La plata se hunde un 9% tras un rally histórico
La violenta corrección ha llegado a la plata, y lo ha hecho en cuestión de horas. El metal precioso se desplomó un 9,1% hasta los 105,93 dólares por onza en la madrugada del viernes, encadenando dos sesiones de caídas tras marcar máximos históricos. Pese al batacazo, el balance sigue siendo de vértigo: más del 40% de subida en el mes y en torno al 50% en lo que va de año, una rentabilidad que muchos operadores han decidido asegurar antes de que el mercado se dé la vuelta. Al mismo tiempo, el rebote del dólar estadounidense ha añadido presión vendedora sobre todo el complejo de metales preciosos. La pregunta, ahora, es si estamos ante una simple toma de beneficios… o ante el pinchazo de la burbuja de moda en los mercados de materias primas.
Un desplome del 9% tras máximos históricos
El movimiento ha sido tan abrupto como llamativo. En apenas dos jornadas, la plata ha pasado de marcar máximos récord —por encima de los 115-118 dólares por onza, según distintas plataformas de negociación— a cotizar por debajo de los 106 dólares. El retroceso acumulado supera ya el 15% desde los máximos intradía, una volatilidad que recuerda por qué el metal es conocido en el mercado como “la bestia” de los metales preciosos.
Detrás del ajuste hay un factor técnico evidente: posiciones especulativas muy cargadas al alza, con hedge funds y traders minoristas empujando los precios tras el rally de enero. Cuando los primeros empezaron a cerrar posiciones para asegurar ganancias, el efecto dominó fue inmediato. Los niveles de ‘stop loss’ se fueron activando en cadena y amplificaron la caída.
“Lo que hemos visto estas dos semanas es una clásica liquidación de beneficios en un mercado extremadamente apalancado: las ganancias eran tan abultadas que no hacía falta un gran titular para que alguien dijera ‘hasta aquí hemos llegado’”, resume un gestor de materias primas de una firma londinense. En un activo tan estrecho, unos pocos movimientos coordinados bastan para girar el gráfico.
Beneficios asegurados para los inversores más rápidos
La otra cara de este desplome son los inversores que han salido a tiempo. Quien entró en la plata a comienzos de mes —cuando cotizaba en el entorno de los 75 dólares por onza— sigue acumulando ganancias de dos dígitos incluso después de la corrección. Para muchos fondos de ‘trading sistemático’ y gestores de carteras macro, cerrar con un 30%-35% en cuestión de semanas es un resultado más que aceptable.
La mecánica ha sido clara: al acercarse el precio a niveles que muchos bancos de inversión situaban como objetivos para todo el año, las órdenes de venta se multiplicaron. En paralelo, los productos cotizados (ETFs) sobre plata han registrado los primeros reembolsos significativos tras semanas de entradas netas. En algunos vehículos, las salidas puntuales de capital rondan el 5%-7% del patrimonio en apenas tres sesiones, según cálculos de mercado.
Este hecho revela una paradoja habitual en las burbujas de materias primas: los compradores más informados suelen ser también los primeros en marcharse, dejando a los inversores minoristas expuestos a las oscilaciones más bruscas. La consecuencia es clara: el tramo final de cualquier rally suele concentrar el mayor volumen de compras… y también las mayores pérdidas potenciales.
El dólar despierta y ahoga a los metales preciosos
La corrección de la plata no puede entenderse sin mirar al otro lado del gráfico: el dólar estadounidense. Tras varias semanas de debilidad, la moneda norteamericana ha rebotado con fuerza, con el índice que la compara frente a una cesta de divisas avanzadas subiendo en torno a un 0,6% en la sesión y más de un 1,5% en la semana.
Para los metales cotizados en dólares, este giro supone un doble castigo. Por un lado, encarece la compra para inversores de otras divisas, frenando la demanda internacional. Por otro, reduce el atractivo de activos que no ofrecen rentabilidad por cupón o dividendo justo cuando aumentan las expectativas de que la Reserva Federal mantenga los tipos altos durante más tiempo.
En este contexto, el binomio “dólar fuerte + tipos elevados” actúa como un freno natural para la plata. Si el mercado empieza a descontar menos recortes de tipos en 2026, el relato que impulsaba la subasta —plata como refugio frente a la inflación y la política monetaria laxa— pierde parte de su fuerza. El contraste con las últimas semanas, en las que se descontaban hasta tres bajadas de tipos, resulta elocuente.
Un rally del 50% que huele a burbuja
Aunque la caída del 9% impresiona, el verdadero dato que inquieta a los analistas es el recorrido previo. En apenas unos meses, la plata ha saltado desde niveles por debajo de los 70 dólares hasta superar momentáneamente los 115 dólares, un salto de más del 60% que no encuentra un respaldo igual de contundente en los fundamentales de oferta y demanda.
Es cierto que el mercado vive un déficit estructural desde hace varios años, impulsado por el auge de la industria fotovoltaica y de la electrónica avanzada. Las asociaciones sectoriales estiman que el consumo industrial crecerá alrededor de un 3%-4% anual hasta 2030. Pero este ritmo, aunque relevante, no justifica por sí solo el movimiento parabólico del precio en cuestión de semanas.
Lo más grave, advierten varios bancos de inversión, es la desconexión entre el mercado financiero y el físico. Mientras los contratos de futuros se disparaban, las primas en el mercado de lingotes y monedas apenas subían unos pocos puntos porcentuales, signo de que la fiebre venía sobre todo de pantallas y no de colas en las casas de moneda. El diagnóstico es inequívoco: el componente especulativo ha sido determinante.
El riesgo para el pequeño ahorrador
En este tipo de episodios, el eslabón más débil suele ser el ahorrador particular que entra tarde al movimiento, empujado por titulares sobre “máximos históricos” y rentabilidades “imposibles de ignorar”. Muchos han comprado plata a través de ETFs, productos apalancados o plataformas de trading ‘0 comisiones’, sin tener una estrategia clara de salida y con un horizonte más emocional que financiero.
Cuando el precio se mueve un 10% en una sola sesión, el riesgo de pánico es evidente. Productos con apalancamiento x2 o x3 pueden acumular pérdidas del 20%-25% en cuestión de horas, obligando a cerrar posiciones de forma precipitada. Y, como siempre, quienes entran con la idea de “mantener pase lo que pase” corren el riesgo de convertirse en los últimos tenedores si el mercado entra en una fase bajista más prolongada.
En este contexto, los supervisores europeos miran de reojo la euforia en torno a los metales y a las materias primas ‘estrella’. No se trata solo de volatilidad: en un entorno de tipos de interés altos y ahorro tensionado, episodios de pérdidas masivas pueden alimentar la desconfianza hacia los mercados financieros y reabrir el debate sobre los límites de la comercialización de productos complejos al público minorista.
Impacto en mineras e industria: de la euforia a la cautela
La escalada de la plata había disparado también las valoraciones de las compañías mineras especializadas, con alzas en Bolsa de entre el 40% y el 80% desde comienzos de año en algunos valores puros. La corrección del metal ha cortado en seco ese optimismo y muchas de estas firmas han corregido más que la propia materia prima, en un clásico movimiento de “beta ampliada”.
Para los grandes consumidores industriales —desde fabricantes de paneles solares hasta productores de componentes electrónicos—, la situación es ambivalente. Por un lado, el desplome ofrece un respiro después de semanas en las que los costes amenazaban con desbordar los presupuestos. Por otro, la extrema volatilidad dificulta la planificación de programas de cobertura a largo plazo, esenciales para empresas que manejan contratos de suministro a varios años vista.
“Nadie puede construir un plan de inversiones serio con un insumo clave que se mueve un 50% en tres meses”, lamenta el director financiero de una compañía industrial europea. Muchas empresas optan por reducir la duración de las coberturas y diversificar proveedores, asumiendo un mayor riesgo de precio a cambio de flexibilidad. El efecto dominó puede trasladarse a la cadena de valor de la transición energética, donde la plata es un eslabón crítico.
Lecciones de 1980 y 2011: los precedentes incómodos
La historia de la plata está plagada de episodios de euforia seguidos de desplomes traumáticos. En 1980, tras el intento de acaparamiento de mercado por parte de los hermanos Hunt, el precio se desplomó más de un 50% en cuestión de semanas cuando las autoridades endurecieron las condiciones de negociación. En 2011, el metal llegó a rozar los 50 dólares por onza antes de encadenar una corrección que lo llevó a la zona de 30 dólares pocos meses después.
El paralelismo no es perfecto —el mercado actual es más transparente y está más diversificado—, pero las lecciones siguen vigentes. Cada vez que la plata entra en modo vertical, la probabilidad de un ajuste igual de violento aumenta exponencialmente. Y, casi siempre, los inversores que acuden tarde a la fiesta son quienes pagan la factura.
El contraste con otros activos refugio, como el oro o la deuda pública de máxima calidad, resulta demoledor: su volatilidad histórica es mucho menor y sus movimientos están más anclados en los fundamentales macroeconómicos. La plata, en cambio, seguirá siendo ese activo híbrido entre metal industrial y refugio especulativo, capaz de ofrecer subidas espectaculares… y caídas igual de memorables.