El Nikkei roza los 58.000 puntos
La sesión asiática de este martes ha confirmado el cambio de régimen en Japón: la bolsa nipona se mueve ya en zona de máximos históricos, con el Nikkei 225 acercándose a los 58.000 puntos y sumando en la jornada en torno a un 2,4%, mientras el resto de plazas de la región acompañan con subidas moderadas. El detonante ha sido la victoria arrolladora de Sanae Takaichi en las elecciones generales, que consolidan a la primera mujer al frente del país con una mayoría casi absoluta del Partido Liberal Democrático (LDP) en la Cámara Baja. Los inversores descuentan ahora un ciclo prolongado de estímulos fiscales, rebajas selectivas de impuestos y reformas pro-empresa, en un contexto en el que la moneda japonesa se mantiene débil, en torno a los 155 yenes por dólar, pese a un reciente rebote. Sin embargo, la euforia bursátil convive con señales de alerta: beneficios en caída en gigantes como Honda Motor, repunte de las rentabilidades de la deuda y un recuerdo incómodo: el estallido de la burbuja japonesa de los años 90.
Un récord histórico impulsado por la política
El rally del Nikkei no es un simple movimiento técnico. Llega después de que el LDP de Takaichi haya logrado más de dos tercios de los escaños en la Cámara Baja, una mayoría tan amplia que no se veía desde la posguerra y que otorga a la primera ministra un margen de maniobra inédito para aprobar su agenda económica.
En las dos últimas sesiones, el índice ha subido más de un 6%, superando por primera vez la cota de los 57.000 puntos y dejando atrás cualquier referencia a los máximos de la burbuja de 1989. El Topix, más representativo del conjunto del mercado, acumula también avances superiores al 2%, lo que revela que el movimiento no se limita a un puñado de grandes valores.
El mensaje que descuenta el mercado es claro: más gasto, más rebajas fiscales y un Gobierno proclive a las empresas. Takaichi ha prometido un paquete de estímulo de unos 21 billones de yenes y una suspensión de dos años del impuesto sobre alimentos del 8%, medidas que equivalen aproximadamente a un 3-4% del PIB japonés. La consecuencia inmediata es una mejora de las expectativas de crecimiento… pero también un salto en las dudas sobre la sostenibilidad de la deuda pública, ya por encima del 250% del PIB.
El giro económico de la era Takaichi
Takaichi llega a la jefatura del Gobierno con una reputación de líder conservadora y firme en materia de seguridad, pero también con un discurso económico claramente pro-mercado. Antes de alcanzar el cargo, ocupó carteras clave en los gobiernos de Shinzo Abe y Fumio Kishida, desde donde defendió políticas de incentivos a la inversión y apoyo a la industria tecnológica.
Su programa combina una reducción selectiva de impuestos —empezando por el consumo en bienes básicos— con un aumento del gasto en defensa, transición energética y digitalización de la economía. El diagnóstico es inequívoco: Japón necesita sacudirse tres décadas de crecimiento anémico aprovechando el entorno de tipos reales aún bajos y la presión geopolítica sobre las cadenas de suministro asiáticas.
Lo más significativo, sin embargo, es el respaldo internacional que está recibiendo. El nuevo Gobierno cuenta con el apoyo explícito de Donald Trump, que ve en Takaichi una aliada clave para endurecer la postura frente a China. Para los mercados, esta sintonía con Estados Unidos actúa como un seguro geopolítico: refuerza la alianza militar, garantiza estabilidad en el marco comercial y avala, al menos por ahora, el giro fiscal expansivo.
No obstante, el contraste entre el discurso de estímulo y una economía con pleno empleo y tensiones inflacionistas incipientes alimenta el temor a una nueva forma de “Abenomics” más agresiva, con el riesgo de recalentamiento de activos financieros.
Un rally que contagia a toda Asia
El tirón de la bolsa japonesa se está notando en el resto de la región. Al mismo tiempo que el Nikkei avanzaba en torno al 2,37% en la sesión, el Hang Seng de Hong Kong subía cerca de un 0,5%, el Kospi surcoreano ganaba un 0,6% y la renta variable china se anotaba avances más discretos, con el Shenzhen Composite y el Shanghai Composite ganando en torno al 0,1%.
El efecto dominó es evidente: si la tercera economía del mundo acelera, el comercio intraasiático —desde componentes electrónicos hasta bienes de equipo— se beneficia de forma directa. Las exportadoras coreanas de chips, los fabricantes taiwaneses de semiconductores y los grupos chinos de maquinaria pesada reaccionan a la perspectiva de una demanda japonesa más sólida y de un yen relativamente barato que incentiva el turismo exterior.
Sin embargo, la respuesta de los índices chinos ha sido mucho más tibia. La razón está en el propio modelo: mientras Tokio anuncia estímulos y baja selectiva de impuestos, Pekín sigue atrapado entre la necesidad de apoyar un crecimiento debilitado y el temor a inflar aún más el sector inmobiliario y el endeudamiento local. El contraste con otras regiones resulta demoledor: Japón ofrece ahora la combinación que el mercado quiere oír —reformas, gasto y estabilidad política—, mientras China continúa con un mensaje más ambiguo y menos transparente.
Los riesgos detrás del entusiasmo
La otra cara del rally japonés es menos amable. La deuda pública de Japón es la más alta del mundo desarrollado en términos de PIB, y cualquier ampliación del déficit se produce sobre un nivel de partida extremadamente elevado. Los inversores han reaccionado ya: la rentabilidad del bono a 10 años ha repuntado tras la elección de Takaichi y el anuncio de nuevas medidas de estímulo, reflejando un aumento de la prima de riesgo fiscal.
La cuestión de fondo es si el país puede permitirse un paquete de más de 20 billones de yenes sin desencadenar una pérdida de confianza en su deuda soberana. Por ahora, el colchón lo proporciona un Banco de Japón que sigue manteniendo una política monetaria más laxa que la Reserva Federal o el BCE. Pero el margen se estrecha: con la inflación subyacente por encima del objetivo y salarios al alza, la presión para normalizar tipos será creciente.
“El mercado está premiando hoy la claridad política, pero podría castigar mañana el exceso fiscal si percibe que se repiten los errores de la década de 1990”, advierte un gestor de renta fija asiática consultado por este diario. La consecuencia es clara: la bolsa celebra la victoria de Takaichi, pero la curva de tipos empieza a poner límites al optimismo.
Honda, primera prueba de fuego para la euforia bursátil
Mientras el Nikkei marca máximos, los resultados empresariales empiezan a dibujar un panorama menos festivo. Honda Motor ha comunicado una caída superior al 60% en su beneficio operativo trimestral, encadenando cuatro descensos interanuales consecutivos, presionada por los aranceles en Estados Unidos y por el frenazo del mercado de vehículos eléctricos.
La compañía mantiene, eso sí, una previsión de beneficio operativo de 550.000 millones de yenes para el ejercicio que concluye en marzo de 2026, menos de la mitad de los 1,21 billones del año anterior. Ha elevado además su estimación de ventas hasta unos 21,1 billones de yenes y anunciado la amortización de en torno al 14% de sus acciones, una señal de disciplina de capital que el mercado valora.
Este contraste —beneficios en retroceso, pero políticas de retribución al accionista ambiciosas— se está repitiendo en otros grupos industriales. El diagnóstico es delicado: la bolsa descuenta una recuperación rápida del ciclo y un impulso fiscal sostenido, mientras los resultados todavía reflejan márgenes presionados y costes de transición tecnológica elevados. Si esta divergencia se prolonga, el riesgo es que el Nikkei entre en una fase de corrección brusca ante cualquier sorpresa negativa.
El yen se mueve, los bonos avisan
La divisa japonesa es el otro gran termómetro del nuevo escenario. En la sesión descrita, el dólar retrocedía en torno a un 0,36% frente al yen, situándose cerca de los 155,3 yenes, todavía un nivel históricamente débil para la moneda nipona. Una combinación de expectativas de estímulo fiscal, dudas sobre la trayectoria de tipos del Banco de Japón y posibles intervenciones en el mercado de divisas explica estos vaivenes.
Para las empresas exportadoras, un yen débil sigue siendo un viento de cola: mejora la competitividad de las ventas al exterior y aumenta el valor de los beneficios repatriados. Pero, para los hogares, implica mayores costes de importación en energía y alimentos, precisamente los capítulos que el Gobierno quiere aliviar con la suspensión temporal del impuesto sobre el consumo.
En paralelo, los rendimientos de los bonos soberanos a 10 años han escalado por encima del 2,2%, marcando máximos de ciclo y reflejando que los inversores ya exigen una compensación adicional por el riesgo fiscal. Si el Banco de Japón se ve obligado a relajar todavía más su control sobre la curva de tipos, el equilibrio entre bolsa, divisa y deuda puede volverse inestable, con episodios de volatilidad cruzada que impacten en fondos globales muy expuestos a activos japoneses.