Palo Alto se hunde en bolsa pese al salto en ingresos

Sede de PaloAlto Networks, Namaste jinx / Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)

La firma de ciberseguridad cae cerca de un 9% tras recortar su guía de beneficio por el coste de sus adquisiciones, mientras su CEO insiste en que la IA es una oportunidad y no una amenaza para el sector

 

La sesión del miércoles en Wall Street volvió a recordar a los inversores que crecimiento ya no basta. Las acciones de Palo Alto Networks llegaron a caer en torno a un 9% intradía, hasta rozar los 148 dólares por título, después de presentar unos resultados del segundo trimestre fiscal que batieron previsiones… pero acompañados de una rebaja en la guía de beneficio. La compañía ha revisado a la baja su previsión de ganancias ajustadas para 2026 por el impacto de sus grandes compras recientes, pese a elevar de forma significativa sus objetivos de ingresos.

Lo más llamativo es el choque entre las cifras y la reacción del mercado. Palo Alto aumentó sus ventas un 15% interanual, hasta unos 2.600 millones de dólares, y obtuvo un beneficio por acción ajustado de 1,03 dólares, por encima del consenso. Sin embargo, la decisión de recortar márgenes para integrar adquisiciones y acelerar su apuesta por la inteligencia artificial ha bastado para desencadenar una venta masiva en un valor que ya venía presionado.

En la conferencia con analistas, su consejero delegado, Nikesh Arora, lanzó un dardo directo al sentimiento inversor: «Sigo sin entender por qué el mercado trata a la IA como una amenaza para la ciberseguridad». Para él, la tecnología generativa amplía el negocio; para muchos gestores, por ahora, amplía sobre todo el riesgo.

Un castigo bursátil que ignora las cifras

El primer golpe está en el gráfico. Tras la publicación de resultados y la nueva guía, el título llegó a desplomarse entre un 7% y un 9% entre el after hours del martes y la apertura del miércoles, borrando en horas buena parte de las ganancias acumuladas en las últimas semanas. En los últimos doce meses, las acciones se dejan en torno a un 20%, y sólo en lo que va de 2026 el retroceso ronda ya el 9%, reflejando un desgaste continuado del apetito por el riesgo en el sector software.

Este castigo contrasta con unos números que, en términos puramente operativos, parecen sólidos. Palo Alto encadenó otro trimestre de doble dígito de crecimiento en ingresos, superó las previsiones de beneficios y elevó sus objetivos de ventas para el conjunto del ejercicio hasta un rango de 11.280–11.310 millones de dólares, frente a los alrededor de 10.500–10.540 millones estimados anteriormente.

Este hecho revela una tensión que se repite en toda la tecnología de alto crecimiento: el mercado ya no premia tanto el tamaño del pastel como la porción que queda para el accionista en forma de margen y caja. En valores que cotizan con múltiplos muy exigentes, cualquier concesión en rentabilidad se traduce en una corrección fulminante. Y Palo Alto es, precisamente, uno de esos casos paradigmáticos.

Guía a la baja: el beneficio se resiente

El origen inmediato del desplome está en la revisión a la baja de la guía de beneficio. La compañía proyecta ahora un beneficio por acción ajustado para el ejercicio 2026 de entre 3,65 y 3,70 dólares, frente al rango de 3,80–3,90 dólares comunicado anteriormente. Es decir, unos 15-20 centavos menos por título, en un momento en que las expectativas de márgenes eran clave para justificar su valoración en bolsa.

La señal negativa se refuerza con el mensaje para el tercer trimestre fiscal: Palo Alto espera un beneficio ajustado por acción de 0,78–0,80 dólares, muy por debajo de los aproximadamente 0,92 dólares que descontaba el consenso de analistas. En paralelo, la compañía guía unos ingresos trimestrales de 2.940–2.950 millones, claramente por encima de los 2.600 millones que esperaba el mercado.

La consecuencia es clara: la firma está dispuesta a sacrificar margen a corto plazo para financiar su ambiciosa estrategia de compras y consolidación. Para una base inversora que pagaba múltiplos de más de 80 veces los beneficios previstos, este giro hacia un perfil de crecimiento más caro resulta difícil de digerir. El diagnóstico es inequívoco: el problema no está en la demanda, sino en el coste de la apuesta.

De la promesa del ‘platformization’ a la factura de las compras

Nada de esto se entiende sin mirar la carrera de adquisiciones que ha emprendido Palo Alto. En apenas unos meses ha cerrado la compra del especialista en identidad digital CyberArk en una operación valorada en torno a 25.000 millones de dólares, ha incorporado la plataforma de observabilidad Chronosphere por unos 2.600 millones en efectivo y ha anunciado la adquisición de la startup israelí Koi, centrada en seguridad de agentes de IA.

La factura de este salto de escala es cuantiosa. Los costes relacionados con adquisiciones se han disparado hasta unos 24 millones de dólares en el segundo trimestre, más del doble que un año antes, y la compañía prevé un desembolso de 2.300 millones adicionales en efectivo en el tercer trimestre sólo para completar la compra de CyberArk, después de haber desembolsado 2.600 millones en el anterior para Chronosphere.

Sobre el papel, la lógica industrial es impecable: construir una plataforma única que integre red, identidad, observabilidad y protección específica para IA. En la práctica, el riesgo de integración es elevado. Integrar empresas de gran tamaño obliga a reestructurar equipos, alinear productos y, durante un tiempo, resta foco comercial. Lo más grave para el accionista es que este peaje llega en un momento de enorme sensibilidad a cualquier señal de erosión de márgenes en el sector tecnológico.

La paradoja del miedo a la IA en ciberseguridad

En el centro del debate está la inteligencia artificial. Mientras muchos inversores temen que la IA genere un “impuesto tecnológico” que comprima los presupuestos corporativos, Palo Alto insiste en que la realidad es la contraria: más IA significa más superficie de ataque y, por tanto, más necesidad de seguridad.

En la llamada con analistas, Arora fue explícito: «Estoy confundido; no entiendo por qué el mercado trata la IA como una amenaza para la ciberseguridad». En su visión, los modelos de lenguaje sirven para automatizar tareas de clasificación, correlación y respuesta, pero están lejos de sustituir la capa de defensa que requiere un nivel de acierto prácticamente del 100%.

Los datos del propio sector le dan en parte la razón. Según análisis recientes, los ciberataques que combinan técnicas automatizadas e IA son ahora hasta cuatro veces más rápidos que hace un año, y casi una cuarta parte de los incidentes incluye exfiltración de datos en menos de una hora. En paralelo, consultoras y bancos de inversión constatan que alrededor del 85% de las empresas aumentó sus presupuestos de ciberseguridad en 2025 y cerca del 90% planea volver a hacerlo en 2026, precisamente para responder a ese salto de complejidad.

La paradoja es evidente: el mismo vector —la IA— que impulsa la demanda de soluciones de defensa está siendo visto por el mercado como un factor de riesgo para los proveedores que se atreven a invertir agresivamente para liderar esa transición.

EPA/NARONG SANGNAK

Valoración exigente y nervios en el sector software

El castigo a Palo Alto no se produce en el vacío. El conjunto del software estadounidense atraviesa una corrección profunda, con ventas generalizadas en valores de alto crecimiento. Fondos sectoriales de ciberseguridad como CIBR o WCBR acumulan caídas de entre un 5% y un 9% en el último mes, mientras los índices tecnológicos más amplios también se resienten.

En este contexto, un valor que cotiza a más de 80 veces los beneficios estimados para este año se convierte en un blanco especialmente sensible. A la mínima señal de presión sobre márgenes, la reacción es mecánica: compresión de múltiplos. El contraste con otros actores del sector resulta demoledor. Compañías como CrowdStrike o Zscaler también han sufrido fuertes bandazos, pero partían de narrativas centradas más en crecimiento puro que en integración de grandes adquisiciones.

Además, la rotación hacia grandes ganadores de la IA, como Nvidia, ha drenado flujo comprador del resto del ecosistema tecnológico. En otras palabras: Palo Alto está pagando a la vez el precio de ser ciberseguridad —un segmento todavía de nicho para muchos inversores generales— y el de haber abrazado una estrategia de consolidación intensiva en capital justo cuando el mercado se ha vuelto intolerante con cualquier desviación en beneficio.

Qué están viendo los analistas y los grandes fondos

Pese al ruido, la lectura de buena parte de la comunidad analista es menos apocalíptica. Firmas como Wedbush Securities mantienen a Palo Alto entre sus principales apuestas de ciberseguridad para 2026. Su analista estrella, Dan Ives, ha reiterado un precio objetivo de 225 dólares por acción, lo que implicaría un potencial de revalorización cercano al 40% desde los niveles previos a la caída.

El argumento de estos bancos es que la compañía está “comprando tiempo de mercado”: su plataforma abarca desde firewalls hasta identidad, observabilidad y protección específica para IA, con un negocio de suscripciones de nueva generación que crece a ritmos superiores al 25%-30% anual y que ya supera los 6.000 millones de dólares de ingresos recurrentes.

Para los grandes fondos, el dilema es más de calendario que de tesis. A corto plazo, la digestión de CyberArk y Chronosphere puede seguir presionando márgenes y absorbiendo caja. A medio plazo, si la consolidación funciona, Palo Alto podría emerger como el equivalente en ciberseguridad de un “cloud hyperscaler”: un proveedor casi inevitable para las empresas que quieran proteger redes, identidades, datos y agentes de IA con un solo interlocutor.

Riesgos a corto plazo y escenarios para el inversor

En el horizonte cercano, los riesgos son claros. Primero, el riesgo de ejecución: integrar varias compras de tamaño considerable en un plazo tan breve aumenta la probabilidad de solapamientos de producto, choque de culturas y pérdida temporal de tracción comercial. Segundo, el riesgo de fatiga inversora: si en los próximos trimestres la compañía vuelve a ajustar a la baja su guía de beneficio, el mercado puede empezar a cuestionar la credibilidad del plan a 2028-2030.

El escenario base que descuentan muchos analistas pasa por un período de 12 a 18 meses de presión sobre márgenes, compensado por un fuerte crecimiento de ingresos y de ARR. El caso optimista: que la compañía logre capturar rápidamente sinergias, acelere las ventas cruzadas de identidad y observabilidad y vuelva a expandir margen en 2027, lo que justificaría un rebote significativo en la cotización. El caso más negativo: que las integraciones se alarguen, obliguen a más inversión de la prevista y fuercen nuevas rebajas de guía en un entorno en el que los presupuestos de TI se tensan.

Para el inversor minorista, la lección es doble. No basta with mirar el titular de “ingresos baten expectativas”: en valores de crecimiento, la guía futura pesa tanto o más que el resultado puntual. Y, al mismo tiempo, las caídas violentas pueden ser el precio a pagar por acceder a historias de alto crecimiento que se juegan en horizontes de varios años, no de varios trimestres.