La decisión del Banco de Corea impulsa Seúl y contrasta con la debilidad persistente de China y Hong Kong

Kospi se dispara más de un 3% mientras Asia se parte en dos

UNSPLASH / LOBOSTUDIO HAMBURG

La sesión asiática de este jueves ha dejado una imagen clara de la fractura que recorre los mercados del continente. Mientras el Kospi surcoreano se ha disparado alrededor de un 3,7% tras la decisión del Banco de Corea de mantener los tipos en el 2,50%, el resto de la región ha mostrado un tono mucho más desigual. Japón ha celebrado un nuevo hito histórico con el Nikkei 225 superando por primera vez los 59.000 puntos, pero el ánimo no ha contagiado a todos: Hong Kong volvía a ceder terreno y las bolsas chinas seguían atrapadas en su propia crisis de confianza. La consecuencia es clara: los inversores empiezan a distinguir con nitidez entre las economías asiáticas que se benefician del ciclo tecnológico y del reordenamiento de las cadenas de suministro, y las que siguen atrapadas en sus desequilibrios internos.

El rally coreano tras la decisión del Banco de Corea

El movimiento más llamativo de la jornada ha llegado desde Seúl. El Kospi Composite ha llegado a subir un 3,69%, en una reacción que combina sorpresa, reposicionamiento técnico e interpretación optimista de la política monetaria. El Banco de Corea optó por mantener el tipo oficial en el 2,50%, nivel en el que se encuentra desde hace meses, pero el mensaje implícito ha sido leído por el mercado como una señal de estabilidad en un entorno global en el que la Reserva Federal sigue retrasando la bajada de tipos.

Lo relevante no es solo la foto del día, sino el giro de narrativa. Corea del Sur se consolida como uno de los grandes beneficiados del nuevo ciclo de chips, inteligencia artificial y reindustrialización tecnológica. Las grandes tecnológicas y fabricantes de semiconductores, muy ponderados en el índice, han amplificado el movimiento. “Seúl se está convirtiendo en un barómetro adelantado del apetito global por riesgo tecnológico”, señalan analistas locales. El contraste con China, donde el sector tecnológico sigue lastrado por la regulación y la falta de visibilidad, resulta cada vez más evidente.

Índice Korea Composite Stock Price

Nikkei en máximos históricos: la palanca del yen débil

En Tokio, el Nikkei 225 avanzaba en torno a un 0,23% y cruzaba por primera vez el umbral de los 59.000 puntos, con un máximo intradía cercano a los 59.199 puntos. No se trata de un rebote puntual, sino de la prolongación de un rally que ha situado al mercado japonés entre los más alcistas del mundo en los últimos trimestres. El motor sigue siendo doble: por un lado, la debilidad persistente del yen; por otro, la presión internacional para mejorar el gobierno corporativo y la rentabilidad para el accionista.

El dólar se cambiaba en torno a los 156 yenes, con una caída diaria de apenas un 0,24%, pero lejos de revertir la tendencia de fondo: una moneda históricamente débil que favorece la competitividad de los exportadores y mejora los beneficios en términos de divisa local. Este hecho revela una paradoja incómoda para el Banco de Japón: cada punto adicional de subida en la bolsa se apoya en un tipo de cambio que alimenta la irritación de Estados Unidos y el resto del G7. Sin embargo, el mercado descuenta que cualquier giro agresivo en la política monetaria seguiría siendo gradual, y eso mantiene el apetito por riesgo en Tokio.

Nikkei Stock Average, Nikkei 225

Hong Kong y China, el reverso del optimismo asiático

Mientras Corea y Japón se apoyan en el ciclo tecnológico y la debilidad de sus monedas, Hong Kong volvía a moverse en negativo, con caídas cercanas al 0,95%, reflejando un sentimiento mucho más frágil. En paralelo, en la China continental el Shanghai Composite cedía un 0,18%, mientras que el Shenzhen Composite apenas lograba avanzar un 0,14%, un movimiento que encaja mejor con un mercado a la defensiva que con un rally sostenido.

El diagnóstico es inequívoco: los inversores siguen descontando crecimientos más débiles, problemas en el sector inmobiliario y una confianza empresarial deteriorada. Cada anuncio de estímulo desde Pekín se percibe como insuficiente o demasiado específico, sin un plan integral que devuelva credibilidad al modelo de crecimiento. “El mercado chino no está barato, está cuestionado”, resumen gestores asiáticos. La consecuencia es clara: parte del capital internacional que históricamente veía Asia a través del prisma China-Hong Kong ha redirigido flujos hacia Seúl, Tokio o incluso India, acentuando la brecha de valoración.

Australia, el socio silencioso que se beneficia del reordenamiento

En paralelo, el S&P/ASX 200 australiano cerró la sesión con un avance cercano al 0,51%, un movimiento moderado en comparación con el rally coreano, pero significativo en la foto de conjunto. Australia se ha convertido en uno de los grandes beneficiados indirectos del reordenamiento de cadenas de suministro y de la transición energética. Su peso en materias primas críticas —desde el litio hasta el gas natural— le permite capitalizar tanto la demanda china como la occidental.

Lo más relevante para los inversores europeos es que Australia se ha posicionado como activo refugio regional: mercado desarrollado, marco regulatorio estable y fuerte exposición a la demanda asiática. En un contexto de volatilidad en China y Hong Kong, muchos fondos globales de renta variable Asia-Pacífico han incrementado el peso de Australia y Japón para mantener exposición a la región reduciendo el riesgo político y regulatorio. De nuevo, el contraste con la deriva regulatoria en Pekín y la incertidumbre sobre el sector privado chino resulta demoledor.

Divisas, tipos y el nuevo mapa de riesgo en Asia

El comportamiento de las bolsas no puede entenderse sin el telón de fondo de los tipos de interés y del mercado de divisas. Con el Banco de Corea anclando su tipo en el 2,50% y el Banco de Japón manteniendo condiciones financieras ultraexpansivas, Asia sigue jugando con un diferencial de tipos favorable respecto a la Fed y al BCE, pero con matices. Un yen débil y un won relativamente más estable dibujan escenarios de riesgo diferentes para las empresas exportadoras y para los flujos de capital.

La leve caída del dólar frente al yen hasta la zona de 156 no cambia el cuadro general: la presión sobre Tokio para evitar una depreciación desordenada de su moneda va en aumento, mientras los mercados especulan con una posible intervención verbal o incluso directa si se superan determinados niveles psicológicos. En paralelo, los bancos centrales asiáticos vigilan el impacto de un dólar aún fuerte sobre la inflación importada y la deuda en divisa extranjera de sus empresas. “El margen para errores de política monetaria es mínimo”, advierten distintos economistas.