Panasonic recortará 12.000 empleos y cede su negocio de TV a China

La japonesa acelera su reestructuración global al entregar a Skyworth la gestión de sus televisores en Norteamérica y Europa sin nuevos despidos adicionales

 

La decisión de Panasonic Holdings Corporation de despedir a unos 12.000 empleados en todo el mundo y de transferir su negocio de televisores y las operaciones comerciales asociadas en Norteamérica y Europa a la china Skyworth Group supone un giro histórico en una de las marcas emblemáticas de la electrónica japonesa. Según ha avanzado este lunes el diario Nikkei, el recorte afectará a cerca del 6% de una plantilla global que supera los 200.000 trabajadores y se suma a los ajustes iniciados en los últimos años para abandonar negocios de bajo margen. Al mismo tiempo, la compañía ha pactado que la cesión de la actividad de TV a Skyworth no implique despidos adicionales, preservando los puestos vinculados a esa división. Panasonic mantendrá la venta de televisores en Japón y estudia “estrategias optimizadas localmente” para el resto de Asia, incluida una posible ampliación del acuerdo con su socio chino. El mensaje es nítido: menos peso del televisor en el balance y más foco en baterías, soluciones industriales y climatización eficiente.

Un ajuste de 12.000 empleos que revela el cambio de ciclo

Aunque Panasonic no ha detallado todavía el desglose por países, el recorte de unos 12.000 puestos implica un ajuste de en torno al 6% de su plantilla global, que ronda los 200.000 empleados. La cifra llega tras un primer golpe de timón en 2025, cuando el grupo ya anunció la eliminación de 10.000 puestos de trabajo, aproximadamente el 4% de su fuerza laboral, para ganar eficiencia en medio de una caída de beneficios y ventas estancadas.

En apenas dos ejercicios, el conglomerado japonés habrá suprimido más de 20.000 empleos entre programas de jubilación anticipada, reorganizaciones internas y cierre o venta de negocios considerados no estratégicos. En la jerga corporativa, estas medidas se justifican con expresiones como «optimizar la estructura de costes» o «concentrarse en áreas de alto crecimiento», pero el trasfondo es más simple: la electrónica de consumo tradicional ya no sostiene las rentabilidades de antaño.

Lo más significativo es que la mayor parte del recorte no está vinculada a la operación con Skyworth, que explícitamente se ha diseñado para no generar despidos adicionales en las actividades de TV afectadas. La consecuencia es clara: Panasonic utiliza la cesión de su negocio de televisores como escaparate de un ajuste mucho más amplio que afecta a oficinas centrales, funciones duplicadas y unidades con rentabilidad insuficiente.

La cesión del negocio de televisores a Skyworth

El segundo pilar del movimiento es el acuerdo estratégico por el que Panasonic traslada a Skyworth su negocio de TV y las operaciones comerciales asociadas en Norteamérica y Europa. En la práctica, el gigante chino pasará a gestionar la marca Panasonic en el segmento de televisores en estos mercados, asumiendo la producción, el marketing y la distribución, mientras el grupo japonés se reserva el mercado doméstico y estudia caso por caso el resto de Asia.

No es un fenómeno aislado. Skyworth ya se ha convertido en un actor clave en la gestión de marcas históricas de televisores occidentales, como demuestra su licencia para comercializar televisores Philips en Norteamérica bajo un esquema similar de cesión de marca y operaciones comerciales. El modelo es claro: los grupos europeos o japoneses conservan el valor de marca y externalizan la producción y buena parte del riesgo comercial a fabricantes chinos.

Lo más llamativo del acuerdo es que Panasonic y Skyworth han pactado que esta transferencia no conlleve despidos adicionales. La estructura de ventas y soporte se integrará bajo la órbita del nuevo socio, que gana escala y presencia en mercados maduros, mientras el grupo japonés reduce exposición en un segmento de márgenes cada vez más estrechos y presionado por la guerra de precios de fabricantes chinos y coreanos.

Por qué Panasonic abandona el “escaparate del salón”

Durante décadas, el televisor fue el corazón del negocio de electrónica de consumo de las marcas japonesas. La decisión de Panasonic de apartarse de ese escaparate en dos de los mercados más relevantes del mundo refleja un diagnóstico inequívoco: el negocio de TV es hoy un campo de batalla de volumen y precio en el que resulta extremadamente difícil sostener márgenes.

Los datos del grupo lo confirman. En los últimos años, la compañía ha visto cómo el peso de la electrónica de consumo se reducía en el conjunto de sus cuentas, frente al empuje de divisiones como automoción, energía, soluciones industriales y software para la cadena de suministro. En el último ejercicio, Panasonic registró ventas cercanas a los 8,46 billones de yenes (unos 58.000 millones de dólares), pero con presión significativa sobre los márgenes en los negocios más maduros.

Mientras tanto, el mercado de televisores se ha convertido en una guerra de especificaciones —pulgadas, resolución, HDR, sistemas operativos— con ciclos de sustitución más largos y un consumidor menos dispuesto a pagar un sobreprecio por la marca. En este contexto, los actores con cadena de suministro integrada en China y estructuras de coste muy ajustadas, como Skyworth, TCL o Hisense, cuentan con una ventaja estructural. Panasonic opta así por monetizar su marca vía acuerdos comerciales, en lugar de seguir asignando capital a un segmento de retorno decreciente.

Impacto laboral: dónde se notará el ajuste

Aunque el acuerdo con Skyworth se presenta como neutro en términos de empleo, el recorte de 12.000 puestos no lo será. El precedente de 2025 ofrece pistas: entonces, el grupo dividió prácticamente a la mitad los despidos entre Japón y el resto del mundo mediante salidas incentivadas y cierres de unidades poco rentables.

Es razonable anticipar que las funciones corporativas y de soporte en las sedes japonesas volverán a asumir una parte relevante de los recortes, especialmente en áreas vinculadas a la electrónica de consumo y a estructuras duplicadas tras años de reorganizaciones internas. En el exterior, los ajustes podrían concentrarse en países con operaciones sobredimensionadas o donde ya se estén ejecutando planes de salida de ciertos productos.

El hecho de que el negocio de televisores se externalice sin destrucción adicional de empleo indica que Panasonic prefiere recortar en “back office” y capas intermedias de gestión antes que asumir el coste reputacional de grandes despidos en fábricas visibles. Sin embargo, el contraste con otros movimientos de inversión —como la apertura de nuevas plantas de baterías o de bombas de calor en Europa— dibuja un mapa laboral cada vez más polarizado: se destruye empleo en actividades maduras y se crea en nichos de alto crecimiento, aunque no siempre en los mismos territorios ni para los mismos perfiles.

El giro estratégico hacia baterías, climatización y negocios B2B

La reordenación del negocio de televisores encaja con el giro estratégico que Panasonic lleva años defendiendo ante inversores: menos peso de la electrónica de consumo tradicional y más foco en soluciones B2B y tecnologías para la transición energética.

La división de energía, impulsada por las baterías para vehículos eléctricos —incluidas las que suministra a fabricantes como Tesla—, ha reforzado su rentabilidad, con ventas cercanas a los 916.000 millones de yenes y una mejora notable del beneficio operativo gracias al aumento de producción en Norteamérica. En paralelo, el grupo ha intensificado sus inversiones en climatización eficiente. Solo en Europa, ha inaugurado una nueva fábrica de bombas de calor en la República Checa, con una inversión aproximada de 320 millones de euros y el objetivo de producir hasta 1,4 millones de unidades anuales en 2030.

Frente a estos negocios, el televisor aparece como un legado incómodo: volumen, notoriedad de marca y presión constante sobre el precio. En ese contexto, ceder la operación a un fabricante como Skyworth y limitarse a licenciar la marca en determinadas geografías es coherente con un plan en el que Panasonic quiere ser percibida más como proveedor tecnológico para la industria y la energía que como fabricante de televisores.

Lo que revela el movimiento sobre la industria japonesa

Más allá del caso concreto de Panasonic, la operación con Skyworth ilustra la pérdida de peso competitivo de la industria japonesa de electrónica de consumo frente a la ofensiva china y coreana. Lo que en los años 90 era un oligopolio de Sony, Panasonic, Sharp o Toshiba se ha transformado en un mercado dominado por Samsung, LG y una constelación de marcas chinas con estructuras de coste más eficientes.

En este nuevo tablero, los grupos japoneses han optado por replegarse hacia actividades de mayor complejidad tecnológica —componentes, sensores, baterías, climatización, automatización industrial— donde la competencia en precio es menos brutal y el know-how acumulado sigue aportando ventaja diferencial. El televisor, el reproductor de vídeo o incluso el smartphone son hoy productos comoditizados, donde la marca ya no garantiza un sobreprecio estable.

Mientras conglomerados coreanos han logrado mantener posiciones fuertes tanto en electrónica de consumo como en componentes, buena parte de los grupos japoneses se han visto obligados a vender fábricas, licenciar marcas y asumir alianzas asimétricas con actores chinos para no quedar expulsados de ciertos segmentos. El movimiento de Panasonic con Skyworth es, en ese sentido, un capítulo más de una retirada estratégica.

Escenarios para los mercados de Asia, Europa y Norteamérica

A corto plazo, el acuerdo redefine el mapa de marcas y fabricantes en los mercados de televisores de Europa y Norteamérica, donde Skyworth gana peso como productor tras enseñas históricas. Para el consumidor final, la consecuencia será probablemente una oferta continuista en diseño y prestaciones, pero con cambios en la cadena de suministro y una mayor presión a la baja sobre los precios.

En Japón, Panasonic mantiene el control de la venta de televisores bajo su propia marca, un mercado donde el componente reputacional sigue siendo relevante. En el resto de Asia, la compañía habla de “estrategias optimizadas localmente”, una expresión que abre la puerta a acuerdos similares al de Skyworth en países donde fabricar o distribuir por cuenta propia resulte menos eficiente.

El riesgo para el grupo japonés es claro: si el televisor deja de ser un canal privilegiado de visibilidad de marca en hogares europeos y norteamericanos, Panasonic tendrá que reforzar su notoriedad a través de otras categorías y soluciones B2B. Para Skyworth, en cambio, el acuerdo supone una vía rápida para consolidarse en mercados maduros sin tener que construir desde cero la confianza del consumidor.

Qué pueden esperar proveedores e inversores

Para la red de proveedores, el movimiento obligará a reposicionarse. Parte de los suministros asociados a la producción de televisores para Panasonic en Europa y Norteamérica pasarán a depender de la política de compras de Skyworth, con implicaciones en homologación, precios y concentración de proveedores. Otros suministradores, ligados a divisiones en crecimiento como automoción, energía o climatización, pueden beneficiarse de la reasignación de capital hacia esos negocios.

Los inversores interpretarán el anuncio de los 12.000 despidos y la cesión del negocio de TV como un paso más en la estrategia de recentrar el grupo en actividades de mayor margen. Si los ahorros de costes se materializan y las nuevas áreas —baterías, bombas de calor, software industrial— mantienen su ritmo de crecimiento, Panasonic podría mejorar su beneficio operativo en varios cientos de miles de millones de yenes a medio plazo.

Sin embargo, el éxito no está garantizado. La compañía compite en todos esos campos con gigantes globales igualmente decididos a dominar la transición energética y la digitalización industrial. Si la reestructuración se queda a medio camino o se produce una desaceleración prolongada de la inversión en vehículos eléctricos y renovables, el riesgo es claro: Panasonic puede perder presencia en la electrónica de consumo sin consolidar del todo sus nuevas fortalezas. Recuperar el terreno cedido en el “escaparate del salón” sería entonces prácticamente imposible.

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