El Nikkei y el Kospi caen ante la amenaza de Trump a Irán

Asia

La amenaza de Trump enfría los mercados de Asia-Pacífico mientras la inflación surcoreana se mantiene en el 2,8% y el dólar escala frente al yen.

Las principales Bolsas de Asia-Pacífico cotizaron este martes con descensos generalizados ante el nuevo episodio de incertidumbre entre Estados Unidos e Irán. El presidente estadounidense, Donald Trump, ha presentado las próximas negociaciones como la «última oportunidad» de Teherán para alcanzar un acuerdo y evitar una intensificación de las operaciones militares.

El mensaje devolvió la cautela a los parqués pese a la reciente caída del petróleo. El Kospi perdió un 0,41%, el Nikkei retrocedió un 0,70% y el Shenzhen se dejó un 1,52%. La excepción fue Australia, donde el S&P/ASX 200 avanzó un 1,20%.

Una tregua demasiado frágil

El mercado intenta valorar dos señales contradictorias. Por un lado, Trump suspendió una ofensiva prevista contra Irán y aseguró que las conversaciones diplomáticas continuarían. Por otro, advirtió de que la paciencia estadounidense se está agotando y condicionó cualquier desescalada a la reapertura del estrecho de Ormuz y a avances en el programa nuclear iraní.

La diplomacia ha reducido el riesgo de un ataque inmediato, pero todavía no ha eliminado la posibilidad de una escalada de consecuencias globales.

Lo más grave para los inversores es la ausencia de una versión compartida. Mientras Washington habla de negociaciones en marcha, representantes iraníes han cuestionado públicamente que exista un diálogo formal. Esa falta de claridad eleva la prima de riesgo y penaliza especialmente a los mercados más expuestos al comercio, la energía y las cadenas industriales.

Asia vuelve a las pérdidas

La reacción bursátil fue mayoritariamente negativa. El Kospi surcoreano cayó un 0,41%, mientras que el Nikkei 225 japonés perdió un 0,70%. En Hong Kong, el Hang Seng retrocedió un 0,53%, reflejando la prudencia de los inversores ante un conflicto capaz de alterar los costes energéticos de toda la región.

En China continental, el Shanghai Composite bajó un moderado 0,14%, pero el Shenzhen Composite amplió las pérdidas hasta el 1,52%. Este contraste revela una mayor presión sobre las compañías tecnológicas, industriales y de menor capitalización.

Australia se desmarcó de la tendencia. Su índice S&P/ASX 200 ganó un 1,20%, apoyado por la composición minera y financiera de su mercado, menos vulnerable a algunos de los ajustes registrados en las Bolsas del noreste asiático.

El petróleo concede un respiro

La tensión bursátil contrasta con el comportamiento reciente del crudo. El Brent llegó a caer alrededor de un 7,3% después de que Trump suspendiera los ataques previstos, mientras el West Texas Intermediate descendió más de un 5%.

La consecuencia es clara: el mercado ha reducido temporalmente el precio de una interrupción inmediata del suministro, pero no ha descartado un bloqueo prolongado del estrecho de Ormuz. Esta vía marítima continúa siendo esencial para las exportaciones energéticas del Golfo y para economías importadoras como Japón, Corea del Sur o China.

Una ruptura de las negociaciones podría invertir rápidamente la caída del petróleo. El encarecimiento del transporte, los fertilizantes y la electricidad regresaría entonces al centro del debate económico.

Corea mantiene la presión inflacionista

La jornada también estuvo marcada por el IPC de Corea del Sur. Los precios aumentaron un 2,8% interanual en julio, frente al 3,2% registrado en junio. En términos mensuales, el índice descendió un 0,2%, aunque la inflación subyacente avanzó hasta el 2,6%.

El dato ofrece una mejora aparente, pero permanece por encima del objetivo del 2% del Banco de Corea. Además, el transporte todavía registra un encarecimiento interanual del 7,7%, mientras el ocio y la cultura suben un 5,5%.

Este hecho revela que la presión no ha desaparecido, sino que se ha desplazado entre partidas. Una nueva subida del crudo dificultaría el control de los precios y obligaría al banco central a mantener unas condiciones monetarias restrictivas durante más tiempo.

El yen pierde terreno

En el mercado de divisas, el dólar avanzó un 0,35% frente al yen, hasta situarse alrededor de los 157,72 yenes. El movimiento refleja la búsqueda de liquidez en dólares, pero también la persistente debilidad de la moneda japonesa.

Un yen depreciado mejora la competitividad exterior de las grandes exportadoras niponas. Sin embargo, también encarece las importaciones de gas, petróleo y materias primas. El contraste resulta demoledor para una economía que depende intensamente del suministro energético exterior.

Si la tensión con Irán vuelve a elevar el barril, Japón podría afrontar simultáneamente una divisa débil, mayores costes de producción y un descenso del consumo interno.

El riesgo que vigilan los inversores

El diagnóstico es inequívoco: las Bolsas asiáticas no están descontando todavía una guerra abierta, pero tampoco creen en una normalización inmediata. La volatilidad dependerá ahora de la credibilidad de las conversaciones y de la capacidad de Washington y Teherán para alcanzar compromisos verificables.

Los sectores tecnológicos y manufactureros serán los primeros en sufrir si aumentan los costes energéticos. Las aerolíneas, las navieras y las empresas químicas también quedarían expuestas. En cambio, petroleras, compañías de defensa y productores de materias primas podrían beneficiarse de una nueva escalada.

La aparente calma del crudo no equivale a estabilidad. Asia vuelve a comprobar que cualquier amenaza sobre Ormuz puede trasladarse en cuestión de horas desde los despachos diplomáticos hasta las Bolsas, las divisas y las facturas de millones de hogares.