Japón eleva los tipos al 1% ante el riesgo inflacionista

Banco de Japón

Las actas del Banco de Japón revelan un respaldo casi unánime al endurecimiento monetario, pese al temor a que Oriente Próximo golpee la producción y el empleo.

El Banco de Japón aprobó en junio elevar su tipo de interés de referencia hasta el 1%, el nivel más alto en aproximadamente tres décadas. La decisión salió adelante por siete votos frente a uno, según las actas publicadas este miércoles.

La mayoría del consejo considera que la inflación subyacente podría superar de forma persistente el objetivo institucional del 2%. El giro supone un paso decisivo en la retirada de una política monetaria excepcionalmente expansiva y anticipa nuevas subidas si los salarios, los precios y la actividad económica evolucionan según las previsiones.

Un tipo de interés desconocido durante tres décadas

La subida de 25 puntos básicos, hasta el 1%, sitúa el precio oficial del dinero en su cota más elevada desde mediados de los años noventa. No es un movimiento menor para una economía que pasó buena parte de las últimas décadas combatiendo la deflación con tipos próximos a cero, compras masivas de deuda y estímulos extraordinarios.

El cambio revela que el principal temor del banco central ya no es únicamente una recaída de la demanda, sino que las presiones inflacionistas terminen arraigando. La institución quiere evitar que el crecimiento de los precios, alimentado por la energía, las importaciones y los salarios, se aleje de su mandato.

El diagnóstico de la mayoría es inequívoco: mantener unas condiciones financieras demasiado flexibles podría agravar el problema.

Siete votos frente a uno

La votación dejó una imagen de amplio consenso. Siete de los ocho miembros respaldaron la subida, mientras que Toichiro Asada fue el único consejero contrario a la decisión. El resultado confirma que la normalización monetaria ha dejado de ser una hipótesis para convertirse en la línea central de actuación del Banco de Japón.

Las actas muestran que los defensores del incremento no reaccionaron solo a la inflación observada. Su preocupación se concentra en la evolución de la inflación subyacente, aquella que refleja tendencias más persistentes y no únicamente oscilaciones temporales de determinados productos.

Los consejeros también coincidieron en que serían apropiados nuevos aumentos si la economía, los precios y las condiciones financieras avanzan conforme al escenario central diseñado por la institución.

El riesgo de superar el objetivo del 2%

El objetivo oficial de inflación se mantiene en el 2%, pero parte del consejo teme que las presiones internas puedan llevarla por encima de esa referencia durante más tiempo del previsto.

La subida de los salarios, la traslación de los costes empresariales a los consumidores y la debilidad del yen forman una combinación especialmente delicada. Una moneda depreciada encarece las compras de energía, alimentos y materias primas, reduciendo el poder adquisitivo de los hogares.

El contraste con el pasado resulta notable. Durante años, Japón intentó generar inflación mediante estímulos monetarios. Ahora debe impedir que esa misma inflación escape a su control. El Banco de Japón ha pasado de combatir la caída de los precios a vigilar un posible recalentamiento.

Oriente Próximo divide al consejo

Asada justificó su voto contrario por los riesgos derivados de la situación en Oriente Próximo. En su opinión, las amenazas para la producción y el empleo podían ser superiores a la presión alcista sobre los precios.

La objeción apunta al principal dilema del banco central. Un encarecimiento del petróleo eleva la inflación importada, pero también golpea los márgenes empresariales, debilita el consumo y puede frenar la actividad. Subir los tipos en ese contexto ayuda a contener los precios, aunque incrementa el coste de financiación cuando la economía se encuentra expuesta a una perturbación exterior.

La misma crisis energética que recomienda endurecer la política monetaria también aconseja actuar con cautela.

El yen aumenta la presión

La evolución de la divisa añade urgencia al debate. La debilidad del yen encarece las importaciones y amplifica las presiones inflacionistas, especialmente en una economía dependiente de las compras exteriores de energía y materias primas.

Unos tipos más altos pueden reducir la diferencia de rentabilidad respecto a otras grandes economías y apoyar a la moneda japonesa. Sin embargo, también encarecen las hipotecas, el crédito empresarial y la financiación de una deuda pública especialmente elevada.

La consecuencia es clara: cada decisión monetaria tendrá efectos más intensos que durante la etapa de tipos negativos.

Nuevas subidas sobre la mesa

El Banco de Japón ha dejado abierta la posibilidad de continuar elevando los tipos si la actividad económica, los precios y las condiciones financieras evolucionan conforme a sus previsiones.

La institución deberá equilibrar tres fuerzas: una inflación que amenaza con superar el objetivo, un yen vulnerable y una economía expuesta al coste de la energía. Un endurecimiento demasiado lento podría alimentar nuevas tensiones sobre los precios, mientras que una subida acelerada dañaría el consumo, la inversión y el empleo.

Japón abandona definitivamente la excepcionalidad monetaria. La cuestión ya no es si habrá más endurecimiento, sino cuánto podrá subir los tipos sin debilitar el crecimiento.