El oro corrige un 1% tras calmarse la tensión con Irán
La sesión de este viernes dejó una imagen poco habitual en los mercados de materias primas. El oro, refugio por excelencia en tiempos de incertidumbre, llegó a caer un 1,3%, hasta rondar los 4.546 dólares por onza, arrastrando consigo a la plata, el platino y el paladio. El detonante fue la creciente sensación de que se aleja, al menos de momento, una escalada militar en Oriente Próximo, después de que diversos medios recogieran que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, habría trasladado a Irán que no lanzará ataques si el régimen frena las ejecuciones de manifestantes. Con el miedo geopolítico en retirada, parte del capital que había huido hacia los activos refugio comenzó a deshacer posiciones y a buscar de nuevo rentabilidad en bolsa y crédito.
Un giro brusco en el refugio clásico
El movimiento del oro en las últimas horas ilustra hasta qué punto el mercado está gobernado por los titulares geopolíticos. Según los datos difundidos por baha news, el metal amarillo llegó a marcar mínimos intradía en torno a 4.546,22 dólares por onza, con una caída máxima del 1,3%, antes de moderar parte del descenso y situarse de nuevo cerca de los 4.585 dólares, lo que se traduce en un retroceso cercano al 0,5% al cierre. La oscilación intradía supera el 2% en menos de dos horas, una volatilidad significativa para un activo que muchos inversores consideran seguro.
Este hecho revela que el oro ya no se comporta solo como un “seguro” contra el riesgo, sino también como un activo muy apalancado al relato político. Después de semanas en las que el precio había encadenado subidas y coqueteado con máximos históricos por encima de los 4.700 dólares, cualquier señal de distensión provoca ventas aceleradas. En cuestión de días, la onza ha llegado a perder más de un 3% desde sus últimos picos, un ajuste que muchos analistas interpretan como una simple purga de excesos especulativos tras meses de compras defensivas.
La distensión en Oriente Próximo enfría la prima de riesgo
El catalizador de la corrección fue la sensación, aún frágil, de que se rebaja la tensión entre Washington y Teherán. Distintas informaciones apuntan a que Trump habría transmitido al régimen iraní que no atacará el país si se detienen las ejecuciones de manifestantes, un gesto leído por el mercado como la apertura de una vía de contención. No es un acuerdo formal ni un cambio estructural en la relación entre ambos países, pero sí un mensaje que, en el corto plazo, reduce la probabilidad percibida de un choque militar directo.
En los mercados, este tipo de señales se traduce en algo muy concreto: caída de la llamada prima de riesgo geopolítica. Cuando los operadores descuentan menos probabilidad de guerra, la demanda de refugios –oro, deuda soberana de máxima calidad, divisas como el franco suizo– se enfría. Parte del capital que había entrado en el metal precisamente ante el riesgo de un error de cálculo militar comienza a salir. La consecuencia es clara: el precio del oro deja de subir por miedo y se ve obligado a justificar sus niveles actuales por fundamentales como los tipos de interés reales o la debilidad del dólar.
El mensaje de Trump a Teherán y su impacto en los mercados
La reacción de los inversores al gesto de Trump revela hasta qué punto los mercados leen cada movimiento diplomático en clave de riesgo o alivio. El contenido filtrado sugiere una oferta condicional: no atacar a Irán a cambio de frenar las ejecuciones de los manifestantes detenidos durante las últimas protestas. Más allá del juicio político o moral, los operadores de materias primas lo interpretan como una vía para evitar una escalada inmediata que ponga en peligro el suministro energético y el equilibrio regional.
«El oro ha dejado de ser un ‘trade’ puramente defensivo; se ha convertido en un activo extremadamente sensible a cualquier titular de política exterior», resume un estratega de materias primas de una gran gestora europea. El diagnóstico es inequívoco: mientras las declaraciones apunten a contención, el mercado tenderá a deshacer parte de las posiciones de cobertura que había construido en las últimas semanas. Sin embargo, la fragilidad del equilibrio hace que cualquier desmentido, declaración más dura desde Teherán o incidente en el Golfo pueda revertir el movimiento con la misma velocidad con la que se ha producido.
Plata, platino y paladio amplifican las caídas
El ajuste no se limitó al oro. La plata, tradicionalmente más volátil, llegó a desplomarse cerca de un 4,9%, hasta los 87,50 dólares por onza, antes de estabilizarse en torno a los 89,36 dólares, todavía con una pérdida diaria de casi el 3%. El platino retrocedió alrededor de un 4,7% en los mínimos de la sesión, hasta los 2.283,91 dólares, y cerró con un descenso cercano al 3,7%, mientras que el paladio llegó a caer un 4,2%, para terminar la jornada en torno a los 1.769-1.770 dólares, con una corrección algo más moderada.
Lo más grave, según coinciden varias mesas de negociación, es que las ventas no respondieron solo a factores geopolíticos, sino también a ajustes técnicos y de posicionamiento. Muchos fondos cuantitativos y de retorno absoluto habían incrementado su exposición a estos metales como cobertura frente al riesgo de interrupciones en la cadena de suministro industrial, en especial en el caso del paladio y el platino, esenciales para los catalizadores de la industria automovilística. Cuando el riesgo percibido baja de golpe, estos modelos tienden a ejecutar órdenes de venta automáticas, amplificando las caídas y generando movimientos que poco tienen que ver con la demanda física real.
Un mercado sobrecalentado tras meses de compras defensivas
La corrección del viernes se entiende mejor si se observa el recorrido de los metales preciosos en los últimos meses. El oro venía de escalar casi un 20% en menos de medio año, impulsado por la combinación de tipos reales aún contenidos, un dólar más débil y un clima geopolítico en permanente tensión. En ese contexto, tanto inversores institucionales como minoristas habían incrementado sus posiciones, ya fuera a través de ETF respaldados por oro físico o mediante futuros en los grandes mercados de derivados.
Este rally había dejado el mercado claramente sobrecomprado. Algunos indicadores de posicionamiento mostraban niveles de apuestas alcistas en máximos de cinco años, mientras el volumen negociado en ciertas sesiones superaba en un 30% la media del último trimestre. En ese escenario, cualquier noticia moderadamente positiva en el frente político funcionaba como excusa para tomar beneficios. El contraste con otras crisis recientes resulta demoledor: a diferencia de anteriores episodios en los que el oro subía de forma más gradual, esta vez el movimiento ha sido mucho más especulativo, con un peso creciente de los algoritmos y del apalancamiento financiero.
Qué puede pasar ahora si regresan las tensiones
La gran pregunta para los inversores es si este giro supone el inicio de una corrección más profunda o simplemente una pausa dentro de una tendencia alcista de fondo. Los analistas técnicos señalan niveles de soporte relevantes en la zona de 4.400-4.450 dólares, donde se concentra buena parte del volumen negociado en las últimas semanas. Mientras estos niveles aguanten, muchos bancos de inversión seguirán defendiendo un escenario de consolidación lateral, con el oro moviéndose en un rango amplio pero sin cambios estructurales.
Sin embargo, el riesgo de un efecto péndulo sigue muy presente. Si las conversaciones entre Washington y Teherán se rompen, si se producen nuevos incidentes en el Estrecho de Ormuz o si otros actores regionales entran en juego, la reacción podría ser inmediata: vuelta rápida a los máximos recientes y, en un escenario más extremo, nuevos récords históricos por encima de los 4.800 dólares por onza. El mercado de metales preciosos se ha convertido en un termómetro casi en tiempo real de la diplomacia internacional; y ese termómetro, por ahora, sigue oscilando violentamente al ritmo de cada declaración.