El petróleo sube un 2% (92 dólares) y amenaza con reactivar la inflación

Buque petrolero Foto de Scott Tobin en Unsplash

El Brent supera los 92 dólares y el WTI alcanza los 86 mientras los ataques entre Estados Unidos e Irán alejan una tregua y elevan el riesgo sobre el suministro mundial.

El petróleo volvió a dispararse este miércoles más de un 2% después de que Estados Unidos e Irán mantuvieran durante la noche su intercambio de ataques. El barril de Brent, referencia en Europa, superó los 92,86 dólares, mientras que el West Texas Intermediate (WTI) escaló hasta 86,07 dólares.

La subida refleja algo más que una reacción puntual. Los inversores comienzan a descontar un conflicto prolongado, mayores costes de transporte y nuevas interrupciones en el estrecho de Ormuz, una arteria esencial para el comercio energético mundial.

La consecuencia es clara: la crisis militar amenaza con transformarse en un nuevo choque inflacionista.

La prima de guerra regresa al mercado

Los futuros del petróleo encadenan varias sesiones al alza conforme se diluyen las expectativas de una solución diplomática inmediata. El WTI avanzaba alrededor del 2,05%, mientras el Brent ganaba un 2,08% en las primeras operaciones del miércoles.

El movimiento confirma que el mercado ha vuelto a incorporar una elevada prima geopolítica. En apenas un mes, el crudo estadounidense acumula una subida próxima al 18%, mientras que el Brent avanza más de un 20%. Son incrementos suficientes para trasladarse progresivamente a los combustibles, el transporte y los costes industriales.

Cada jornada sin tregua aumenta el precio económico de la guerra, aunque las instalaciones petroleras no sufran daños directos.

Trump enfría cualquier posibilidad de acuerdo

Donald Trump redujo las expectativas de una negociación al afirmar que no está interesado en retomar conversaciones con Teherán en las condiciones actuales. La posición de Washington endurece un escenario en el que cualquier mensaje político provoca movimientos inmediatos en las materias primas.

El secretario de Estado, Marco Rubio, aseguró desde Manila que Estados Unidos continúa dispuesto a negociar, pero acusó a Irán de “no tomarse en serio” las conversaciones.

«Si están dispuestos a actuar con seriedad, nosotros también. Si no, haremos lo necesario para proteger nuestros intereses y los de nuestros aliados», advirtió durante una reunión de la ASEAN.

El cuello de botella de Ormuz

Lo más grave no es únicamente la continuidad de los ataques, sino la incertidumbre sobre el estrecho de Ormuz. Por esta vía marítima transita aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial, lo que convierte cualquier interrupción en un problema global.

Rubio advirtió ante los ministros asiáticos de que permitir a Irán controlar el paso o imponer condiciones al tráfico marítimo establecería un precedente peligroso. El diagnóstico es inequívoco: la libertad de navegación se ha convertido en una pieza central del conflicto.

Incluso sin un cierre total, el aumento de los seguros, los desvíos de rutas y la menor disponibilidad de buques pueden encarecer cada barril transportado.

Europa vuelve a mirar a la inflación

El repunte del Brent por encima de los 90 dólares supone una señal especialmente incómoda para Europa. La región depende en gran medida de las importaciones energéticas y resulta más vulnerable que Estados Unidos a una subida sostenida del crudo.

Un petróleo más caro eleva el precio del diésel, la gasolina, los fertilizantes y el transporte de mercancías. Después, el impacto se extiende hacia los alimentos y los bienes industriales.

El riesgo no es una subida aislada del IPC, sino que la energía vuelva a contaminar las expectativas salariales y empresariales, dificultando la normalización de los tipos de interés.

El escenario de los 120 dólares

Algunas entidades financieras ya contemplan un escenario mucho más severo. Goldman Sachs considera que el petróleo podría superar los 120 dólares por barril si las disrupciones en Ormuz se prolongan y la producción del golfo Pérsico no logra recuperarse.

La entidad maneja previsiones más moderadas si se produce una desescalada, pero reconoce que los riesgos están claramente inclinados al alza. El flujo de petróleo a través de la zona permanece muy por debajo de los niveles anteriores al conflicto, mientras el Brent acumula un avance superior al 20% desde comienzos de julio.

Ese salto supondría un golpe directo al consumo y al crecimiento mundial.

Ganadores y perdedores del encarecimiento

Las compañías petroleras y los países exportadores se benefician inicialmente de precios más elevados. Sin embargo, el efecto positivo puede quedar neutralizado si el conflicto reduce los volúmenes exportados o daña infraestructuras estratégicas.

En el lado contrario aparecen las aerolíneas, las empresas logísticas, la industria química y los hogares. Para estas actividades, el petróleo por encima de 90 dólares implica márgenes más estrechos y mayores costes operativos.

El contraste resulta demoledor: mientras el sector energético mejora sus ingresos, buena parte de la economía productiva asume una factura creciente que termina trasladándose al consumidor.

Una tregua ya no bastaría

Incluso un alto el fuego inmediato no devolvería automáticamente el petróleo a sus niveles anteriores. El mercado necesitaría comprobar que las rutas marítimas son seguras, que los seguros se abaratan y que los cargamentos vuelven a circular con normalidad.

La volatilidad seguirá elevada mientras Washington y Teherán alternen amenazas militares y mensajes diplomáticos contradictorios. El petróleo ya no cotiza únicamente la oferta y la demanda. Cotiza también la probabilidad de nuevos ataques, bloqueos navales y errores de cálculo.

El barril se ha convertido en el termómetro más inmediato de una crisis cuyo impacto ya ha comenzado a salir de Oriente Próximo.