El Nikkei lidera las subidas pese al riesgo de guerra

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Las bolsas asiáticas avanzan mientras el mercado descuenta la respuesta iraní contra bases estadounidenses y una inflación china del 1,0%.

Las bolsas de Asia-Pacífico cerraron mayoritariamente al alza este jueves pese a la escalada militar entre Estados Unidos e Irán, un movimiento que revela hasta qué punto los inversores han empezado a convivir con el riesgo geopolítico como parte estructural del mercado. Washington lanzó ataques contra Irán y Teherán respondió señalando instalaciones estadounidenses en Bahréin, Kuwait, Jordania y Qatar. Sin embargo, el pánico no dominó la sesión. El Nikkei japonés repuntó con fuerza, China resistió y Corea del Sur avanzó. La excepción fue Australia, más expuesta al ciclo de materias primas y a la aversión defensiva.

Un mercado que compra riesgo

El dato más llamativo fue Japón. El Nikkei 225 avanzó un 2,04% a primera hora europea, una subida difícil de explicar solo por factores domésticos. Este comportamiento sugiere que parte del mercado interpreta la tensión en Oriente Medio como un episodio grave, pero todavía contenido.

Lo más relevante no es que haya incertidumbre, sino que no haya provocado una huida masiva hacia activos refugio. El dólar cotizó prácticamente plano frente al yen, en torno a 162,45 yenes, una señal de calma relativa. En otros episodios de tensión bélica, la divisa japonesa suele actuar como refugio inmediato. Esta vez, el movimiento fue mucho más tibio.

China aporta estabilidad

China también ofreció un punto de apoyo a la sesión. El IPC chino subió un 1,0% interanual en junio, un dato modesto, pero suficiente para rebajar los temores más extremos sobre una deflación persistente. No es una señal de fortaleza exuberante, aunque sí de cierta estabilización.

En la China continental, el Shanghai Composite ganó un 0,11% y el Shenzhen Composite avanzó un 0,34%. Son avances discretos, pero significativos en un contexto internacional dominado por titulares bélicos. El diagnóstico es claro: el inversor no ve todavía un choque capaz de alterar por completo el flujo de liquidez asiático.

Hong Kong y Seúl resisten

Hong Kong acompañó el tono positivo con un avance del 0,50% en el Hang Seng. La plaza financiera mantiene una sensibilidad elevada a China, a los tipos globales y al apetito por riesgo, por lo que su subida añade una lectura relevante: el dinero no está abandonando Asia de forma indiscriminada.

Corea del Sur mostró incluso mayor fortaleza. El Kospi Composite subió un 1,27%, apoyado por el peso de la tecnología y la expectativa de que la demanda global de semiconductores siga sosteniendo valoraciones. En este punto, el contraste resulta evidente: mientras el riesgo militar presiona al petróleo y a la geopolítica, la tecnología continúa actuando como refugio de crecimiento.

Australia queda rezagada

La única gran excepción regional fue Australia. El S&P/ASX 200 cayó un 0,55%, reflejando una lectura más prudente del entorno. Su mercado está muy condicionado por bancos, mineras y materias primas, sectores que pueden sufrir cuando el inversor duda sobre el ciclo global.

Este hecho revela una fractura dentro de Asia-Pacífico. No todos los índices están leyendo la crisis de la misma forma. Japón y Corea compran expectativa tecnológica; China descuenta estabilización; Australia, en cambio, acusa más el temor a un deterioro de la demanda mundial. La región sube, pero no de manera homogénea.

El riesgo energético vuelve al centro

La clave está en el Golfo. La respuesta iraní contra enclaves vinculados a Estados Unidos en cuatro países introduce un riesgo evidente para las rutas energéticas, especialmente si la escalada alcanza infraestructuras críticas o estrechos de paso marítimo. De momento, los mercados parecen asumir que el conflicto seguirá delimitado.

Sin embargo, lo más grave sería una interrupción sostenida del suministro. Asia depende en gran medida del petróleo de Oriente Medio, y cualquier encarecimiento prolongado impactaría en inflación, márgenes empresariales y balanzas comerciales. Un barril más caro puede convertirse en un impuesto silencioso sobre el crecimiento asiático.

La calma puede ser provisional

El comportamiento de la sesión no implica ausencia de riesgo. Más bien muestra un mercado entrenado para reaccionar primero con cálculo y después con miedo, solo si los hechos empeoran. La consecuencia es clara: mientras no haya cierre de rutas energéticas ni daño severo a instalaciones estratégicas, las bolsas pueden seguir mirando a tipos, inflación y tecnología.

Pero el equilibrio es frágil. Una nueva oleada de ataques, sanciones energéticas o daños a bases estadounidenses podría cambiar el tono en cuestión de horas. Por ahora, Asia ha elegido subir. No porque ignore la tensión, sino porque todavía no ve una crisis sistémica. Ese margen, en los mercados, siempre es estrecho.