El petróleo amenaza con encarecer gasolina, vuelos y alimentos

Gasolina Foto de Erik Mclean en Unsplash

El Brent vuelve a tensionarse por Oriente Próximo y reabre el riesgo de una nueva oleada inflacionista en pleno verano.

El petróleo vuelve a situarse en el centro del tablero económico. El barril de Brent repunta en torno al 3% y se mueve cerca de los 76,6 dólares, mientras el WTI supera los 72 dólares, tras los nuevos ataques de Estados Unidos a Irán y el temor a restricciones sobre el crudo iraní.

La consecuencia es clara: más presión sobre gasolina, billetes de avión, transporte de mercancías y alimentos. España llega a este episodio con el litro de gasolina 95 en torno a 1,532 euros y el gasóleo en 1,539 euros, según datos actualizados de más de 11.300 estaciones. Lo más grave no es solo la subida. Es el momento.

El detonante geopolítico

El mercado vuelve a descontar riesgo en Oriente Próximo. Los ataques estadounidenses a posiciones iraníes y la revocación de exenciones que permitían vender petróleo a Teherán han reactivado el miedo a un shock de oferta. En apenas dos sesiones, el crudo acumula subidas superiores al 5%, un movimiento suficiente para alterar previsiones empresariales y presupuestos familiares.

El diagnóstico es inequívoco: no se trata de una escasez inmediata, sino de una prima de riesgo. El petróleo sube antes de que falte. Y esa anticipación suele trasladarse con rapidez a los derivados.

Gasolina bajo presión

El surtidor es el primer lugar donde el ciudadano percibe la tensión. La gasolina 95 ya ronda los 1,53 euros por litro, mientras el diésel se mantiene en niveles similares. En un depósito de 50 litros, cada subida de 10 céntimos implica 5 euros adicionales por repostaje.

El contraste resulta especialmente delicado en julio, con millones de desplazamientos vacacionales. Las gasolineras de bajo coste han ganado peso —hasta cerca del 29% del mercado en 2025— porque el consumidor busca amortiguar una factura que vuelve a erosionar renta disponible.

Vuelos más caros

El impacto sobre la aviación puede ser aún más rápido. El combustible es una de las mayores partidas de coste para las aerolíneas. IATA prevé que los ingresos por billetes alcancen los 839.000 millones de dólares en 2026, con tarifas al alza para cubrir mayores costes de fuel.

Cuando el queroseno sube, las compañías rara vez absorben todo el golpe. Lo habitual es trasladarlo a tarifas, equipaje, selección de asiento o recargos. El resultado es un encarecimiento menos visible, pero igual de eficaz.

La cesta de la compra

El petróleo también entra en el precio de los alimentos por una vía menos evidente: camiones, fertilizantes, plásticos, refrigeración y distribución. La alimentación no depende solo del campo. Depende de una cadena logística intensiva en energía.

Este hecho revela una vulnerabilidad conocida desde 2022: cuando el gasóleo sube, los costes se filtran hacia productos frescos, envasados y congelados. El traslado no es inmediato, pero sí persistente. Primero aprieta a transportistas y distribuidores. Después llega al lineal.

España, más expuesta

España no produce petróleo suficiente para amortiguar un shock exterior. Importa la práctica totalidad del crudo que consume y depende de refinerías, márgenes internacionales y fiscalidad interna. El Boletín Petrolero de la Comisión Europea actualiza semanalmente los precios de los carburantes en la UE, precisamente porque el seguimiento de estos costes es clave para medir la inflación energética.

El problema es que el país combina tres factores: alta movilidad por carretera, turismo intensivo en avión y una cesta alimentaria muy sensible al transporte. El margen de maniobra es limitado.

El riesgo inflacionista

Una subida sostenida del Brent hacia la zona de 80-85 dólares tendría un impacto distinto al de un repunte puntual. Si el movimiento se consolida, empresas y consumidores empezarían a ajustar decisiones: menos viajes, más presión salarial, revisión de tarifas y menor consumo discrecional.

El Banco Central Europeo vigila este tipo de episodios porque encarecen importaciones y dificultan la bajada de tipos. La energía no explica toda la inflación, pero puede impedir que termine de ceder.

Qué puede pasar ahora

La clave está en la duración del conflicto y en el Estrecho de Ormuz. Si la tensión se enfría, el mercado podría corregir parte de la subida. Si escala, el petróleo volvería a comportarse como en las grandes crisis energéticas: rápido al alza, lento a la baja.

El consumidor español ya conoce la secuencia: primero sube el crudo, después el surtidor, luego el transporte y finalmente la cesta de la compra. El riesgo no está en un día de mercado. Está en que el petróleo vuelva a instalarse como impuesto silencioso sobre toda la economía.