El Dow Jones cerró en 54.036 puntos, pero Ormuz vuelve a poner en duda la calma de Wall Street

centcom Un helicóptero MH-60R Sea Hawk de la Marina de EE.UU. se prepara para el vuelo a bordo del USS Michael Murphy (DDG 112) mientras el buque de guerra apoya el bloqueo de EE.UU. contra Irán navegando por aguas regionales.

Teherán rechaza por ahora negociar directamente con Estados Unidos y advierte de que incluso un acuerdo no reabriría inmediatamente el estrecho. El bloqueo mantiene al petróleo por encima de los 83 dólares, mientras Wall Street llega al fin de semana cerca de máximos.

 

La tregua que los mercados empezaban a descontar en Oriente Medio vuelve a complicarse. Irán ha descartado por ahora mantener negociaciones directas con Estados Unidos y ha dejado claro que un eventual acuerdo tampoco implicaría la reapertura inmediata del estrecho de Ormuz, arteria por la que circula alrededor de una quinta parte del comercio mundial de petróleo.

El aviso llega después de una semana extraordinariamente positiva para Wall Street. El Dow Jones cerró el viernes en 54.036,93 puntos, con una subida semanal del 3%. Ahora el mercado deberá decidir cuánto riesgo geopolítico está dispuesto a asumir si el bloqueo energético se prolonga.

Irán vuelve a cerrar la puerta

El ministro iraní de Exteriores, Abbas Araghchi, ha asegurado que Teherán no retomará por el momento las conversaciones directas con Washington. Irán acusa a Estados Unidos de haber incumplido el memorando alcanzado anteriormente y mantiene los contactos mediante intermediarios.

Omán continúa ejerciendo como mediador y describe las conversaciones como «positivas y constructivas», pero las posiciones siguen alejadas. Técnicamente existen avances sobre una ruta provisional para el transporte marítimo. Políticamente, sin embargo, ese entendimiento resulta insuficiente para normalizar la navegación.

La diferencia es fundamental: acordar por dónde pasan los barcos no significa garantizar que puedan volver a hacerlo con normalidad.

El precio exigido por Teherán

Las condiciones planteadas por Irán son de enorme alcance. Teherán exige el levantamiento de sanciones, el final del bloqueo naval estadounidense, la retirada de fuerzas norteamericanas de la región, la liberación de activos iraníes congelados y compensaciones por los daños provocados durante la guerra.

El Gobierno iraní también reclama garantías de que Estados Unidos no volverá a amenazar militarmente al país.

Mientras esas condiciones permanezcan abiertas, el tráfico comercial seguirá muy por debajo de sus niveles habituales. El Brent permanecía por encima de los 83 dólares por barril, reflejando una prima de riesgo que la diplomacia todavía no ha conseguido eliminar.

El Dow Jones se juega su rally

El cierre de Wall Street del viernes dibujó una situación aparentemente tranquila. El Dow Jones avanzó 151,83 puntos, un 0,3%, hasta 54.036,93, impulsado por la expectativa de que el debilitamiento del empleo permita a la Reserva Federal retrasar nuevas subidas de tipos.

Pero Ormuz introduce una variable capaz de alterar esa ecuación.

Una escalada sostenida del petróleo puede alimentar nuevamente la inflación, incrementar los costes de transporte y reducir el margen de maniobra de la Fed. Wall Street necesita ahora simultáneamente un empleo suficientemente frío y una energía suficientemente barata. Irán amenaza precisamente la segunda parte de ese equilibrio.

Aramco vuelve a recibir un ataque

El peligro ya no está concentrado exclusivamente en el golfo Pérsico. Los hutíes han reivindicado un ataque con drones contra instalaciones de la refinería saudí de Jazan, situada en la costa del mar Rojo. Arabia Saudí confirmó un incendio, posteriormente extinguido, sin registrar heridos.

La instalación tiene capacidad para procesar 400.000 barriles diarios y ya había sufrido otro ataque en julio.

El efecto estratégico resulta inquietante: mientras Irán presiona Ormuz, los hutíes amenazan las infraestructuras y rutas del mar Rojo. Dos corredores esenciales quedan así expuestos simultáneamente.

EEUU empieza a contar sus misiles

Washington también prepara su industria para un conflicto más prolongado. El Pentágono ha pedido a los principales fabricantes estadounidenses que presenten en un plazo máximo de 21 días planes para acelerar la producción y entrega de sistemas militares críticos.

La presión sobre los inventarios es significativa. Las estimaciones citadas por Associated Press apuntan a una reducción de al menos el 65% de los interceptores Patriot disponibles desde el inicio de la guerra y a un descenso mínimo del 38% en los THAAD.

El dato revela que la crisis energética convive ya con otra preocupación: cuánto tiempo puede mantenerse una campaña militar de alta intensidad.

Arabia Saudí construye otro escudo

En paralelo, Arabia Saudí, Turquía y Pakistán han firmado el Acuerdo de Defensa Conjunta de La Meca. Su cláusula central establece que un ataque contra uno de los tres será considerado un ataque contra todos. El pacto está abierto además a la incorporación de otros países de la región.

Turquía ha señalado a Egipto como uno de los posibles futuros participantes. El resultado es una arquitectura regional de seguridad que empieza a transformarse al mismo tiempo que las negociaciones con Irán se atascan.

El mercado terminó la semana apostando por la desescalada. Teherán acaba de recordar que esa apuesta todavía está lejos de estar asegurada.