El Nikkei se dispara un 2,8% tras el triunfo de Takaichi
La sesión asiática de este martes ha arrancado con un mensaje claro desde Tokio: los mercados quieren creer en el giro político japonés. El índice Nikkei 225 sube un 2,77% a las 03.35 horas CET, impulsado por la rotunda victoria de Sanae Takaichi en las elecciones anticipadas. El movimiento coloca al selectivo japonés entre los mejores del año en las grandes economías desarrolladas y marca el tono de una jornada en la que Asia cotiza mayoritariamente en verde, con avances más discretos en Australia, China, Hong Kong y Corea del Sur. Al mismo tiempo, el dólar se debilita un 0,19% frente al yen, hasta la zona de los ¥155,58, una corrección modesta pero simbólica tras semanas de presión sobre la divisa japonesa.
Un rally inmediato tras las urnas
El mercado japonés ha reaccionado con la velocidad habitual con la que descuenta los cambios políticos percibidos como favorables al crecimiento. A primera hora europea, el Nikkei 225 avanza un 2,77%, encadenando su mejor arranque diario en varias semanas y empujando a numerosos valores cíclicos y financieros a máximos recientes. Las ganancias se concentran en sectores directamente expuestos al ciclo interno —banca, consumo discrecional y construcción—, que registran subidas de entre el 3% y el 5% en los primeros compases de la sesión, según los datos preliminares del mercado.
La lectura de fondo es clara: los inversores interpretan que la victoria de Takaichi reduce la incertidumbre política y consolida una agenda continuista en materia de estímulos fiscales e incentivos a la inversión privada. “El mercado necesitaba una narrativa clara, y el resultado electoral la ofrece: estabilidad, reforma gradual y apoyo explícito a la competitividad empresarial”, resumen desde una gran gestora asiática.
Sin embargo, este arranque fulgurante tiene también un componente técnico. El Nikkei llega a la sesión con una corrección acumulada cercana al 6% desde sus máximos recientes, lo que había dejado margen para un rebote violento ante cualquier noticia positiva. La consecuencia es un movimiento amplificado, en el que la compra forzada de posiciones cortas y la entrada de dinero sistemático contribuyen a la magnitud del rally.
El contraste con el resto de Asia-Pacífico
El entusiasmo que se respira en Tokio se traslada solo parcialmente al resto de plazas de la región. A las 03.40 horas CET, el S&P/ASX australiano suma un 0,20%, apoyado en el comportamiento defensivo de los grandes valores de materias primas y banca. En China continental, el Shanghai Composite avanza un 0,13%, mientras el Shenzhen Composite permanece prácticamente plano, reflejo de la cautela que sigue dominando entre los inversores ante la debilidad estructural del crecimiento chino y la presión regulatoria sobre varios sectores estratégicos.
Donde el contagio del optimismo japonés resulta más visible es en los mercados más sensibles al flujo internacional de capital. El Hang Seng de Hong Kong sube un 0,94% a las 03.41 horas CET, mientras que el Kospi surcoreano avanza un 0,30%, con especial protagonismo de los grandes exportadores de tecnología y automoción. Estos índices, muy castigados en los últimos meses, aprovechan el tono positivo para consolidar rebotes de entre el 7% y el 10% desde sus mínimos de otoño.
Lo más revelador es el desglose sectorial. Los flujos se dirigen hacia compañías con ingresos en dólares o fuerte exposición al comercio global, lo que sugiere que los inversores interpretan el rally japonés como una señal de mayor apetito por el riesgo en toda la región, más que como un movimiento puramente local. Aun así, el contraste con la fragilidad china resulta demoledor: las bolsas del país apenas consiguen sumarse al impulso regional pese al viento de cola procedente de Tokio.
Por qué Japón entusiasma ahora a los inversores
El mercado no reacciona solo a un resultado electoral, sino a la percepción de que Japón ha entrado en una fase distinta tras décadas de estancamiento. En los últimos años, la combinación de reformas de gobierno corporativo, presión sobre las empresas para mejorar su rentabilidad y un uso más sofisticado de la política fiscal ha elevado la rentabilidad sobre recursos propios (ROE) del índice japonés desde niveles cercanos al 6% a cifras próximas al 10%, según estimaciones de analistas internacionales.
En este contexto, la figura de Sanae Takaichi se interpreta como garantía de continuidad y, al mismo tiempo, de aceleración en algunas reformas clave. Sus mensajes a favor de reforzar los incentivos a la inversión productiva, impulsar la repatriación de beneficios y favorecer la digitalización de la administración encajan con la agenda que los grandes fondos globales esperan de Japón para consolidar su reposicionamiento en las carteras. “Si el nuevo Gobierno logra convertir el rebote de beneficios en crecimiento sostenido, Japón puede seguir recuperando el peso perdido en los índices globales en la próxima década”, apuntan fuentes del mercado.
La consecuencia es clara: cada gesto político que refuerza este relato se traduce en entradas de capital. En lo que va de año, las gestoras internacionales han incrementado su exposición neta a renta variable japonesa en torno a un 15%, desplazando parcialmente posiciones desde Europa y algunos mercados emergentes. Este nuevo episodio de rally postelectoral refuerza esa tendencia.
El papel del yen y la sombra del Banco de Japón
Mientras la renta variable celebra el resultado electoral, el mercado de divisas y de deuda se mueve con mayor prudencia. A la misma hora en que el Nikkei marca su subida del 2,77%, el dólar cae un 0,19% frente al yen, hasta el entorno de ¥155,58. Se trata de un ajuste limitado si se tiene en cuenta la intensa depreciación acumulada por la moneda japonesa en los últimos dos años, superior al 20% frente al billete verde.
Este leve fortalecimiento del yen refleja dos ideas. Primero, la expectativa de que el nuevo Ejecutivo mantenga una coordinación estrecha con el Banco de Japón en el proceso de salida gradual de los tipos ultra bajos y del control de la curva de tipos. Segundo, la percepción de que las autoridades podrían tolerar una moneda algo más fuerte si ello contribuye a contener la inflación importada y mejora el poder adquisitivo de los hogares.
Sin embargo, el diagnóstico es inequívoco: el margen de maniobra sigue siendo estrecho. Una apreciación demasiado rápida del yen podría erosionar la competitividad de los exportadores, justo cuando la economía comienza a dejar atrás el riesgo de deflación crónica. En paralelo, cualquier gesto de endurecimiento monetario mal calibrado podría disparar la rentabilidad de la deuda pública, que se sitúa en torno al 260% del PIB, y tensionar unas cuentas públicas ya de por sí delicadas.