China sacude los chips mientras el Dow Jones cierra al alza

China sacude los chips mientras el Dow Jones cierra al alza
Alberto Iturralde analiza la nueva carrera tecnológica entre China y las grandes potencias occidentales, profundizando en la corrección del sector semiconductores, los riesgos de la vigilancia digital y el impacto económico en Europa y el petróleo.

China ha dejado de ser una promesa distante para convertirse en una amenaza industrial inmediata para las grandes tecnológicas occidentales. Alberto Iturralde, responsable de Operativa DAX, sitúa el avance asiático en el centro de la fuerte corrección sufrida por los semiconductores. El reajuste coincide con un cierre positivo en Estados Unidos: el Dow Jones ganó un 0,5% y terminó en 52.485,03 puntos, mientras el Nasdaq avanzó un 1%. Wall Street resiste, pero la estabilidad aparente oculta una batalla cada vez más agresiva por los chips, los datos y la inteligencia artificial.

China deja de jugar en segunda fila

El salto tecnológico chino obliga a revisar uno de los grandes supuestos de los mercados: que Estados Unidos conservaría durante años una ventaja insalvable en procesadores avanzados, inteligencia artificial y servicios digitales.

Las restricciones comerciales de Washington han limitado el acceso de Pekín a determinada maquinaria, pero también han acelerado la inversión nacional en fábricas, diseño de chips y cadenas de suministro alternativas. Según la lectura de Iturralde, China comienza a ocupar el espacio que le corresponde por tamaño económico, capacidad industrial y ambición estratégica.

La consecuencia es clara: los monopolios occidentales ya no compiten únicamente entre ellos. También deben responder a empresas apoyadas por un Estado dispuesto a financiar durante años su independencia tecnológica.

El Dow Jones cierra con resistencia

El Dow Jones despidió julio con una subida de aproximadamente 276 puntos, hasta los 52.485,03. El S&P 500 avanzó un 0,7%, mientras el Nasdaq Composite añadió un 1% y concluyó en 25.373,85 puntos. Los tres grandes índices registraron ganancias semanales cercanas o superiores al 1%.

El cierre refleja la confianza de los inversores en los beneficios empresariales y en la demanda de infraestructura para inteligencia artificial. Sin embargo, el avance no elimina las dudas sobre las valoraciones ni sobre la capacidad de las tecnológicas para rentabilizar inversiones cada vez mayores.

El Dow Jones aguanta porque el dinero continúa entrando en las grandes compañías, no porque hayan desaparecido los riesgos.

El KOSPI expone la fragilidad

Corea del Sur ofrece la imagen más extrema de esa volatilidad. El KOSPI se disparó un 17,9% en una sola sesión, su mayor subida desde que existen registros comparables. Samsung Electronics avanzó alrededor de un 26% y SK Hynix cerca de un 29%, impulsadas por el renovado optimismo sobre la demanda mundial de semiconductores.

El rebote, sin embargo, no borró las pérdidas acumuladas. El índice terminó julio con un descenso próximo al 22%, afectado por las posiciones apalancadas, las ventas forzosas y el temor a que los avances chinos erosionen el liderazgo surcoreano en memoria.

El contraste resulta demoledor: un mercado puede firmar su mejor sesión histórica y cerrar, al mismo tiempo, su peor mes desde la crisis financiera.

Las tecnológicas deben justificar el gasto

Microsoft, Meta, Alphabet y Amazon están destinando cantidades extraordinarias a centros de datos, procesadores y redes eléctricas. Las estimaciones manejadas por el mercado sitúan su inversión conjunta de 2026 en torno a 725.000 millones de dólares, aproximadamente un 77% más que el año anterior.

La reacción bursátil demuestra que no todas las inversiones reciben el mismo tratamiento. Microsoft ha sido premiada por vincular el gasto con el crecimiento de Azure y sus servicios corporativos. Meta, en cambio, ha sufrido cuando el aumento de capital empleado ha reducido el flujo de caja sin ofrecer resultados igualmente visibles.

La inteligencia artificial ya no se valora por sus promesas, sino por la velocidad con la que convierte servidores y chips en ingresos.

Datos, poder y vigilancia

Iturralde advierte también sobre la denominada financiación circular de la inteligencia artificial. Los grandes grupos invierten en centros de datos, compran chips, respaldan desarrolladores y venden después la capacidad informática necesaria para entrenar los modelos.

Ese circuito puede acelerar la innovación, pero también concentra recursos y control en un reducido número de compañías. Los centros de datos no son simples almacenes: procesan información empresarial, comunicaciones y patrones de consumo de millones de usuarios.

La cuestión excede el mercado bursátil. Quien controla la infraestructura determina qué tecnología puede desarrollarse, quién accede a ella y bajo qué condiciones. La competencia entre China y Estados Unidos es, por tanto, industrial, financiera y política.

Europa observa desde una posición incómoda

El DAX alemán refleja una Europa atrapada entre el liderazgo digital estadounidense y la expansión manufacturera china. El continente conserva empresas industriales decisivas, pero carece de plataformas comparables a Microsoft, Meta o Alphabet y depende de Asia para una parte sustancial de sus componentes.

A esa debilidad se suma la volatilidad del petróleo, que encarece la producción y reduce el margen de las compañías intensivas en energía. El diagnóstico es inequívoco: Europa corre el riesgo de financiar la tecnología estadounidense, importar los chips asiáticos y asumir los costes regulatorios y energéticos.

El Dow Jones cierra julio al alza, pero el verdadero equilibrio global se está decidiendo lejos de Wall Street: en las fábricas de semiconductores, las redes eléctricas y los centros de datos que sostienen la nueva economía.