El Dow Jones se hundió 440 puntos al arraque en plena tormenta institucional

Pánico en Wall Street: El Dow Jones desploma y la banca sufre bajo el pulso de Powell y Trump

Pánico en Wall Street: El Dow Jones desploma y la banca sufre bajo el pulso de Powell y Trump

Powell bajo investigación penal, tope del 10% a las tarjetas y tensión geopolítica disparan la aversión al riesgo y llevan a los inversores al refugio del oro y la plata

Wall Street arrancó la semana como en las peores jornadas de crisis: con el Dow Jones cayendo 440 puntos en los primeros minutos y un mercado que pasó, en cuestión de horas, de la complacencia a la búsqueda desesperada de refugio. El detonante fue una frase de Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal, reconociendo que el Departamento de Justicia ha abierto una investigación formal sobre el banco central y ha emitido citaciones de un gran jurado, con la amenaza explícita de una imputación penal. Algo sin precedentes en la historia reciente de la Fed.

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A esa bomba institucional se sumó, casi en paralelo, un anuncio de Donald Trump: su intención de limitar al 10% los tipos de interés de las tarjetas de crédito, un mazazo directo al negocio de la banca de consumo. American Express llegó a desplomarse más de un 4%.
La combinación de ataque legal a la Fed, ofensiva política sobre el crédito y retórica beligerante contra Irán y Cuba, junto al ruido en torno a Groenlandia, generó la tormenta perfecta. El resultado fue inmediato: el dólar se debilitó, el euro subió hasta 1,1676 dólares y la plata se disparó a un máximo histórico por encima de los 85 dólares la onza, mientras el oro revalidaba sus récords. Más que una sesión volátil, lo que se dibuja es un cambio de fase en la percepción del riesgo estadounidense.

Una apertura en rojo que cambia el tono en Wall Street

La sesión del lunes quedó marcada desde el primer minuto. A las 9:36 hora de Nueva York, el Dow Jones Industrial Average se dejaba un 0,90%, unos 440 puntos, un movimiento que en condiciones normales se asociaría a un mal dato macro o a un profit warning de gran calado. Esta vez, el mercado reaccionaba al corazón mismo del sistema institucional.

El S&P 500 retrocedía un 0,30%, con compañías como DoorDash cayendo en torno al 3%, mientras el Nasdaq 100 cedía un 0,25%, lastrado, entre otros, por Alnylam Pharmaceuticals, que llegó a desplomarse más de un 7,7%. No se trata de una debacle absoluta en términos porcentuales, pero sí de una ruptura clara del relato de calma que había dominado las últimas semanas.

Este hecho revela un cambio de diagnóstico: los gestores no están reaccionando a un bache cíclico, sino a la sensación de que los pilares de estabilidad —banco central, marco regulatorio, política exterior— se han vuelto impredecibles. Cuando los tres se agitan al mismo tiempo, la lógica habitual de los modelos de riesgo salta por los aires.

Powell bajo investigación: el golpe inédito a la Reserva Federal

El epicentro institucional de la crisis está en la Reserva Federal. Powell confirmó que el Departamento de Justicia ha servido citaciones de un gran jurado al banco central, en el marco de una investigación que, formalmente, se centra en los costes de remodelación de la sede de la Fed. El propio Powell describió la situación como “golpe directo a la independencia” e insinuó que podría desembocar en una imputación penal.

Más allá de la cuestión técnica —si hubo o no irregularidades en una obra—, el mensaje al mercado es inequívoco: el banco central ya no está blindado frente al choque político y judicial. Si la cúpula de la Fed percibe que sus decisiones sobre tipos pueden traducirse en más presión penal, el riesgo de que la política monetaria se vea contaminada por el cálculo político aumenta de forma exponencial.

Para los inversores, la independencia del banco central no es un principio abstracto; es el anclaje último de expectativas sobre inflación, tipos reales y prima de riesgo soberana. Cuando ese anclaje tiembla, el descuento sobre activos denominados en dólares cambia: los bonos exigen más rentabilidad, la renta variable se vuelve más volátil y los refugios —oro, plata— dejan de ser un apunte exótico en cartera para convertirse en pieza central.

El hachazo al crédito: el tope del 10% en tarjetas

Casi al mismo tiempo, Trump añadía otro ingrediente al cóctel: su intención de imponer un techo del 10% a los tipos de interés de las tarjetas de crédito. Sobre el papel, se trata de una medida dirigida a aliviar la carga financiera de los hogares; en la práctica, el sector la interpreta como un ataque frontal a uno de sus negocios más rentables.

El caso de American Express, que llegó a caer más de un 4,3%, es ilustrativo. Buena parte del valor de las emisoras de tarjetas reside en la capacidad de prestar a tipos muy superiores a los oficiales, compensando el riesgo de impago en segmentos de alto endeudamiento. Un tope del 10% obligaría a recalcular modelos de riesgo, recortar exposición e incluso restringir líneas de crédito a los clientes más vulnerables.

La consecuencia es doble. A corto plazo, el sector financiero descuenta un recorte de márgenes, lo que lastra índices como el Dow Jones, muy bancarizado. A medio plazo, crece el temor a que la lógica del tope se extienda: si hoy son las tarjetas, mañana podrían ser otros productos de crédito, desde préstamos personales hasta determinados tipos de financiación al consumo. La idea de una “regulación por decreto presidencial” se ha instalado en las mesas de análisis.

Del parquet al refugio: oro y plata en máximos históricos

Mientras los índices corregían, los refugios hacían su trabajo. La plata llegó a saltar más de un 6% hasta marcar un máximo histórico en los 85,34 dólares por onza, para estabilizarse después en torno a los 85,31 dólares (+6,8%). El oro avanzó en paralelo un 2,3%, hasta 4.608,94 dólares, revalidando los máximos históricos superiores a los 4.600 dólares alcanzados tras las primeras noticias de la batalla entre la Fed y el Departamento de Justicia.

El movimiento se extendió a otros metales: platino y paladio subieron más de un 2%-3,5%, confirmando que no estamos ante una rotación estética, sino ante una reasignación real hacia activos percibidos como ajenos al riesgo político estadounidense. En paralelo, el euro se apreciaba un 0,36% hasta 1,16765 dólares, reflejando una cierta voluntad de reducir exposición directa al billete verde.

Lo más significativo es que esta huida al refugio se produce en un entorno sin shock inflacionista nuevo, lo que refuerza la idea de que lo que se descuenta no es tanto más inflación como más incertidumbre institucional y geopolítica. Cuando el riesgo percibido es que el árbitro (la Fed) puede ser presionado o sancionado, el mercado prefiere tener parte de su patrimonio en activos que no dependen de ninguna firma de un regulador o un juez.

Irán, Cuba y Groenlandia: la geopolítica que presiona al dólar

A la tormenta interna se suma un frente exterior que no deja de ganar temperatura. La Casa Blanca mantiene un tono crecientemente beligerante contra Irán, en un contexto de más de 500 muertos y 10.600 detenidos en las protestas en ese país, y amenaza con “opciones muy fuertes” que incluyen desde sanciones extremas hasta posibles acciones militares.

En paralelo, Trump ha prometido “cero petróleo y dinero procedente de Venezuela para Cuba”, una frase que, más allá de su efecto en La Habana, indica la disposición a usar el petróleo como arma geopolítica en el Caribe. Y en el Ártico, la insistencia del presidente en la posible “adquisición” de Groenlandia, incluso “por las malas”, ha obligado a Dinamarca y a varios socios europeos a estudiar presencia de la OTAN en la isla como mensaje de contención.

Desde el punto de vista de los mercados, estos focos de tensión se suman, no se sustituyen. Cada vez que se menciona la posibilidad de un error de cálculo en el Golfo Pérsico o de un choque diplomático serio con aliados por Groenlandia, la percepción de “riesgo América” aumenta. El resultado se ve en el tipo de cambio: un dólar bajo presión frente al euro y una mayor prima exigida para activos expuestos a estos vectores de conflicto.

Sector financiero en alerta y miedo a la regulación por impulso

En ese caldo de cultivo, el sector financiero estadounidense se enfrenta a una triple amenaza: investigación penal sobre el banco central que fija el precio del dinero, anuncio de límites políticos a sus productos más rentables y un entorno geopolítico que puede estresar balances y modelos de riesgo en cuestión de días.

Las entidades no sólo temen por sus resultados futuros; temen por la previsibilidad del marco en el que operan. Un día es el techo del 10% a las tarjetas; otro, presiones para que la Fed recorte tipos pese a la inflación; al siguiente, exigencias de financiación “patriótica” en sectores estratégicos. Cuando la sensación es que las reglas se reescriben al ritmo del ciclo político, el atractivo de la renta variable bancaria se resiente.

El gráfico de la sesión lo resumía todo: un Dow Jones en caída, el rostro serio de Powell y la imagen de Trump anunciando medidas desde un atril, en un mosaico que recuerda que, en la economía más grande del mundo, el riesgo ya no es sólo macroeconómico, sino abiertamente político.

De cara a los próximos días, las firmas consultadas apuntan a tres vectores que marcarán si lo vivido este lunes es una corrección puntual o el inicio de un nuevo tramo de volatilidad:

  • El pulso Fed–Justicia: cualquier filtración sobre el alcance real de la investigación, posibles cargos contra directivos o exigencias de cambio de comportamiento será clave. Si se percibe que la política monetaria empieza a condicionarse para “calmar” al poder político, el mercado ajustará sus modelos de forma agresiva.

  • La deriva regulatoria en crédito al consumo: si el tope del 10% en tarjetas gana tracción legislativa, los inversores empezarán a descontar un ciclo de intervención más amplio sobre el negocio bancario, con impacto directo en valoración y en disposición a prestar.

  • La escalada en Irán y el eje Venezuela–Cuba–Groenlandia: cualquier paso de la amenaza a la acción —un ataque selectivo, un corte efectivo de petróleo a Cuba, un despliegue conflictivo en el Ártico— podría disparar prima de riesgo, precio del crudo y presión sobre el dólar y los índices.

En este contexto, la sensación dominante en Wall Street es que la montaña rusa no ha terminado su recorrido. Lo que está en juego ya no es sólo si el Dow recupera parte de los 440 puntos perdidos, sino si los mercados pueden seguir funcionando con normalidad cuando el árbitro monetario está bajo investigación y la política exterior se usa como arma de impacto doméstico.