El metal supera los 5.000 dólares por onza

El oro salta un 2% tras un IPC menor en EEUU

El oro salta un 2% tras un IPC menor en EEUU

El oro ha dado un nuevo golpe sobre la mesa en los mercados internacionales. El precio del metal precioso se disparó este viernes más de un 2%, hasta rozar los 5.018 dólares por onza, tras conocerse el último dato de inflación de Estados Unidos. El índice de precios al consumo avanzó un 2,7% interanual, menos de lo previsto por el consenso, lo que ha alimentado la idea de que el ciclo de subidas de tipos de la Fed toca a su fin. Mientras los datos de empleo aún justifican mantener el coste del dinero en niveles restrictivos, el mercado empieza a mirar más allá y a descontar recortes para los próximos trimestres. En paralelo, la plata, el platino y el paladio han acompañado el rally con avances superiores al 3% en algunos casos, consolidando uno de los mejores arranques de año para los metales preciosos de la última década. La consecuencia es clara: los inversores reequilibran carteras, reducen exposición al dólar y se refugian en activos reales ante la posibilidad de un giro monetario más rápido de lo que la propia Fed admite en público. 

Un dato de inflación que cambia el guion

El catalizador de la jornada ha sido el nuevo informe de precios publicado por el Bureau of Labor Statistics. La inflación general se situó en el 2,7% interanual, frente al entorno del 2,9% que manejaban muchos analistas. En tasa mensual, el IPC avanzó un 0,2%, también una décima por debajo de lo esperado. La cifra no es espectacular, pero sí suficiente para reforzar la narrativa de que la presión inflacionista se está normalizando sin necesidad de llevar la economía a una recesión profunda.

Lo relevante no es solo el dato, sino el contexto. Tras casi dos años de política monetaria agresiva, con tipos oficiales en zona claramente restrictiva, cualquier señal de relajación del IPC tiene un efecto multiplicador en los activos sensibles a los tipos de interés. El oro es uno de los principales beneficiados, porque la bajada de la inflación reduce los tipos reales y mejora el atractivo de un activo que no paga cupón ni dividendo, pero que preserva poder adquisitivo en el largo plazo.

“El dato de inflación ha sido la chispa que necesitaba un mercado que llevaba meses tenso como un resorte, con posiciones cortas significativas en oro y una enorme liquidez aparcada en monetarios”, resume un gestor de renta fija de una gran casa internacional. La lectura es clara: la Fed gana margen para cambiar el tono en los próximos meses y los inversores no han querido esperar a que lo verbalicen en una rueda de prensa.

El rally del oro: refugio y activo financiero

El movimiento del oro ha sido tan rápido como contundente. El metal ha llegado a subir un 2,08% intradía, hasta situarse en torno a los 5.018 dólares por onza, lo que supone consolidar un nuevo máximo histórico nominal por encima de la simbólica barrera de los 5.000 dólares. En apenas unas sesiones, el oro ha acumulado revalorizaciones superiores al 7%, superando con holgura el comportamiento de la mayoría de índices bursátiles globales.

Este repunte no se explica solo por la búsqueda de refugio tradicional. Cada vez más, el oro se comporta como un activo financiero a todos los efectos, integrado en estrategias cuantitativas y productos cotizados. Los ETF respaldados por oro físico han registrado entradas netas significativas, y algunos bancos de inversión estiman que, de mantenerse el actual ritmo, podrían recuperar en pocos meses buena parte de las salidas sufridas durante la fase más dura del endurecimiento monetario.

Además, el contexto geopolítico y la fragmentación del sistema financiero internacional aportan otra capa de demanda. Bancos centrales de economías emergentes siguen aumentando sus reservas en oro como forma de diversificar frente al dólar y reducir su vulnerabilidad a sanciones financieras. Este flujo estructural, aunque menos visible en el corto plazo, actúa como soporte de fondo para los precios y ayuda a explicar por qué cada corrección importante de los últimos años ha sido aprovechada para volver a entrar.

Plata, platino y paladio se suman al repunte

El movimiento no ha sido exclusivo del oro. La plata, tradicionalmente más volátil, se ha disparado un 4,23%, hasta los 78 dólares por onza, en la que ha sido una de sus mejores sesiones del año. El metal blanco combina su condición de refugio con un fuerte componente industrial, especialmente ligado a la transición energética y a la fabricación de paneles solares. Un repunte de esta magnitud suele interpretarse como una apuesta doble: menor tensión financiera y expectativas de actividad económica más sólida.

El platino ha subido alrededor de un 3,6%, hasta el entorno de los 2.089 dólares por onza, mientras que el paladio avanzaba un 2,66%, hasta cerca de 1.665 dólares. Ambos metales están estrechamente vinculados a la industria del automóvil, a través de su uso en catalizadores, y a numerosos procesos químicos. Que se muevan al alza al mismo tiempo que el oro no es casualidad: refleja un giro global en el apetito por riesgo dentro del complejo de materias primas.

La lectura de conjunto es que el mercado está empezando a descontar un escenario de “aterrizaje suave”: inflación que converge hacia el objetivo sin hundir el crecimiento, tipos de interés próximos al techo y una política monetaria que, sin ser todavía expansiva, deja de ser abiertamente hostil para los activos de riesgo. En ese contexto, los metales preciosos ofrecen una combinación poco habitual de protección y potencial de rentabilidad.

Qué está descontando realmente la Fed

La reacción de los metales preciosos no se entiende sin mirar a la Reserva Federal de Estados Unidos. Oficialmente, el mensaje sigue siendo de prudencia: la institución insiste en que es prematuro cantar victoria sobre la inflación y que las decisiones se tomarán “reunión a reunión”. Sin embargo, los mercados de tipos no esperan a los comunicados oficiales. Tras el dato de IPC, los futuros sobre fondos federales descuentan ya cerca de 75 puntos básicos de recortes acumulados en los próximos doce meses.

La curva de rendimientos ha empezado a aplanarse por la parte larga, mientras que los tramos cortos reflejan la expectativa de que los tipos oficiales hayan alcanzado su techo. La consecuencia inmediata es una caída de los tipos reales, clave para el oro. Con inflación más baja y rendimiento de los bonos estabilizándose, el coste de oportunidad de mantener metal precioso en cartera se reduce de forma significativa.

“El mercado ha decidido que el siguiente movimiento será a la baja, aunque la Fed se resista a reconocerlo”, señalan en una firma de análisis independiente. El riesgo es que esta expectativa se adelante a los datos. Si la inflación subyacente se resiste a bajar del entorno del 3% o si los salarios vuelven a acelerarse, el banco central podría verse obligado a mantener el discurso duro más tiempo del que descuenta hoy el mercado, generando correcciones bruscas en oro y en el resto de activos sensibles a tipos.

Implicaciones para bonos, bolsas y divisas

El rally de los metales se ha producido en paralelo a un movimiento coordinado en el resto de mercados. La deuda soberana de referencia ha visto cómo sus rentabilidades caían entre 8 y 12 puntos básicos en los tramos de 5 a 10 años, reflejando un ajuste a la baja en las expectativas de tipos futuros. Esta bajada de yields ha dado aire a las bolsas, con subidas generalizadas en los valores más sensibles al ciclo y en compañías endeudadas, que se benefician de un coste de financiación potencialmente menor.

En el mercado de divisas, el dólar ha cedido terreno frente a las principales monedas, con descensos cercanos al 1% frente a algunas divisas desarrolladas. Un billete verde más débil es tradicionalmente un viento de cola adicional para el oro, al abaratar su precio en términos de otras monedas y facilitar la demanda internacional. Los movimientos en la divisa estadounidense, combinados con la caída de las rentabilidades reales, actúan como un doble catalizador para los metales preciosos.

El contraste con otros episodios recientes resulta evidente. Hace apenas unos meses, cada dato macro mejor de lo esperado se traducía en ventas automáticas de oro y compras masivas de dólar. Hoy, un dato de inflación algo más suave basta para activar el patrón inverso. El diagnóstico es inequívoco: el mercado ha pasado de temer la inflación desbocada a obsesionarse con el momento exacto del primer recorte de tipos.

Riesgos: un mercado demasiado confiado en los recortes

Pese al entusiasmo del día, los riesgos no han desaparecido. El principal, según coinciden numerosos analistas, es que los mercados estén sobrerreaccionando a un dato positivo dentro de una tendencia todavía incompleta. La inflación de servicios sigue mostrando una notable resistencia a la baja y algunos componentes vinculados a salarios y alquileres permanecen muy por encima de los niveles compatibles con un objetivo del 2% estable.

Si la economía se mantiene fuerte y el consumo aguanta, la Fed podría sentirse cómoda manteniendo los tipos en niveles altos durante más tiempo, incluso si el IPC general se mueve en la franja del 2,5%-3%. En ese escenario, el optimismo actual en torno a los metales preciosos podría convertirse en un arma de doble filo. Un simple matiz más duro en una próxima rueda de prensa bastaría para provocar ventas rápidas y correcciones de entre un 10% y un 15% en el precio del oro, como ya se ha visto en otras ocasiones.

“El riesgo no es tanto que la Fed vuelva a subir tipos, sino que decida no bajarlos tan rápido como descuentan las curvas”, advierten desde un gran banco europeo. La consecuencia es clara: cuanto más se adelante el mercado en sus apuestas, más violenta puede ser la reacción si la realidad macro no encaja con el guion que hoy se da por descontado.