Kraken congela su IPO ante el peor enemigo: la volatilidad
El exchange, valorado en 20.000 millones de dólares, prefiere esperar a una ventana menos hostil pese a haber dejado prácticamente preparado su salto a Wall Street.
20.000 millones de valoración, 800 millones recién captados y un borrador del S-1 ya remitido a la SEC no han bastado para apretar el botón definitivo. Kraken, una de las mayores plataformas de criptomonedas del mercado, ha optado por aplazar su salida a bolsa y esperar a un entorno menos agresivo para los activos de riesgo. La decisión no implica renunciar al parqué, sino asumir algo mucho más incómodo para cualquier candidato a cotizar: que tener tamaño, caja y marca ya no garantiza una buena colocación. Lo decisivo ahora es otra cosa. La estabilidad del mercado. Y eso, en cripto, sigue siendo el bien más escaso.
Un plan que se enfría en la recta final
La señal más importante no es que Kraken haya pisado el freno, sino cuándo lo ha hecho. Payward, la sociedad matriz del grupo, anunció el 19 de noviembre de 2025 la presentación confidencial de su borrador de registro en Formulario S-1 ante la SEC, dejando claro además que la operación sólo seguiría adelante tras la revisión del supervisor y “sujeta a condiciones de mercado y otras condiciones”. Apenas un día antes, la firma había comunicado una captación de 800 millones de dólares en dos tramos y una inversión estratégica posterior de 200 millones por parte de Citadel Securities a una valoración de 20.000 millones. Es decir, Kraken no estaba improvisando ni tanteando el terreno: había activado formalmente el proceso y había reforzado balance para llegar a la salida con músculo financiero. Precisamente por eso, el aplazamiento adquiere más relevancia. Cuando una empresa preparada decide esperar, el mensaje no es de debilidad operativa; es de desconfianza hacia el precio que el mercado está dispuesto a pagar hoy.
De la carrera por cotizar al freno estratégico
En realidad, la idea de una salida a bolsa inminente llevaba meses circulando. En marzo de 2025 ya trascendió que Kraken estudiaba debutar en el primer trimestre de 2026, aprovechando un clima regulatorio algo más favorable en Estados Unidos. Sin embargo, la propia dirección dejó claro muy pronto que no estaba dispuesta a correr por inercia. Arjun Sethi, co-CEO del grupo, insistió en marzo de 2025 en que la empresa estaba “lista” para valorar esa opción, pero sin una fecha cerrada y sin urgencia. Meses después, con más compañías cripto acercándose al mercado, el mensaje no cambió: “We have enough capital on our balance sheet today as a private company. We don’t race to the door as quickly as possible”. Lo relevante de esa frase es que desmonta el relato habitual del sector. Kraken no necesita cotizar para sobrevivir ni para financiar pérdidas. Puede esperar. Y cuando una empresa puede esperar, suele hacerlo hasta que la ventana de valoración, liquidez y narrativa le resulta claramente favorable.
Un negocio sólido, pero rehén del ciclo
Lo más incómodo para el mercado es que Kraken llega a esta pausa con unos números que, sobre el papel, justifican ambición bursátil. La compañía informó de 1.600 millones de dólares de ingresos ajustados en 2024, un alza del 138% interanual, junto con 421 millones de EBITDA ajustado, 42.800 millones en activos de clientes y 665.000 millones en volumen total negociado. Ya en Q1 de 2025, en un contexto más blando para el mercado, registró aproximadamente 492 millones de ingresos ajustados y 185 millones de EBITDA, con un crecimiento del 29% en volumen negociado frente al año anterior. Y en Q3 de 2025 volvió a acelerar: 648 millones de ingresos ajustados, 178,6 millones de EBITDA, margen del 27,6%, 59.300 millones en activos en plataforma y 5,2 millones de cuentas financiadas. El diagnóstico es inequívoco: Kraken no aplaza por falta de negocio. Aplaza porque incluso un negocio rentable puede salir mal parado si se presenta ante un mercado que descuenta miedo, no crecimiento.
La volatilidad que destruye ventanas de colocación
Este miércoles 18 de marzo de 2026, Bitcoin cotizaba en torno a 71.217 dólares, con una caída diaria del 3,8%, mientras Coinbase retrocedía también cerca de un 3,8% en Wall Street. No es un matiz menor: cuando el activo de referencia del sector y el principal comparable bursátil se mueven a la baja el mismo día, la conversación ya no gira en torno a crecimiento, sino a sensibilidad al riesgo. A eso se suma un entorno macro especialmente incómodo, con el mercado pendiente de la Reserva Federal y con la tensión geopolítica en Oriente Próximo elevando el precio de la energía y el nerviosismo global. La consecuencia es clara. Una OPV no se decide sólo con estados financieros; se decide con apetito. Y el apetito desaparece cuando el inversor teme comprar un relato brillante que pueda quedar desmentido por la siguiente sacudida del bitcoin, del petróleo o de los tipos de interés. En ese contexto, esperar no es cobardía. Es defensa del precio.
El regulador ya no es el principal problema
Paradójicamente, Kraken llega a este frenazo en el mejor momento regulatorio de los últimos años para la compañía. La SEC anunció el 27 de marzo de 2025 la desestimación, con carácter definitivo, de su acción civil contra Payward, en una decisión que el propio supervisor vinculó a su cambio de enfoque sobre la industria cripto. Ese movimiento eliminó uno de los mayores obstáculos reputacionales y jurídicos para cualquier aspiración bursátil del grupo. De hecho, fue uno de los catalizadores que reactivaron la narrativa de una salida a bolsa en 2026. Sin embargo, este hecho revela algo importante: despejar el frente regulatorio no basta cuando el problema se traslada al mercado secundario. Kraken ya no parece temer tanto a Washington como a la pantalla de cotización del día uno. Dicho de otro modo, la empresa ha dejado de pelear por el permiso para cotizar y ha pasado a pelear por algo más difícil: cotizar sin regalar valor en un momento de mercado hostil.
La lección de Coinbase y el miedo a debutar mal
El contraste con otros precedentes resulta demoledor. Coinbase abrió la gran puerta de Wall Street para el sector con su direct listing de abril de 2021, en pleno fervor por los criptoactivos y con el mercado dispuesto a pagar múltiplos extraordinarios por cualquier historia de crecimiento ligada al bitcoin. Kraken ha tenido años para estudiar esa experiencia y extraer una lección evidente: debutar en bolsa no consagra un modelo; lo expone cada trimestre. Hoy, Coinbase vale en mercado alrededor de 86.700 millones de dólares, pero su acción sigue funcionando como termómetro inmediato del humor cripto y de la volatilidad del negocio. Para Kraken, la comparación es útil y peligrosa al mismo tiempo. Útil, porque confirma que existe apetito estructural por plataformas de escala. Peligrosa, porque también demuestra que la condición de cotizada obliga a explicar cada bache del ciclo en tiempo real. Y Kraken, a la vista de su decisión, prefiere evitar un estreno que la condene desde el minuto uno a justificar caídas ajenas a su ejecución.