Gustavo Martínez: la inflación se padece; esta corrección del oro es un 'buy the dip' de libro

Gustavo Martínez defiende que la corrección del metal no rompe la tendencia alcista y señala a la Fed, el dólar y los bancos centrales como claves del nuevo movimiento.

Más de un 20% de caída desde máximos históricos no basta, según Gustavo Martínez, para enterrar el ciclo alcista del oro. El economista interpreta la corrección por debajo de la barrera psicológica de los 4.000 dólares por onza como una oportunidad táctica, no como una señal de agotamiento estructural. Su diagnóstico es inequívoco: en un mundo de divisas fiat erosionadas, déficits fiscales persistentes y gasto público sin disciplina, el oro sigue actuando como refugio frente a la degradación monetaria.

Martínez resume la tesis con una frase rotunda: «La inflación se padece». Y, bajo esa premisa, considera que la caída actual encaja en un buy the dip de libro.

Una corrección que no cambia la tesis

El ajuste del oro ha sido brusco, pero no excepcional. Martínez recuerda que los grandes mercados alcistas suelen incorporar caídas violentas antes de reanudar la tendencia principal. Lo relevante, sostiene, no es el retroceso puntual, sino el contexto que lo provoca y la fuerza de la demanda que queda debajo.

El precedente histórico resulta ilustrativo. En 1974, el oro llegó a corregir alrededor de un 50% antes de protagonizar un nuevo tramo alcista de gran magnitud. Durante la crisis financiera de 2008, el metal sufrió una caída próxima al 30% y, posteriormente, volvió a escalar con fuerza. La lectura es clara: los drawdowns no invalidan por sí solos una tesis de largo plazo cuando el activo continúa apoyado por desequilibrios monetarios y fiscales.

El efecto Fed y la fortaleza temporal del dólar

La caída reciente tiene, según el análisis, un origen más financiero que estructural. El nombramiento de Kevin Warsh en la Reserva Federal habría alterado las expectativas del mercado, alimentando el discurso de una posible subida de tipos y una retirada del forward guidance. La consecuencia inmediata ha sido un fortalecimiento temporal del dólar.

Ese movimiento ha golpeado a los activos alternativos escasos, entre ellos el oro. Cuando el dólar sube y el mercado descuenta tipos más altos durante más tiempo, el metal pierde atractivo en el corto plazo frente a activos que ofrecen rentabilidad nominal. Sin embargo, Martínez entiende que esta reacción puede ser transitoria si los problemas de fondo —deuda, déficit y financiación pública— siguen creciendo.

El yen vuelve a señalar el estrés global

El ensanchamiento del carry trade también ha vuelto a presionar al yen japonés. La divisa se ha aproximado de nuevo a la zona de intervención de las 160 unidades por dólar, un nivel que históricamente activa las alarmas de las autoridades monetarias japonesas.

Este movimiento no es menor. Refleja que el mercado continúa buscando diferenciales de tipos, financiándose en monedas débiles para comprar activos con mayor rendimiento. Lo más grave es que esta dinámica puede aumentar la fragilidad financiera global si los bancos centrales se ven obligados a intervenir de forma simultánea. Para Martínez, el oro debe leerse dentro de ese mapa: no como un activo aislado, sino como una cobertura frente a tensiones monetarias acumuladas.

La gran ineficiencia de los bonos

Uno de los puntos más duros del análisis está en la deuda estadounidense. Martínez considera una ineficiencia evidente que el bono a 10 años cotice en torno al 4,4% mientras la deuda pública de Estados Unidos supera los 40 billones de dólares.

El contraste es demoledor. Una economía con necesidades crecientes de financiación difícilmente puede sostener indefinidamente una normalización monetaria estricta sin tensionar su propio presupuesto. A juicio del economista, la Fed terminará obligada a ampliar de nuevo su balance y a reanudar mecanismos de impresión monetaria para absorber los desajustes fiscales. Si ese escenario se materializa, la tesis del oro saldría reforzada.

Bancos centrales comprando en las caídas

La demanda estructural sigue siendo el gran soporte del mercado. Según los datos citados del World Gold Council, los bancos centrales acumulan compras en máximos de dos años, aprovechando precisamente los retrocesos del precio.

Este hecho revela una divergencia relevante: mientras una parte del mercado interpreta la caída como señal de debilidad, las instituciones monetarias la utilizan para aumentar exposición. La lógica es defensiva. El oro no depende de la promesa de pago de ningún emisor, no está vinculado a una deuda soberana concreta y conserva utilidad como activo de reserva en un entorno de creciente desconfianza hacia el sistema financiero tradicional.

China y la independencia financiera

La estrategia de China ocupa un lugar central en esa lectura. Martínez sostiene que Pekín mantiene una política firme de colateralización con activos duros para reducir su exposición a los bonos del Tesoro de Estados Unidos. No se trata solo de inversión, sino de geopolítica financiera.

La acumulación de oro permite a las potencias emergentes ganar margen frente al dólar y blindar parte de sus reservas ante posibles sanciones, depreciaciones o tensiones diplomáticas. El diagnóstico final es contundente: la corrección actual puede sacudir a los inversores de corto plazo, pero no altera la tendencia profunda. En un sistema marcado por déficits, deuda creciente y bancos centrales cada vez más activos, el oro conserva su papel como termómetro de la desconfianza monetaria.