Los mejores datos de empleo y la relajación geopolítica enfrían la demanda de refugio

La plata se hunde un 4% tras los datos de EE.UU.

UNSPLASH / SCOTTSDALE MINT

La jornada del viernes ha devuelto un baño de realidad al mercado de metales preciosos. La plata llegó a caer un 3,86%, hasta los 88,42 dólares por onza, arrastrada por unas peticiones semanales de subsidio por desempleo en Estados Unidos mejores de lo previsto y por un clima geopolítico algo más templado. El movimiento ha puesto fin, al menos de forma temporal, al fuerte impulso alcista que había llevado a varios metales a marcar máximos históricos en las últimas sesiones. Al mismo tiempo, el oro cedía un 0,24%, hasta 4.594,70 dólares, mientras el platino y el paladio firmaban descensos del 3,46% y el 4,67%, respectivamente. El mensaje que envía el mercado es nítido: menos miedo, menos prisas por los recortes de tipos de la Reserva Federal y, por tanto, menos necesidad de refugio. La cuestión ahora es si este ajuste es solo una toma de beneficios o el inicio de una fase de corrección más profunda.

Un desplome que corta el rally de la plata

El golpe a la plata ha sido el más contundente. En la apertura americana, el metal llegó a dejarse casi un 4% intradía, hasta esos 88,42 dólares, tras varias sesiones en las que había coqueteado con nuevos máximos y marcado picos por encima de los 93 dólares. El ajuste es relevante no solo por la magnitud, sino porque se produce después de un tramo en el que la plata acumulaba revalorizaciones de doble dígito en pocas semanas, alimentadas por la búsqueda de activos refugio y por expectativas de recortes agresivos de tipos por parte de la Fed.

A media sesión, los datos en tiempo real mostraban cierta moderación del castigo: la plata se negociaba en torno a los 89,65 dólares, con una caída suavizada al -2,5%, lo que evidencia que parte de los inversores ha aprovechado las caídas para recomponer posiciones. Sin embargo, el diagnóstico es claro: el metal ha chocado con un muro de realidad macro. Cuando el mercado deja de descontar recortes inminentes de tipos y el miedo geopolítico se enfría, el componente puramente especulativo se desinfla. Es el tipo de sesión que obliga a separar el ruido de la tendencia de fondo.

Los datos de empleo que cambiaron el guion

El detonante inmediato del movimiento ha sido el informe semanal de peticiones iniciales de subsidio de desempleo en Estados Unidos. Las solicitudes cayeron hasta el entorno de 198.000, claramente por debajo de las 215.000 que barajaba el consenso de analistas. En términos prácticos, esto se traduce en un mensaje incómodo para quienes apostaban por recortes rápidos de tipos: el mercado laboral sigue siendo demasiado fuerte como para justificar una relajación monetaria agresiva en el corto plazo.

El impacto en las expectativas de política monetaria ha sido inmediato. Los futuros sobre fondos federales han retrasado el momento del primer recorte y ahora sitúan el grueso de la acción de la Fed a partir de la segunda mitad del año, con una probabilidad creciente de que el ciclo de bajadas sea más gradual de lo que el mercado había soñado hace apenas unas semanas. Este giro de guion pesa de forma directa sobre los activos que viven de anticipar una Fed muy dovish: entre ellos, de forma destacada, los metales preciosos. El resultado se ve hoy con claridad en las pantallas.

Fed más dura, dólar más fuerte: combinación letal

El vínculo entre tipos de interés, dólar y metales es bien conocido, pero jornadas como esta lo hacen especialmente visible. Con los datos de empleo, el mercado ha reforzado la idea de que la Fed mantendrá el tipo de los fondos federales en su rango actual alrededor del 3,50%-3,75% durante más tiempo, tras los recortes encadenados de finales de 2025 que siguieron a los máximos del 5,25%-5,50% alcanzados en 2023. Una política monetaria menos expansiva de lo descontado refuerza al dólar y eleva los tipos reales, dos factores tradicionalmente adversos para el oro y la plata.

El índice dólar ha encadenado varias sesiones al alza, apoyado tanto en los datos laborales como en algunos indicadores manufactureros mejores de lo esperado. Un billete verde más fuerte encarece automáticamente la compra de metales cotizados en esta divisa para los inversores fuera de EEUU y, además, aumenta el coste de oportunidad de mantener activos que no ofrecen cupón ni dividendo, como el oro o la plata. La consecuencia es clara: cuando el mercado empieza a asumir tipos más altos durante más tiempo, parte del capital que se había refugiado en los metales busca alternativas más rentables en renta fija o incluso en renta variable.

El oro resiste mejor, pero pierde brillo como refugio

Dentro del complejo de metales preciosos, el oro ha mostrado una mayor capacidad de aguante. En la sesión, el metal rey retrocedía en torno a un 0,2%-0,3%, hasta la zona de los 4.600 dólares por onza, tras haber marcado esta misma semana máximos históricos próximos a 4.640 dólares. Esa combinación de leves descensos tras un rally vertical sugiere más bien una toma de beneficios técnica que un cambio radical de tendencia, aunque el matiz clave es otro: el oro ha dejado de subir cada vez que llegan malas noticias macro, señal de que parte del componente “refugio automático” se diluye cuando el mercado ve menos riesgo sistémico.

Aun así, el papel del oro como reserva de valor estructural sigue intacto. Las compras de bancos centrales y la demanda estratégica de algunos inversores institucionales han actuado como red de seguridad en las últimas correcciones. Lo que sí cambia, al menos en el corto plazo, es el equilibrio entre narrativa y datos: ya no basta con invocar la inflación pasada o la inestabilidad geopolítica; el mercado exige ahora señales claras de que la Fed está verdaderamente cerca de un ciclo de recortes profundos para justificar nuevos máximos sin descanso.

Plata, platino y paladio: los más cíclicos pagan la factura

Si el oro mantiene parte de su aura defensiva, la plata, el platino y el paladio sufren por partida doble. No son solo activos refugio: tienen un fuerte componente industrial. En el caso de la plata, su uso intensivo en paneles solares, electrónica y automoción la hace especialmente sensible a cualquier revisión a la baja del crecimiento global. El platino y el paladio, ligados a catalizadores para vehículos y otros procesos industriales, comparten esa vulnerabilidad.

Por eso, los descensos del 3%-4% registrados hoy en platino y paladio —con precios en el entorno de los 2.315-2.328 dólares y 1.722-1.741 dólares por onza, respectivamente— no solo reflejan un ajuste financiero, sino también un replanteamiento de las expectativas sobre la demanda real. La caída más agresiva de estos metales frente al oro encaja con un mercado que empieza a rebajar el optimismo sobre la actividad industrial, al tiempo que asume que la financiación seguirá siendo relativamente cara. Cuando el componente cíclico pesa tanto, cualquier duda sobre el crecimiento se amplifica en las cotizaciones.

Menos tensión geopolítica, menos prima de refugio

El otro gran vector del día llega desde el frente geopolítico. El tono de la Casa Blanca y de sus aliados respecto a Irán se ha moderado en las últimas horas, con llamados explícitos a la contención y señales de que, por ahora, se descarta una escalada militar inmediata. Este enfriamiento de la tensión reduce la prima de riesgo que los inversores están dispuestos a pagar por activos refugio, desde el oro hasta la deuda soberana de máxima calidad.

En las últimas semanas, parte del rally de los metales preciosos se había apoyado precisamente en el miedo a un choque regional de mayor alcance, con impacto potencial sobre el suministro energético y las cadenas de valor globales. Que ese escenario siga sobre la mesa no impide que, en el muy corto plazo, el mercado reaccione a cada titular que rebaja —aunque sea mínimamente— el riesgo de choque directo. De nuevo, el diagnóstico es inequívoco: con menos miedo en los titulares y menos expectativas de recortes inmediatos de tipos, la necesidad de comprar refugio a cualquier precio se reduce de forma visible.