Irán al borde del precipicio, Europa suplica a EEUU por Groenlandia y SPX se atasca, NDX cede y el Ibex 35 resiste al alza

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La Casa Blanca acelera su agenda exterior e interior con Venezuela, Groenlandia, Irán y México en el punto de mira, mientras los índices se mueven casi planos y el dinero busca refugios

El arranque de 2026 confirma que la política internacional y doméstica de Estados Unidos avanza a golpe de shock. Donald Trump ha anunciado una cumbre con catorce gigantes petroleros para invertir 100.000 millones de dólares en la reconstrucción de la industria venezolana tras la captura de Nicolás Maduro, al tiempo que su equipo estudia pagar hasta 100.000 dólares por persona a los habitantes de Groenlandia para forzar su separación de Dinamarca. Mientras tanto, Irán arde en protestas por el desplome del rial y acusa a “agentes externos” de manipular la revuelta, y la Casa Blanca amenaza con “ataques terrestres” contra los cárteles mexicanos.
En el frente interno, la tensión migratoria se dispara tras dos tiroteos protagonizados por agentes federales, en medio de protestas en ciudades gobernadas por demócratas. Y, en paralelo, China registra una ligera subida de la inflación al 0,8%, dato modesto pero clave para calibrar el pulso de la segunda economía del mundo.
Sobre este telón de fondo, los mercados optan por una calma solo aparente: el S&P 500 se mueve prácticamente plano en los 6.921,46 puntos, el Nasdaq 100 cede un 0,57% y el IBEX 35 resiste con un avance del 0,29%, mientras el petróleo y el oro corrigen levemente.
La fotografía es inequívoca: Estados Unidos abre simultáneamente varios frentes de alto riesgo mientras los inversores descuentan que el verdadero test llegará con los datos de empleo y las próximas decisiones de tipos.

Datos de las 9:00 hora de Europa central.

Venezuela, convertida en laboratorio petrolero de 100.000 millones

El anuncio de una cumbre en la Casa Blanca con catorce grandes petroleras internacionales es la pieza más vistosa del nuevo puzzle venezolano. Trump promete que las compañías están dispuestas a invertir al menos 100.000 millones de dólares en la “reconstrucción” de la infraestructura de crudo del país, dañada tras años de sanciones, mala gestión y colapso económico.

El plan incluye la rehabilitación de refinerías clave, oleoductos, terminales de exportación y campos maduros, con el objetivo de devolver la producción a niveles que, sobre el papel, podrían superar de nuevo el millón y medio de barriles diarios. La administración lo vende como un proyecto de “recuperación y estabilidad regional”, pero la lectura económica es mucho más cruda: convertir la intervención geopolítica en un gigantesco negocio energético.

Si estas cifras se materializan, Venezuela se convertiría de facto en un protectorado petrolero compartido entre Washington y las grandes multinacionales. El país llegaría a esa cita con una deuda externa desbordada, una sociedad exhausta y una transición política aún sin hoja de ruta clara. La cuestión es quién controlará realmente el flujo de caja de esos 100.000 millones y cuánta de esa riqueza acabará filtrándose a la economía real venezolana.

Groenlandia y la ‘diplomacia del cheque’: pagos para romper con Dinamarca

En paralelo, otra jugada sacude los cimientos del orden internacional: según fuentes diplomáticas, Estados Unidos estudia pagos directos de entre 10.000 y 100.000 dólares por persona a los habitantes de Groenlandia para persuadirles de separarse de Dinamarca y alinearse con Washington.

La propuesta eleva a un nuevo nivel la antigua idea de “comprar” Groenlandia. Ya no se habla solo de un acuerdo entre Estados, sino de una especie de referéndum incentivado con dinero, donde cada ciudadano recibiría una compensación directa a cambio de apoyar un cambio de estatus. Todo ello en el contexto de un Ártico que se consolida como frontera estratégica por sus rutas marítimas, recursos minerales y valor militar.

Dinamarca y el gobierno groenlandés han reiterado que la isla “no está en venta”, y en Bruselas preocupa tanto el fondo como la forma. El tono transaccional del plan revela una visión del territorio y de la soberanía en clave de mercado: quien puede pagar más pretende imponer la agenda. La consecuencia es un choque directo con los principios que la UE dice defender y un nuevo foco de fricción dentro de la OTAN.

Irán en llamas: moneda desplomada y acusaciones de “agentes externos”

Mientras el Ártico se recalienta geopolíticamente, Irán vive una de sus mayores crisis internas recientes. La fuerte caída del rial ha disparado el coste de la vida y ha detonado protestas que se extienden desde hace semanas por todo el país. Las imágenes de vehículos incendiados, estaciones de metro dañadas y autobuses ardiendo han dado la vuelta al mundo, pese a los intentos del régimen por cerrar el grifo informativo.

Los medios estatales han dado ya su versión oficial: hablan de “agentes terroristas de Israel y Estados Unidos” infiltrados para provocar disturbios y presentar las manifestaciones como una revuelta espontánea. Es la primera declaración formal sobre las protestas desde que estallaron y sirve para justificar el despliegue de fuerzas de seguridad, las detenciones masivas y la restricción del acceso a internet y a las llamadas internacionales.

Trump ha aprovechado el contexto para reiterar que “intervendrá” si aumenta la represión, elevando la temperatura retórica. El riesgo es claro: que el régimen utilice esa amenaza como excusa para endurecer aún más su respuesta interna y que cualquier incidente —un ataque a intereses estadounidenses o un choque naval en el Golfo— sirva de chispa para una escalada difícil de controlar.

Internet como campo de batalla político

Uno de los elementos más inquietantes de la crisis iraní es el uso del apagón digital como herramienta de control. Cada vez que la calle se enciende, el Gobierno responde cortando o ralentizando el acceso a la red. La intención es doble: impedir la coordinación entre manifestantes y evitar que el resto del mundo vea en tiempo real la dimensión de la represión.

Pero esta estrategia tiene efectos colaterales. En una economía donde millones dependen de plataformas online para trabajar, estudiar o comerciar, cada corte se traduce en pérdida de ingresos, más frustración y mayor sensación de aislamiento. Además, la opacidad informativa dificulta la respuesta de la comunidad internacional, que se ve obligada a actuar con datos fragmentarios y filtraciones.

En este escenario, el control de la red se convierte en una pieza central de la disputa por el poder. Y el mensaje que Teherán lanza a otros regímenes autoritarios es nítido: cortar internet funciona como escudo temporal, aunque la factura económica y social llegue después.

Trump mira al sur: “ataques terrestres” contra los cárteles mexicanos

Mientras tanto, la frontera sur de Estados Unidos se prepara para un posible cambio de fase en la “guerra contra las drogas”. En una entrevista con Fox News, Trump anunció que su gobierno “comenzará ataques terrestres” contra los cárteles mexicanos, después de una etapa de operaciones marítimas contra traficantes en aguas internacionales.

Según el presidente, “los cárteles están controlando México” y son responsables de entre 250.000 y 300.000 muertes por drogas al año en Estados Unidos. La retórica presenta el fenómeno como una amenaza casi militar, más que como un problema de salud pública y crimen transnacional. México, por su parte, ha rechazado de plano cualquier intervención armada extranjera, recordando que la lucha contra el narcotráfico debe respetar la soberanía y la Constitución.

La consecuencia es un clima de enorme incertidumbre. Cualquier paso en falso —una operación no autorizada, un enfrentamiento con fuerzas mexicanas o un error de inteligencia con víctimas civiles— podría desencadenar una crisis diplomática de primer orden y alimentar aún más la violencia que se pretende contener.

Estados Unidos, fracturado por la ofensiva migratoria

Mientras multiplica frentes en el exterior, la Casa Blanca alimenta también el conflicto dentro de sus fronteras. Las protestas se han intensificado tras dos tiroteos en apenas dos días protagonizados por agentes federales de inmigración. En Minnesota, un agente del ICE mató a una madre de 37 años; en Oregón, un agente de la Patrulla Fronteriza disparó e hirió a un hombre y una mujer en Portland.

Las versiones contradictorias entre autoridades federales, estatales y locales han encendido la indignación. Alcaldes y gobernadores demócratas denuncian falta de coordinación, opacidad y un uso político de las fuerzas federales desplegadas en ciudades gobernadas por la oposición como parte de la ofensiva migratoria de Trump. Exigen su retirada inmediata y alertan de que la estrategia está quebrantando la confianza ciudadana en las instituciones.

En la práctica, la política migratoria se ha convertido en un campo de pruebas de la polarización estadounidense. Para unos, se trata de defender las fronteras a cualquier precio; para otros, de impedir que el control migratorio derive en un sistema de violencia estructural y vulneración de derechos. La calle, por ahora, se inclina por lo segundo.

China y los datos que inquietan a los bancos centrales

Mientras la política domina los titulares, China ha publicado unas cifras de inflación que los mercados observan con lupa. El índice de precios al consumidor avanzó un 0,8% interanual en diciembre, una décima más que en noviembre, y un 0,2% mensual, revirtiendo la caída previa. El índice de precios al productor, en cambio, cayó un 1,9% interanual, moderando su ritmo de descenso.

El mensaje es mixto. Por un lado, el repunte del IPC sugiere una demanda interna algo menos débil, en línea con los estímulos selectivos aplicados por Pekín. Por otro, la caída aún significativa de los precios a puerta de fábrica muestra que la economía sigue lejos de un ciclo robusto y que la sombra de la deflación industrial no ha desaparecido.

Para los bancos centrales occidentales, la combinación es ambivalente: una China que crece sin desbocarse reduce presiones inflacionistas globales, pero también limita la aportación asiática al crecimiento mundial en un momento en que Europa y Estados Unidos afrontan su propia desaceleración.

Índices y activos clave: sesión de cautela en los mercados

Con todo este ruido de fondo, la reacción de los mercados a primera hora de la mañana europea ha sido de cautela extrema. A las 9:00, hora de Europa central, el panorama es el de una sesión de espera más que de huida.

El S&P 500 (SPX) se mantiene prácticamente plano en los 6.921,46 puntos, con una variación mínima del 0,01%, tras ganar apenas 0,53 puntos respecto al cierre anterior. El Nasdaq 100 (NDX), más sensible a los tipos y a la volatilidad tecnológica, cede un 0,57% hasta los 25.507,10 puntos, tras dejarse 146,79 puntos. En Europa, el IBEX 35 resiste mejor: sube un 0,29%, suma 50,40 puntos y se sitúa en los 17.705,11 puntos, apoyado en banca y energía.

En divisas, el índice dólar (DXY) avanza un 0,14% hasta los 98,987 puntos, consolidando el giro hacia el billete verde como refugio ante la sucesión de shocks geopolíticos. La volatilidad implícita medida por el VIX repunta un 0,45%, hasta 15,46 puntos, todavía lejos de niveles de pánico, pero lo bastante alta como para recordar que la tranquilidad es relativa.

En materias primas, el Brent corrige un 0,22% y cotiza en torno a los 62,21 dólares por barril, mientras el WTI (USOIL) cae un 0,27% hasta los 58,23 dólares. El ligero retroceso parece más técnico que estructural, y llega después de días marcados por el ruido en Venezuela y Oriente Medio. El oro pierde un 0,17%, hasta los 4.470,29 dólares por onza, lo que apunta a tomas de beneficios tras su reciente escalada.

En el universo cripto, bitcoin (BTCUSDT) retrocede un 0,34%, hasta los 90.790,41 dólares, en una sesión que combina recogida de beneficios y menor apetito por riesgo. Nada que sugiera un cambio de tendencia, pero sí suficiente para recordar que la volatilidad sigue siendo el apellido estructural del activo.

Los datos que pueden cambiar el guion

La sesión de hoy no solo estará marcada por la geopolítica y los titulares de la Casa Blanca. En Europa, ya se han publicado las cifras de producción industrial y balanza comercial de Alemania, así como la producción y el gasto del consumidor en Francia y las ventas minoristas de Italia y de la eurozona. Son datos que ayudarán a medir hasta qué punto el continente se acerca o no a la recesión técnica.

En Estados Unidos, el foco estará puesto en las nóminas no agrícolas, el empleo privado, la tasa de paro y las expectativas de inflación de la Universidad de Michigan. En un entorno en el que los inversores descuentan aún uno o dos recortes de tipos de la Reserva Federal durante 2026, cualquier sorpresa —positiva o negativa— en empleo o salarios puede inclinar el mercado a uno u otro lado.

Hasta que esas cifras se conozcan, los índices parecen optar por una pausa vigilante: movimientos contenidos, rotaciones sectoriales moderadas y una clara preferencia por activos líquidos y de calidad. La sensación, sin embargo, es que los frentes abiertos por Trump —desde Caracas hasta Groenlandia o México— pueden convertir cualquier dato macro en un mero respiro dentro de una tormenta política que apenas acaba de empezar.