualquier movimiento en este ámbito, por modesto que parezca, se traduce en preocupación por la seguridad de suministros y por la estabilidad regulatoria de futuras inversiones.

En paralelo, Irán mantiene su papel de foco de riesgo geopolítico permanente, con implicaciones directas para el mercado del petróleo y para la seguridad en Oriente Medio. Cada vez que aumentan las tensiones, los inversores descuentan el riesgo de interrupciones en el suministro, lo que puede elevar los precios del crudo y, con ellos, la inflación global. Este efecto dominó es especialmente sensible para Europa, todavía vulnerable en materia energética después del choque de precios vivido desde 2022.

Aunque por ahora el impacto en los índices europeos es limitado, el mercado incorpora una prima de riesgo geopolítico que actúa como freno para las valoraciones más exigentes. El contraste con épocas de estabilidad relativa es evidente: entonces, las bolsas europeas podían apoyarse en múltiplos más altos; ahora, cada titular sobre Groenlandia o Irán se convierte en una excusa para tomar beneficios.