El oro pierde los 4.000 dólares pese al regreso de la guerra
El ataque iraní contra bases estadounidenses y la respuesta conjunta de Washington y Riad elevan el riesgo geopolítico, pero provocan una inesperada recogida de beneficios en los metales preciosos.
El oro volvió a caer este miércoles por debajo de los 4.000 dólares por onza, una barrera psicológica que había consolidado su condición de principal activo refugio. El retroceso resulta especialmente significativo: se produce mientras Oriente Próximo afronta una nueva escalada militar, con misiles iraníes dirigidos contra instalaciones estadounidenses y ataques conjuntos de Estados Unidos y Arabia Saudí sobre posiciones proiraníes en Irak.
A las 10.13 horas de Nueva York, el metal amarillo cedía un 0,92%, hasta los 3.996,02 dólares. La plata, el platino y el paladio también cotizaban en negativo. El mercado parece haber elegido, al menos momentáneamente, la liquidez frente al refugio.
Una caída contraintuitiva
En condiciones normales, una intensificación bélica de esta magnitud debería impulsar el precio del oro. Sin embargo, el comportamiento de la sesión revela que los inversores habían descontado previamente una elevada prima geopolítica.
La pérdida de los 4.000 dólares puede responder a una recogida de beneficios después de las fuertes revalorizaciones acumuladas, así como a la necesidad de obtener liquidez para cubrir posiciones en otros mercados. Cuando la volatilidad se dispara, incluso los activos defensivos pueden caer durante las primeras horas.
Este hecho no elimina su función de refugio. Demuestra, más bien, que ningún activo avanza de forma lineal, especialmente cuando sus valoraciones incorporan escenarios extremos.
El ataque que rompe la tregua
Irán lanzó varios misiles balísticos contra instalaciones militares estadounidenses en Jordania, en lo que el Mando Central de Estados Unidos calificó como un ataque sorpresa. Las defensas aéreas lograron interceptar los proyectiles, sin que se hayan comunicado daños graves.
La ofensiva rompe la frágil calma alcanzada apenas unos días antes y vuelve a situar a la región ante el riesgo de una guerra abierta. Donald Trump advirtió de que Irán recibirá «una paliza», elevando las expectativas de nuevas represalias estadounidenses.
Lo más grave es que el conflicto ya no se limita a dos actores. Su progresiva regionalización multiplica los puntos de fricción y reduce el margen diplomático.
Arabia Saudí cruza una línea
Estados Unidos y Arabia Saudí respondieron con ataques coordinados contra milicias respaldadas por Teherán en territorio iraquí. La operación, dirigida contra instalaciones logísticas y depósitos de armamento, habría dejado al menos 20 muertos y 32 heridos, según fuentes vinculadas a las Fuerzas de Movilización Popular.
La participación directa de Riad supone un cambio estratégico. Hasta ahora, Arabia Saudí había tratado de proteger sus instalaciones energéticas sin asumir un protagonismo militar tan explícito.
El contraste resulta revelador: mientras los metales preciosos retrocedían, el petróleo reaccionó con subidas cercanas al 3,7%, reflejando que el mercado percibe un riesgo inmediato sobre el suministro energético y el estrecho de Ormuz.
La plata tampoco resiste
La plata descendió un 0,45%, hasta los 56,87 dólares por onza. Aunque también funciona como reserva de valor, su elevada exposición industrial la hace más vulnerable a las expectativas de desaceleración económica.
El platino retrocedió un 1%, hasta los 1.586,50 dólares, mientras que el paladio perdió un 0,56%, situándose en 1.244,11 dólares. La caída simultánea de los cuatro grandes metales apunta a un movimiento general de reducción de posiciones, más que a un deterioro específico del oro.
La consecuencia es clara: los inversores están distinguiendo entre la protección frente a la guerra y el temor a que esa guerra dañe la actividad industrial mundial.
Los 4.000 dólares, nivel decisivo
La barrera de los 4.000 dólares tiene un fuerte componente técnico y psicológico. Mantenerse por debajo durante varias sesiones podría activar nuevas ventas automáticas y acelerar la corrección.
Sin embargo, una represalia militar directa de Washington, una interrupción del tráfico por Ormuz o nuevos ataques contra infraestructuras petroleras podrían devolver rápidamente al oro por encima de esa referencia.
El diagnóstico es inequívoco: la caída no refleja una reducción del riesgo, sino una lucha entre la recogida de beneficios y el temor a una escalada todavía mayor.
El refugio entra en una nueva fase
El oro continúa respaldado por las compras de bancos centrales, la incertidumbre monetaria y la creciente fragmentación geopolítica. Pero su cotización actual incorpora buena parte de esos riesgos, lo que aumenta la sensibilidad ante cualquier giro de expectativas.
El mercado afronta ahora una paradoja. Cuanto más se aproxima el conflicto a una guerra regional, mayor es la demanda potencial de refugio; pero también aumenta la necesidad de efectivo y la volatilidad de todos los activos.
La sesión deja así una advertencia: ni siquiera el oro está protegido frente a las ventas cuando la tensión alcanza niveles extremos. La próxima reacción de Estados Unidos determinará si la caída bajo los 4.000 dólares fue una corrección pasajera o el comienzo de un ajuste más profundo.