El desplome del índice hongkonés vuelve a encender las alertas sobre China

El Hang Seng pierde casi un 2% y agita a Asia-Pacífico

EPA-EFE/ALEX PLAVEVSKI

El Hang Seng de Hong Kong se ha convertido en el índice protagonista de la sesión en Asia-Pacífico, con una caída cercana al 2% que ha reavivado los temores sobre la economía china y el apetito por riesgo en la región. El movimiento ha ido acompañado de descensos en Shanghái y Shenzhen, mientras el Nikkei japonés se quedaba prácticamente plano a la espera de más pistas sobre los precios en Tokio y la producción industrial. En contraste, el Kospi surcoreano conseguía avanzar más de un 0,7% apoyado en las grandes tecnológicas. Al telón de fondo se suma un elemento político: Estados Unidos y Corea del Sur han cerrado la primera jornada de negociaciones comerciales sin acuerdo, en un contexto de creciente rivalidad geoestratégica. La consecuencia es clara: los inversores europeos miran de nuevo a Asia con más cautela que entusiasmo.

El Hang Seng, índice protagonista de la sesión

A media tarde en Asia, el mapa de mercado estaba dominado por un color: el rojo. El Hang Seng de Hong Kong encabezaba las caídas con un descenso del 1,94%, consolidándose como el barómetro más sensible a los temores sobre la economía y la regulación chinas. El índice, muy expuesto a tecnológicas, inmobiliarias y consumo discrecional, se ha convertido en los últimos meses en el foco preferido de las ventas internacionales.

Índice Hang Seng

En la China continental, el Shanghai Composite retrocedía un 0,77% y el Shenzhen Composite cedía un 0,41%, en una corrección más contenida pero igualmente significativa. El contraste con otros índices de la región es evidente: mientras el Hang Seng acumula pérdidas de doble dígito en lo que va de año, otros mercados mantienen aún rentabilidades positivas o ligeramente negativas.

En Japón, el Nikkei 225 se mantenía prácticamente plano, atrapado entre la fortaleza del dólar, los datos de precios en Tokio y la incertidumbre sobre el rumbo del Banco de Japón. La excepción positiva volvía a ser Corea del Sur: el Kospi avanzaba un 0,72%, apoyado en grandes exportadoras y en el tirón del sector tecnológico. Australia, por su parte, cerraba con el S&P/ASX 200 en negativo (-0,65%), reflejo de la presión sobre mineras y bancos ante el frenazo chino.

Nikkei Stock Average, Nikkei 225

El dato de Tokio que inquieta al mercado

El foco macroeconómico de la jornada se situaba en Japón. Los inversores han digerido nuevas cifras de precios al consumo en Tokio, referencia clave para anticipar la trayectoria de la inflación nacional y, por extensión, los próximos movimientos del Banco de Japón (BoJ). Aunque el mercado sigue analizando los detalles, el mensaje es similar al de los últimos meses: la inflación subyacente se mantiene por encima del objetivo del 2%, lejos de un escenario de normalización rápida.

Este hecho revela una paradoja incómoda. Tras décadas de inflación demasiado baja y tipos cercanos a cero, Japón enfrenta ahora precios más altos, salarios que avanzan de forma desigual y un banco central atrapado entre la necesidad de retirar estímulos y el miedo a desencadenar una corrección brusca en bolsa y en deuda soberana.

Como resume un gestor asiático, «cada décima extra de inflación en Tokio se traduce en más dudas sobre cuánto tiempo podrá el BoJ mantener su política ultraexpansiva sin provocar turbulencias en los mercados». El resultado es una mayor volatilidad en bancos, aseguradoras y valores sensibles a los tipos, que reaccionan a cada matiz del discurso del banco central.

Japón: consumo frágil, industria sin tracción

Más allá de los precios, la sesión ha traído nuevos datos sobre el consumo minorista y la producción industrial japonesa. El cuadro es mixto. El comercio al por menor resiste, pero se percibe un consumidor prudente, lastrado por el encarecimiento de la cesta de la compra y por un crecimiento de los salarios reales que avanza a trompicones.

En la industria, la sensación de falta de tracción persiste. La producción manufacturera sigue por debajo de los niveles previos a la pandemia, las exportaciones hacia China no terminan de despegar y el sector del automóvil —pieza que supone cerca del 10% del PIB japonés— acusa la transición hacia el vehículo eléctrico y la competencia de fabricantes chinos y coreanos.

En este contexto, un Nikkei “plano” se interpreta casi como una victoria táctica: el mercado asume que el BoJ continuará moviéndose con extrema cautela, evitando cualquier giro abrupto que pueda desatar ventas masivas. El contraste con Corea del Sur resulta demoledor. Mientras Seúl se apoya en el impulso estructural de los semiconductores y las baterías, Tokio sigue atrapada en una salida incompleta de décadas de deflación.

Seúl resiste mientras la política pesa

Frente al tono negativo en buena parte de los parqués, el Kospi surcoreano avanzaba un 0,72%, erigiéndose en uno de los pocos índices en positivo de la sesión. Detrás de ese comportamiento hay varios factores: resultados mejores de lo previsto en algunos gigantes tecnológicos, expectativas de rebajas de tipos por parte del banco central a medio plazo y la consolidación de Corea como actor clave en la cadena global de chips y baterías.

Sin embargo, el plano político introduce ruido. Las delegaciones de Estados Unidos y Corea del Sur han cerrado el primer día de negociaciones comerciales sin acuerdo, según fuentes de prensa. Washington presiona para reequilibrar flujos y garantizar a sus empresas un acceso preferente a sectores estratégicos, mientras Seúl intenta proteger su base industrial sin deteriorar la alianza de seguridad.

Los analistas subrayan que «el riesgo no es solo arancelario, sino regulatorio y tecnológico». Un desacuerdo prolongado podría desembocar en nuevas barreras de entrada para exportaciones que representan más del 40% del PIB coreano, desde chips hasta automóviles eléctricos. Por ahora, el mercado concede un margen de confianza, pero cualquier filtración sobre avances o retrocesos en la negociación puede traducirse en movimientos bruscos del Kospi.

Hong Kong y China continental, el epicentro de la corrección

El protagonismo negativo del día ha sido, no obstante, para Hong Kong y el Hang Seng. La caída del 1,94% en la sesión se suma a una racha de correcciones que ha evaporado cientos de miles de millones en capitalización bursátil en apenas unos trimestres. Muchos gestores internacionales han reducido drásticamente su exposición a valores chinos cotizados en la excolonia británica.

En la China continental, las caídas del 0,77% en Shanghái y del 0,41% en Shenzhen reflejan un malestar más profundo. Los inversores siguen desconfiando de la capacidad de Pekín para estabilizar el sector inmobiliario, que en algunos ejercicios llegó a aportar hasta un 25% de la actividad económica sumando construcción y servicios asociados. Las medidas de apoyo, aunque constantes, se perciben como parciales y reactivas.

A ello se suman tensiones comerciales crecientes con Estados Unidos y Europa, que amenazan con aranceles y restricciones a productos de alto valor añadido como vehículos eléctricos o paneles solares. «No es solo un problema de crecimiento, sino de confianza en las reglas del juego», resume un gestor con exposición a renta variable china. En este entorno, cada dato macro negativo se amplifica, mientras las sorpresas positivas apenas sostienen rebotes de corto plazo.

Australia acusa el frenazo de China y de las materias primas

Australia, uno de los grandes proveedores de materias primas de Asia, cerró con el S&P/ASX 200 cayendo un 0,65%. Los grandes grupos mineros, muy expuestos al mineral de hierro y otros metales industriales, volvieron a situarse entre los valores más castigados de la jornada.

El vínculo con China es directo: en torno al 30% de las exportaciones australianas tienen como destino el gigante asiático, y una parte sustancial depende del ciclo inmobiliario y de infraestructuras. Cada vez que se enfría el apetito inversor por la construcción en China, el mercado de Sídney lo refleja con rapidez.

La propia política monetaria tampoco ayuda. El banco central australiano mantiene uno de los niveles de tipos más altos de la región para combatir una inflación que llegó a rozar el 7% en algunos tramos del ciclo. El resultado es una combinación de demanda externa débil y endurecimiento interno que presiona márgenes empresariales y frena el crédito. Para el inversor europeo, la selección de valores en Australia debe ser hoy mucho más quirúrgica, privilegiando compañías con balances saneados y menor dependencia del ciclo chino.

El dólar se impone al yen y complica el tablero

En el frente de divisas, el dólar se apreciaba alrededor de un 0,45% frente al yen, hasta intercambiarse en torno a los 153,80 yenes por dólar. Este nivel, cercano a zonas que en el pasado ya han provocado nerviosismo en Tokio, alimenta las especulaciones sobre una posible intervención —al menos verbal— de las autoridades japonesas para frenar la depreciación.

Una divisa tan débil tiene un efecto ambivalente. Por un lado, abarata los productos japoneses en el exterior y favorece a sus exportadoras, que pueden mejorar márgenes sin subir precios en moneda local. Por otro, encarece las importaciones de energía y alimentos, presionando la inflación y erosionando la renta disponible de los hogares.

El Banco de Japón se mueve en un terreno minado. Si endurece su política para sostener al yen, puede pinchar el rally bursátil y la recuperación de beneficios empresariales. Si mantiene una postura ultraexpansiva, corre el riesgo de alimentar nuevas ventas en la divisa y un mayor malestar social por el encarecimiento del coste de la vida. Los mercados, mientras tanto, reaccionan a cada matiz en los mensajes oficiales, con movimientos bruscos tanto en renta variable como en deuda.