Japón y EEUU rescatan al yen tras desplomarse a mínimos de 40 años
Tokio confirma una intervención coordinada con Washington después de que el dólar superase los 163 yenes y advierte de que volverá a actuar si reaparecen los movimientos desordenados.
El yen ha necesitado una actuación conjunta de Japón y Estados Unidos para escapar de sus niveles más bajos en casi cuatro décadas. El Ministerio de Finanzas japonés confirmó este lunes que ambos países compraron yenes el viernes 31 de julio para contener una depreciación que había llevado al dólar por encima de las 163 unidades.
La operación, excepcional por su dimensión política y monetaria, hizo retroceder el cambio hacia la zona de 155-157 yenes por dólar. Tokio no ha revelado el importe movilizado, aunque algunas estimaciones del mercado lo sitúan alrededor de 53.000 millones de dólares. La advertencia posterior fue inequívoca: habrá nuevas intervenciones si vuelve la inestabilidad.
Una intervención fuera de lo común
La ministra japonesa de Finanzas, Satsuki Katayama, aseguró que la operación se realizó en coordinación con el Tesoro estadounidense para responder a la «volatilidad excesiva» y a los movimientos desordenados registrados durante los últimos meses.
No se trata de una actuación rutinaria. Según las autoridades japonesas, es la primera intervención coordinada entre ambos países para sostener el yen desde 1998. Este hecho revela hasta qué punto la depreciación había dejado de ser considerada un simple ajuste del mercado para convertirse en un riesgo económico compartido.
«No dudaremos en realizar nuevas intervenciones coordinadas en el futuro», afirmó Katayama.
El límite de los 163 yenes
Antes de la actuación, el dólar había superado los 163 yenes, un nivel que no se observaba desde mediados de los años ochenta. Tras detectarse las primeras compras, la divisa japonesa recuperó terreno hasta la franja de 157 y llegó posteriormente a aproximarse a los 155,20 yenes por dólar.
La corrección fue contundente, cercana al 5% desde los peores niveles. Sin embargo, una subida tan rápida también demuestra la fragilidad del mercado: cuando las posiciones especulativas están concentradas, una intervención pública puede provocar cierres acelerados y amplificar el movimiento inicial.
Inflación importada
La debilidad del yen supone un problema estructural para Japón. El país depende del exterior para adquirir una parte relevante de su energía, materias primas y alimentos. Cada descenso de la moneda encarece esas importaciones y acaba trasladándose a los costes empresariales y al consumo.
La consecuencia es clara: un yen débil erosiona el poder adquisitivo de los hogares, incluso cuando favorece los ingresos exteriores de los grandes exportadores. En un entorno de energía cara y presión inflacionista, Tokio tenía pocos incentivos para permitir una nueva caída desordenada.
El problema de fondo
La intervención puede frenar la especulación, pero no elimina la causa principal de la depreciación: la diferencia entre los tipos de interés de Japón y Estados Unidos. Aunque el Banco de Japón ha elevado su tasa de referencia hasta el 1%, los activos estadounidenses siguen ofreciendo rendimientos más atractivos.
Ese diferencial alimenta el denominado carry trade: inversores que se financian en yenes a bajo coste para comprar activos denominados en otras monedas. Mientras esa operación continúe siendo rentable, persistirá la presión vendedora sobre la divisa japonesa. La intervención compra tiempo; no garantiza un cambio de tendencia.
Washington cambia el tablero
La participación estadounidense multiplica la credibilidad de la actuación. El Tesoro de Estados Unidos llevaba casi 30 años sin intervenir directamente para apoyar al yen. Su entrada transmite al mercado que Washington considera que la depreciación japonesa ha alcanzado un nivel potencialmente desestabilizador.
Además, el movimiento refleja un interés bilateral. Un dólar excesivamente fuerte perjudica la competitividad de las exportaciones estadounidenses, mientras que un yen hundido aumenta la tensión comercial. La coordinación permite presentar la operación como una medida de estabilidad financiera, no como una devaluación competitiva encubierta.
La amenaza de nuevas compras
Japón ya había destinado 11,73 billones de yenes —unos 63.000 millones de euros— a intervenciones efectuadas entre abril y mayo. Aquellas operaciones impulsaron temporalmente la moneda desde las 160 unidades por dólar hasta aproximadamente 155, pero su efecto terminó diluyéndose.
El precedente obliga a mantener la cautela. Sin modificaciones duraderas en la política monetaria, el mercado podría volver a poner a prueba a Tokio. Lo más grave para los inversores que apuestan contra el yen es que ahora no se enfrentan únicamente al Banco de Japón, sino también a la capacidad operativa del Tesoro estadounidense.
Un cortafuegos, no una solución
La intervención ha establecido una línea defensiva alrededor de los 160-163 yenes por dólar, pero su eficacia dependerá de la continuidad de la coordinación y de las decisiones futuras sobre los tipos de interés.
El diagnóstico es inequívoco: Tokio ha ganado margen y ha enviado una señal poderosa, aunque el desequilibrio monetario permanece. Si el yen vuelve a acercarse a sus mínimos, el mercado ya conoce la respuesta probable. Japón y Estados Unidos han demostrado que están dispuestos a comprar yenes juntos y a elevar el coste de desafiarles.