Petróleo +25% y G7 en alerta, barril a 116$

wall street EPA/JUSTIN LANE
El bloqueo del Estrecho de Ormuz dispara la prima de riesgo, fuerza a estudiar una liberación coordinada de reservas y reordena el tablero político entre Teherán, Washington, Pekín y Berlín.

El petróleo ya no sube: salta. En cuestión de horas, el crudo se ha disparado más del 25% hasta la zona de 116 dólares por barril, tras el bloqueo del Estrecho de Ormuz. El mercado descuenta un shock de suministro y castiga sin matices: bolsas en rojo, volatilidad al alza y refugios a medias.
El G7 estudia ahora una liberación “masiva” de reservas para frenar una inflación que volvía a darse por domesticada. Y, en paralelo, Irán escenifica relevo en la cúpula con Mojtaba Jamenei, mientras Trump amenaza con que su mandato será “efímero”. El reloj corre: la economía global vuelve a depender de un paso marítimo y de una decisión política.

El barril supera los 116 dólares en plena crisis en Oriente Medio y reaviva el temor a una nueva oleada inflacionaria. El G7 se prepara para evaluar una liberación coordinada de reservas estratégicas —con Estados Unidos como pieza clave— para contener el impacto en precios y expectativas. El FMI advierte de una “nueva normalidad” de incertidumbre energética, China sorprende con un repunte del IPC hasta el 1,3% y Alemania entra en turbulencia política tras el revés electoral de Friedrich Merz en Baden-Württemberg, corazón industrial del país.

Ormuz vuelve a dictar la agenda y el barril rompe el guion

Cuando Ormuz se bloquea, el mercado no espera confirmaciones: reacciona. El salto del crudo por encima de 116 dólares no es una oscilación técnica; es el precio de un escenario que mezcla interrupción física del suministro, amenazas cruzadas y un horizonte temporal incierto. A primera hora europea ya se veía la grieta: el Brent avanzaba un 16,1% y el WTI un 14,1%, con movimientos típicos de un shock y no de una sesión normal. Horas después, el movimiento se estira hasta el +25%, confirmando que la prima de riesgo se instala.

La clave no es solo cuántos barriles faltan hoy, sino cuántos podrían faltar mañana. Un bloqueo de días se amortigua con inventarios flotantes y reservas comerciales. Uno de semanas empieza a golpear refino, transporte y costes industriales. Y uno de meses altera crecimiento, inflación y política monetaria. El diagnóstico es inequívoco: la energía vuelve a comportarse como un “impuesto” global, inmediato y regresivo.

Mercados, Datos de las 7:15 hora de Europa central:

Símbolo Última Cbo Cambio%
500
SPX
6.740,02 -90,69 -1,33%
IBEX35
17.074,41 -170,78 -0,99%
100
NDX D
24.643,01 -377,40 -1,51%
$
DXY
99,321 0,466 0,47%
🇺🇸
VIX
29,48 5,72 24,07%
 
BRENT
105,515 14,650 16,12%
 
USOIL
104,13 12,87 14,10%
BTCUSDT
67.612,00 1.640,80 2,49%
Au
GOLD
5.127,130 -44,668 -0,86%

El pánico en pantalla: bolsas a la baja, VIX disparado y dólar firme

El shock ya tiene traducción en activos. En el arranque europeo, el S&P 500 caía un 1,33%, el Nasdaq un 1,51% y el Ibex 35 un 0,99%: una fotografía de aversión al riesgo, con tecnología y cíclicas en el punto de mira. Pero lo más revelador fue la volatilidad: el VIX subía un 24% hasta el entorno de 29,5, nivel que rara vez aparece sin miedo a que el golpe no sea de un solo día.

El dólar también habló. El DXY repuntaba un 0,47% (zona de 99,3), señal de que parte del mercado busca refugio en liquidez estadounidense, incluso cuando el encarecimiento del crudo amenaza con reactivar la inflación en Estados Unidos. Es una paradoja recurrente: el mismo evento que tensiona los precios puede fortalecer al dólar por la vía del “flight to quality”.

En paralelo, Bitcoin subía un 2,5% y el oro corregía ligeramente. Lectura: no hay consenso total sobre el refugio perfecto; sí hay consenso sobre el riesgo. Y el riesgo, hoy, tiene forma de barril.

Reservas estratégicas: el G7 mide la palanca y su coste político

La reacción política llega con un manual conocido: liberar reservas para bajar precios y calmar expectativas. El G7 evaluará una salida coordinada, en contacto con la Agencia Internacional de la Energía, con Estados Unidos como actor central. El dato que marca el debate es claro: Washington cuenta con unos 415 millones de barriles en su reserva estratégica, por encima del mínimo reciente de 347 millones registrado en julio de 2023, pero aún lejos de un colchón cómodo tras años de uso intensivo.

Aquí aparece el dilema. Liberar petróleo funciona cuando el mercado cree que la disrupción es temporal y la oferta alternativa puede recomponerse. Pero si el bloqueo se prolonga, la medida compra tiempo, no solución. Además, agota munición para el siguiente susto. La consecuencia es clara: el G7 no solo decide cuántos barriles suelta; decide cuánta credibilidad se juega.

El contraste con crisis anteriores es instructivo. En 2022, la liberación coordinada ayudó a moderar picos, pero no evitó que la energía se filtrara al IPC durante meses. Hoy el mercado teme repetir el guion: intervención rápida, alivio breve y después una inflación más pegajosa.

Trump promete una caída “pronto” y el mercado exige algo más que mensajes

Donald Trump sostiene que los precios caerán a corto plazo cuando se “neutralice” la amenaza iraní. Es una apuesta de relato: transmitir control, disuadir y enfriar expectativas. Pero el mercado no compra mensajes; compra probabilidades. Y, ahora mismo, la probabilidad que se paga es la de una crisis que dure más de lo tolerable.

En Washington se juega también la política doméstica. Un barril a 116 se traduce en gasolina más cara y en presión sobre el consumo. Y en año de frentes abiertos, la inflación es el enemigo más rápido para cualquier gobierno. Por eso la promesa de que todo será breve convive con la preparación de medidas excepcionales. Es el doble lenguaje de los shocks: calma en público, planes en privado.

Lo más grave es la ventana temporal. Si el mercado empieza a creer que el bloqueo puede irse a varias semanas, la inflación deja de ser un susto y vuelve a ser tendencia. En ese punto, la Reserva Federal y el resto de bancos centrales quedan atrapados: bajar tipos para proteger crecimiento o mantenerlos para no reactivar precios. Ninguna opción es gratis.

Mojtaba Jamenei y la sucesión que endurece Teherán

La economía se mueve al ritmo de la geopolítica, y Teherán acaba de añadir combustible institucional al incendio. Mojtaba Jamenei, 56 años, asume formalmente como nuevo líder supremo tras la muerte de Ali Khamenei en ataques atribuidos a Estados Unidos e Israel. Su perfil —seminario de Qom, vínculos previos con la Guardia Revolucionaria— proyecta continuidad en el núcleo duro, no moderación.

Trump lo ha descrito como un “peso ligero” y ha rematado con una frase diseñada para desestabilizar: “no durará mucho” sin la aprobación de Washington. El intercambio no es retórico: es el tipo de escalada verbal que estrecha márgenes para una desescalada rápida. Y eso, para el mercado, es gasolina.

Aquí se entiende el mecanismo. Cuando hay sucesión, el régimen tiende a blindar legitimidad interna y mostrar firmeza externa. El resultado suele ser más riesgo de errores de cálculo, más tensión en infraestructuras energéticas y más incentivos para utilizar el suministro como herramienta. No hace falta un conflicto total para que el daño sea grande: basta con que el estrecho funcione a tirones.

El FMI habla de “nueva normalidad” y pone cifras al golpe inflacionario

El Fondo Monetario Internacional ha puesto palabras —y números— a lo que los mercados ya descuentan. Kristalina Georgieva advierte de una etapa de incertidumbre que puede consolidarse como hábito: «Podría convertirse en la nueva normalidad: incertidumbre geopolítica y energética». Traducido: el shock deja de ser excepción y pasa a ser entorno.

La aritmética que desliza el FMI es un aviso: cada subida sostenida del 10% en el crudo puede añadir 40 puntos básicos a la inflación global. Con un petróleo +25%, el impacto potencial se acerca a un punto porcentual si el repunte se mantiene. No es una estimación menor: es el tipo de cifra que cambia salarios, márgenes, presupuestos y tipos de interés.

La consecuencia es clara. Si el barril se estabiliza alto, la desinflación se frena y los bancos centrales pierden margen. Y si, además, el shock coincide con fragilidad política en Europa y con señales mixtas en China, el crecimiento queda expuesto por los dos lados: demanda erosionada y costes al alza. El peor escenario no es el pico; es la persistencia.

China sorprende al 1,3% y Alemania entra en turbulencia política

Mientras el petróleo presiona por arriba, China aporta una señal incómoda: el IPC acelera al 1,3% interanual en febrero desde el 0,2% de enero, con un avance mensual del 1%. El mensaje es doble. Por un lado, hay repunte de precios al consumo. Por otro, el IPP sigue en terreno negativo (-0,9%), lo que sugiere que la industria aún no traslada totalmente costes o que la demanda interna sigue sin despegar con fuerza. Si el crudo se mantiene alto, Pekín se enfrenta a inflación importada sin una recuperación industrial plenamente sólida.

Europa, en paralelo, añade ruido político. En Baden-Württemberg —motor industrial donde conviven gigantes como Mercedes-Benz y Porsche—, la CDU de Friedrich Merz pierde frente a Los Verdes: 30,3% contra 29,7%. La AfD escala al 18,7% y el SPD cae a un 5,6% histórico. Es un golpe que complica gobernabilidad y agenda económica en un país que ya mira con ansiedad su producción industrial y la confianza Sentix.

El contraste es demoledor: con energía cara, Alemania necesita estabilidad para competir; pero entra en un ciclo electoral que premia el gesto y castiga el matiz. Y el mercado, de nuevo, toma nota.