Las reservas de crudo en EEUU caen 2,3 millones de barriles

Petróleo Foto de Atik sulianami en Unsplash

La EIA confirma un nuevo descenso de inventarios, pero el mercado mira más al Estrecho de Ormuz que a los tanques: refinerías al 90,1% e importaciones en retroceso.

El dato es nítido y, sin embargo, insuficiente para despejar la niebla: Estados Unidos redujo sus inventarios comerciales de crudo en 2,3 millones de barriles en la semana que terminó el 1 de mayo de 2026. La cifra llega en un momento de tensión geopolítica y volatilidad extrema, con un petróleo capaz de desplomarse en una sesión aunque la estadística semanal apunte a una oferta más ajustada.

Lo más relevante no es solo el descenso, sino el contexto operativo que lo acompaña: refinerías trabajando cerca del límite, producción de gasolina debilitándose y un flujo exterior —importaciones— que se estrecha. La consecuencia es clara: la lectura “macro” del barril ya no depende únicamente del balance físico, sino del riesgo en rutas y decisiones políticas.

Un recorte con trampa estadística

La EIA sitúa las existencias comerciales (excluida la Reserva Estratégica) en 457,2 millones de barriles, apenas un 1% por encima de la media estacional de cinco años. Es decir: hay menos crudo que la semana anterior, pero no hay escasez estructural en términos históricos. El diagnóstico es inequívoco: el mercado no está “seco”, está nervioso.

Además, el descenso llega tras una caída más abultada en la semana previa, lo que alimenta una lectura incómoda: la retirada de inventarios pierde intensidad cuando el consenso esperaba un ajuste mayor. En los calendarios financieros, el dato se publica como -2,313 millones frente a una previsión de -3,400 millones, un diferencial que, por sí solo, ya enfría el impulso alcista.

Refinerías al 90% y gasolina en retroceso

La cadena de suministro interna muestra señales mezcladas. Las refinerías procesaron una media de 16,0 millones de barriles diarios, 42.000 menos que la semana anterior, pero mantuvieron una utilización del 90,1% de su capacidad. Es un nivel alto: cuando el sistema refina a ese ritmo, el margen de maniobra se estrecha y cualquier incidente se magnifica en precios y disponibilidad.

Sin embargo, la producción de gasolina cayó hasta 9,6 millones de barriles diarios. Este hecho revela dos hipótesis que compiten: o bien se está anticipando una demanda menor, o bien el sistema se reajusta por inventarios de productos terminados más apretados. La propia fotografía que acompaña al informe inclina la balanza hacia lo segundo: en paralelo al crudo, la gasolina sigue drenándose con persistencia, y el combustible —más que el barril— es el termómetro político en EE UU cuando se acercan los picos de movilidad.

Menos importaciones, menos colchón

El exterior también aprieta. Las importaciones de crudo promediaron 5,5 millones de barriles diarios, 273.000 menos que la semana anterior. En un mercado global tensionado, cada décima cuenta: menos entradas significan menos flexibilidad para compensar paradas, cuellos de botella o desajustes regionales.

A ello se suma un dato que suele pasar desapercibido, pero mueve el precio en el intradía: la caída en el nodo de Cushing, Oklahoma, de 648.000 barriles, hasta 29,1 millones. Cuando Cushing baja, el mercado interpreta que el “punto de entrega” del WTI se queda sin amortiguador, y eso altera spreads, coberturas y la rentabilidad de arbitrajes internos.

El precio lo dicta Ormuz, no los depósitos

El contraste con la cotización ha sido demoledor. Pese al recorte de inventarios, el petróleo se desplomó por la expectativa de desescalada en Oriente Medio: el WTI llegó a caer en torno a un 11,5% hasta 90,54 dólares, y el Brent se movió alrededor de 98,20 dólares. La razón no está en el dato semanal, sino en la percepción de que el riesgo sobre el Estrecho de Ormuz puede moderarse.

«El mercado ha pasado de mirar los inventarios a cotizar el mapa: hoy manda Ormuz», resumía un operador energético al cierre europeo. Y la EIA, en sus escenarios, reconoce que la prima de riesgo pesa: sus previsiones insisten en que el diferencial Brent-WTI y la trayectoria del precio dependen de que los flujos se normalicen por esa ruta estratégica.

Inflación, tipos y el efecto dominó

Cuando el petróleo oscila con esta violencia, el impacto no se queda en el surtidor. Gasolina y diésel se trasladan a logística, billetes, agricultura y, en última instancia, a inflación subyacente vía costes. La EIA advierte en sus perspectivas que precios altos del crudo se traducen en precios más altos de gasolina y diésel, un recordatorio de por qué los bancos centrales miran la energía aunque no la controlen.

En Europa, el traslado suele ser más brusco en el consumidor por fiscalidad y menor elasticidad en alternativas de transporte. Por eso, una semana con inventarios cayendo en EE UU no es necesariamente “buenas noticias” para el bolsillo europeo: si el componente geopolítico vuelve a encenderse, la corrección puede revertirse sin previo aviso.

Qué vigilar desde la próxima publicación

La EIA publicará el siguiente informe el 13 de mayo de 2026. Entre tanto, el mercado operará con tres señales: el pulso de la demanda de gasolina (si confirma enfriamiento o solo ajuste técnico), la continuidad de la actividad refinadora cerca del 90%, y el comportamiento de los flujos exteriores —importaciones y exportaciones— en un escenario donde cualquier gesto diplomático altera el precio más rápido que un balance físico semanal.

A corto plazo, el mensaje es incómodo para los gestores: el crudo puede caer con inventarios bajando si se desploma la prima de riesgo; y puede dispararse con inventarios subiendo si el mapa se complica. En otras palabras, la estadística ya no marca el rumbo: solo confirma si el sistema tiene o no capacidad de aguantar el próximo sobresalto.