Lagarde se va antes de tiempo y deja al BCE en vilo
La presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, está preparando su salida anticipada del cargo, antes de que expire su mandato de ocho años en octubre de 2027, según ha revelado el diario británico Financial Times citando a una fuente conocedora de sus planes. El objetivo sería abandonar Fráncfort antes de las presidenciales francesas de abril de 2027, para dar margen a los jefes de Estado y de Gobierno a pactar su sucesión sin la presión de una posible victoria de la extrema derecha en París. La noticia llega tras años de tensión monetaria, con una inflación que rozó el 11% en la eurozona en 2022 y un ciclo de subidas de tipos sin precedentes en la historia del euro.
Un relevo adelantado en el corazón del euro
La presidencia del Banco Central Europeo está diseñada como un mandato único de ocho años no renovables, precisamente para blindarla del ciclo político. Lagarde lo inició el 1 de noviembre de 2019; su término natural sería el 31 de octubre de 2027. Sin embargo, la filtración apunta a que dejará el cargo meses antes, en una decisión que combina cálculo institucional y calendario político.
No sería la primera vez que un presidente del BCE abandona antes de tiempo. El primer titular del puesto, Wim Duisenberg, acordó retirarse tres años antes del final de su mandato, en julio de 2003, para facilitar un relevo pactado con los gobiernos. Ese precedente pesa ahora sobre la figura de Lagarde, que ya dejó prematuramente el Fondo Monetario Internacional para mudarse a Fráncfort en 2019. El diagnóstico es inequívoco: el BCE vuelve a convertirse en tablero de negociación política europea justo cuando los mercados buscan continuidad y previsibilidad.
El calendario político que precipita la decisión
Detrás del movimiento está, sobre todo, París. El presidente francés Emmanuel Macron no podrá presentarse a un tercer mandato, pero quiere dejar atado el nombre del próximo guardián del euro antes de abandonar el Elíseo. La salida anticipada de Lagarde, antes de las presidenciales de abril de 2027, le permitiría hacerlo en coordinación con el actual canciller alemán, Friedrich Merz, en un momento de recomposición del eje franco-alemán.
La razón de fondo es el temor a un cambio de ciclo político en Francia. Encuestas recientes apuntan a que la líder de extrema derecha Marine Le Pen y su delfín, Jordan Bardella, parten con una posición muy competitiva para 2027. Un eventual Elíseo controlado por Reagrupamiento Nacional podría intentar condicionar el perfil del próximo presidente del BCE, o al menos bloquear consensos. La consecuencia es clara: las capitales europeas prefieren adelantar el relevo ahora, con gobiernos conocidos y relativamente previsibles, que arriesgarse a una negociación en un escenario mucho más polarizado.
Un mandato marcado por la inflación y las subidas de tipos
Lagarde heredó un BCE atrapado en los tipos negativos y la amenaza de deflación. Apenas unos meses después llegó la pandemia, el desplome del PIB y la puesta en marcha de programas de compras de deuda por valor de billones de euros, que estabilizaron la prima de riesgo de países como Italia o España. Cuando la economía empezaba a normalizarse, la invasión rusa de Ucrania disparó los precios de la energía y llevó la inflación de la eurozona hasta casi el 11% en octubre de 2022, forzando un giro de 180 grados.
Bajo su presidencia, el BCE elevó el tipo de depósito desde el -0,50% hasta el entorno del 4% en poco más de un año, la subida más agresiva de su historia reciente, antes de iniciar recortes graduales cuando la inflación se acercó de nuevo al objetivo del 2%. Sus defensores destacan que logró frenar la escalada de precios evitando una recesión profunda; sus críticos le reprochan haber llegado tarde tanto al inicio como al final del ciclo de subidas, dañando a hogares endeudados y a gobiernos con elevada deuda pública. En cualquier caso, el balance de su mandato quedará íntimamente ligado a ese episodio de inflación descontrolada y a la gestión de las tensiones en los mercados de deuda soberana.
La carrera por la sucesión: nombres y equilibrios
El artículo del FT sitúa ya a varios candidatos en la línea de salida: el gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos; el holandés Klaas Knot; la alemana Isabel Schnabel, miembro del Comité Ejecutivo del BCE, y el presidente del Bundesbank, Joachim Nagel. La lista refleja la tensión clásica entre países del norte, partidarios de una línea monetaria más dura, y los del sur, que priorizan la estabilidad de la deuda y la financiación de la inversión pública.
“La elección del próximo presidente del BCE será leída en los mercados como una señal inmediata sobre la futura trayectoria de tipos y la tolerancia hacia la fragmentación financiera”, admiten en privado fuentes de varios bancos de inversión europeos. Un perfil continuista podría limitar la volatilidad a corto plazo; un candidato percibido como más agresivo en la lucha contra la inflación o más reacio a programas de compra de deuda podría provocar un rápido repunte de primas en Italia, España o Grecia. Lo que está en juego, de nuevo, es el delicado equilibrio entre disciplina y solidaridad en la arquitectura del euro.
Un BCE rodeado de salidas anticipadas
La posible marcha de Lagarde se suma a otra renuncia adelantada clave: la del gobernador del François Villeroy de Galhau, que dejará el Banco de Francia en junio de 2026, 18 meses antes de lo previsto inicialmente. El resultado es un auténtico dominó de nombramientos en el núcleo del sistema financiero europeo en apenas dos años, que también afectará a varios asientos del Comité Ejecutivo del BCE.
Este hecho revela un proceso de politización soterrada de los órganos monetarios, en un momento en que los bancos centrales están bajo presión por su papel en la lucha contra el cambio climático, la regulación de las finanzas verdes y el diseño de monedas digitales. Los gobiernos quieren colocar perfiles alineados con sus prioridades estratégicas antes de que el tablero político cambie. La ironía es evidente: los mandatos largos y no renovables se diseñaron para aislar al BCE del ciclo político, pero las salidas anticipadas y las grandes negociaciones de nombres lo devuelven al centro de la disputa de poder en la Unión.
Mercados en guardia ante un posible giro monetario
Por ahora, las filtraciones hablan solo de intenciones, sin fecha oficial ni comunicado del BCE, que se ha limitado a no comentar la información. Pero los mercados no suelen esperar. Cualquier indicio de calendario, cualquier declaración sobre la duración del mandato o la disponibilidad de los candidatos, será diseccionado hasta el último matiz. Un relevo ordenado, anunciado con meses de antelación y acompañado de un mensaje de continuidad, podría limitar el impacto en las curvas de tipos y en el tipo de cambio del euro.
Sin embargo, un proceso percibido como caótico o excesivamente politizado podría provocar lo contrario. Si el nombramiento se enreda en vetos cruzados y equilibrios geográficos, los inversores podrían empezar a cuestionar la capacidad del BCE para sostener programas como el mecanismo antifragmentación o las reinversiones de su cartera de deuda, que hoy siguen actuando como red de seguridad para países con ratios de deuda superiores al 110% del PIB, como Italia o España. La experiencia con el temprano anuncio de salida de Duisenberg, que generó meses de especulación sobre su sucesor, es un recordatorio de que el vacío de poder nunca es gratuito.