El hundimiento de oro, plata y petróleo tras los avances en las conversaciones entre Estados Unidos e Irán vuelve a encender las alertas sobre la fragilidad del rally bursátil

Futuros de Wall Street caen por desplome de materias primas

wall street EPA/JUSTIN LANE

El arranque de semana llega con un mensaje claro desde Wall Street: la complacencia tiene fecha de caducidad. Los futuros del Dow Jones caen alrededor de un 0,36%, el Nasdaq 100 cede cerca de un 1% y el S&P 500 retrocede en torno al 0,7% en las operaciones previas a la apertura, en paralelo a un auténtico baño de sangre en las materias primas. El petróleo se deja hasta un 5%, mientras el oro y la plata corrigen con fuerza tras sus recientes máximos históricos, en algunos casos acumulando caídas de dos dígitos en apenas dos sesiones.

Un inicio de semana en rojo

El lunes arranca con signo negativo en los mercados de futuros estadounidenses. El contrato del Dow Jones Industrial Average para la apertura de hoy cede en torno a un 0,36%, el del Nasdaq 100 se deja aproximadamente un 1% y el del S&P 500 retrocede cerca de un 0,7% según las pantallas a primera hora de la mañana europea. No se trata, en sí mismo, de un desplome, pero sí de una corrección significativa tras varias sesiones en las que los índices han coqueteado con máximos o niveles muy cercanos a ellos.

Lo llamativo no es tanto la magnitud de la caída como su causa. No hablamos de un dato macro inesperadamente malo ni de un shock de beneficios empresariales, sino de un giro brusco en el complejo de materias primas. El golpe a petróleo, oro y plata actúa como detonador de toma de beneficios en un mercado muy posicionado en la narrativa del “superciclo” de materias primas y la búsqueda de refugio ante la inflación y la geopolítica. La lectura dominante entre operadores es que la sesión de hoy puede marcar un punto de inflexión táctico: los inversores se preguntan si estamos ante un simple ajuste técnico o ante el principio de una rotación más profunda fuera de los activos considerados “ganadores” del último tramo de subidas.

El desplome súbito de oro y plata

Si hay un movimiento que inquieta al mercado es el del oro y la plata. Tras registrar máximos históricos en las últimas semanas, ambos metales encadenan una corrección abrupta: en las últimas horas, el oro ha llegado a caer alrededor de un 5%, mientras la plata ha sufrido descensos cercanos al 7%, que se suman a desplomes previos de dos dígitos en apenas dos sesiones, una caída que algunos analistas comparan con las grandes sacudidas de los años ochenta.

Detrás de este movimiento convergen varios factores. Por un lado, la subida previa había sido casi parabólica, alimentada por las tensiones con Irán, las dudas sobre la trayectoria de la inflación y la búsqueda frenética de activos refugio. Por otro, el endurecimiento de las condiciones financieras y las señales de que la Reserva Federal podría mantener tipos reales elevados durante más tiempo restan atractivo a unos activos que no ofrecen rentabilidad por cupón. A ello se suma el aumento de los requisitos de margen en los mercados de futuros por parte de operadores como CME Group, que fuerza ventas técnicas y deshace posiciones apalancadas.

“No es un derrumbe fundamental, es una corrección violenta de un mercado muy apalancado”, resume el responsable de renta variable de una gran gestora europea. Sin embargo, el mensaje que recibe el inversor minorista es claro: incluso los activos que parecían apuestas seguras pueden perder más de un 20% en cuestión de días cuando el viento cambia de dirección.

El petróleo pierde un 5% tras los avances con Irán

El otro gran protagonista negativo de la jornada es el petróleo. Las referencias de West Texas y Brent encajan descensos de alrededor del 5%, borrando buena parte de las subidas acumuladas en enero. El mercado interpreta que el progreso en las conversaciones entre Washington y Teherán reduce la probabilidad de interrupciones de suministro en Oriente Medio, justo el factor que había impulsado al crudo hasta máximos de varios meses hace solo unos días.

Este giro subraya hasta qué punto la prima geopolítica se había inflado: la sola posibilidad de un acuerdo parcial, o de una desescalada militar, ha bastado para desplomar el barril. Para las compañías de energía integradas, el castigo es doble. Por un lado, menores precios implican márgenes más estrechos en upstream. Por otro, la caída tan rápida alimenta la percepción de volatilidad estructural en el sector, lo que dificulta planes de inversión a largo plazo.

La consecuencia inmediata en mercado es una rotación interna dentro del propio universo de materias primas: parte del capital que había huido de la renta variable para refugiarse en petróleo y metales vuelve, al menos de forma táctica, hacia sectores menos expuestos al ciclo de commodities. Pero este movimiento no garantiza estabilidad: si el crudo profundiza la caída hasta niveles un 10%-15% por debajo de los actuales, el temor se trasladará a beneficios empresariales en energía y a la inversión en CAPEX a nivel global.

Un mercado que venía de máximos históricos

El shock de hoy no se produce en el vacío. Llega después de semanas en las que los metales preciosos y el propio petróleo habían encadenado un rally histórico. El oro venía de marcar máximos por encima de los 4.700 dólares por onza, mientras la plata había duplicado su precio en apenas seis semanas, impulsados por el miedo a una escalada geopolítica y por el cuestionamiento del anclaje de los bancos centrales frente a la inflación.

En paralelo, los grandes índices bursátiles estadounidenses habían resistido sorprendentemente bien este contexto, apoyados en los gigantes tecnológicos y en la idea de un “aterrizaje suave” de la economía. El resultado era una combinación incómoda: múltiplos de valoración exigentes, volatilidad deprimida y una fuerte concentración de las subidas en un puñado de valores.

Este hecho revela una fragilidad de fondo: cuando varios activos —bolsa, oro, plata, incluso criptomonedas— suben a la vez apoyados en narrativas de liquidez abundante y miedo geopolítico, cualquier giro en uno de ellos puede desencadenar ventas en cadena. La sesión de hoy es una primera advertencia de que el mercado podría estar dejando atrás la fase de subidas “lineales” para entrar en un entorno de rangos amplios y correcciones más frecuentes.

Disney y los resultados que pueden girar el sentimiento

Más allá del ruido de las materias primas, los inversores saben que el verdadero test de fondo llegará con la nueva temporada de resultados. Hoy mismo, antes de la apertura, el mercado aguarda las cifras del primer trimestre fiscal de Disney, que se han convertido en termómetro clave de la economía del entretenimiento, la publicidad y el consumo discrecional en Estados Unidos.

Los analistas esperan una mejora moderada en ingresos por parques temáticos y una cierta estabilización en la división de streaming, después de varios trimestres marcados por la guerra de precios y el aumento del coste de contenidos. Cualquier desviación de estas expectativas —un crecimiento de ingresos por debajo del 3% o un retroceso en suscriptores de Disney+— puede amplificar la corrección en el Nasdaq, especialmente en un día en el que las tecnológicas ya cotizan a la baja en futuros.

La lectura para el conjunto del mercado es clara: si incluso un icono de consumo global como Disney muestra síntomas de fatiga, el discurso de “consumidor resiliente” empezará a resentirse. Lo más grave, desde el punto de vista macro, sería que varias grandes compañías de servicios y ocio apuntasen en la misma dirección. En ese escenario, el batacazo de hoy en materias primas podría pasar a un segundo plano frente a un ajuste más profundo de los beneficios esperados para 2026.

Las pistas del PMI manufacturero de Estados Unidos

A la ecuación se suma un elemento macro de primera magnitud: la publicación del PMI manufacturero estadounidense. El consenso sitúa el indicador ligeramente por encima del umbral de 50 puntos, que separa contracción y expansión, después de varios meses de cifras mixtas. Un dato por debajo de lo previsto reforzaría la idea de una desaceleración industrial más intensa de lo calculado y podría acelerar la rotación hacia activos defensivos.

En cambio, un PMI claramente por encima de 50,5-51 puntos reavivaría el debate sobre un posible repunte de la inflación en la segunda mitad del año. En ese caso, el desplome de hoy en oro y plata podría interpretarse como un simple ajuste técnico, y no como un cambio estructural de tendencia. La dificultad para el mercado radica en que ambos escenarios tienen implicaciones muy diferentes para la trayectoria de tipos de la Reserva Federal, que por ahora sigue defendiendo un mensaje de prudencia extrema.

El diagnóstico es inequívoco: la sesión de hoy no puede leerse sin el prisma de los datos que están por llegar. Si el PMI y los resultados empresariales confirman fortaleza, la corrección se verá como oportunidad de compra. Si, por el contrario, afloran grietas en crecimiento y beneficios, el castillo de expectativas construido en las últimas semanas quedará seriamente tocado.