Las reservas de crudo en EEUU se disparan en 13,4 millones de barriles
Las reservas de crudo en Estados Unidos han registrado un salto inesperado de 13,4 millones de barriles en una sola semana, según los datos privados del American Petroleum Institute (API). El mercado esperaba apenas un aumento cercano a 800.000 barriles, de acuerdo con las estimaciones de los analistas. La desviación es tan abultada que ha encendido todas las alarmas sobre un posible enfriamiento de la demanda y un nuevo episodio de exceso de oferta. A ello se añade un cóctel inquietante: subida de las existencias de gasolina, descenso de los destilados y un nuevo aumento en el corazón logístico del sistema, Cushing.
Un incremento fuera de escala
El dato del API apunta a un incremento de 13,4 millones de barriles en la semana terminada el 6 de febrero, tras una caída previa de 11,1 millones. Es, según recopilaciones de casas de análisis, el mayor aumento semanal desde comienzos de 2023. La comparación histórica es demoledora: en un mercado equilibrado, los movimientos semanales de inventarios de crudo en EEUU suelen oscilar entre dos y cuatro millones de barriles, al alza o a la baja. Este salto multiplica por más de tres esas magnitudes habituales.
Lo más relevante no es solo la cifra, sino el contraste con las expectativas. Los consensos de bancos de inversión y plataformas de datos situaban el aumento previsto en torno a 0,8 millones de barriles. La desviación apunta a una combinación incómoda de factores: menor consumo interno de combustibles, ajustes de refino y un posible aumento de las importaciones aprovechando anteriores caídas de precio. En términos de balance, significa que el sistema estadounidense ha recibido de golpe el equivalente a más de un día de demanda total de crudo del país, que ronda los 20 millones de barriles diarios. La señal para los operadores es inmediata: si se confirma con los datos oficiales de la EIA, el mercado podría estar entrando en una nueva fase de sobreoferta.
El mensaje del API al mercado
Los datos del API se publican cada martes por la noche en Nueva York y se han consolidado como un termómetro adelantado de la salud del mercado petrolero. Aunque son cifras privadas, las grandes casas de trading y los fondos cuantitativos reaccionan al minuto. En esta ocasión, el mensaje es inequívoco: la demanda aparente de crudo en Estados Unidos se ha debilitado más de lo que se pensaba.
La lectura inmediata es bajista para el precio del barril. Un aumento tan brusco de existencias, especialmente después de una fuerte retirada la semana anterior, suele interpretarse como el resultado de ventas más débiles de productos refinados o de ajustes en las cadenas de suministro que dejan más crudo “durmiendo” en tanques. Para los gestores de carteras ligados a materias primas, la consecuencia es clara: revisar a la baja las expectativas de precio a corto plazo y recortar posiciones largas en futuros.
“Cuando el mercado te dice que esperes 800.000 barriles y te encuentras con 13 millones adicionales, no es ruido estadístico, es un cambio de régimen de demanda”, resume el responsable de commodities de una gran gestora europea. “La cuestión ahora es si se trata de un bache puntual ligado a datos macro flojos o del inicio de una tendencia más duradera”.
Gasolina al alza, diésel a la baja
El desagregado del informe añade matices importantes. Mientras las existencias de crudo se disparaban, los inventarios de gasolina aumentaron en 3,3 millones de barriles, una cifra significativa de cara a la temporada de conducción, todavía lejana, y que sugiere que las ventas en estaciones de servicio han sido más débiles de lo previsto. En paralelo, los destilados —que incluyen diésel y fuel de calefacción— cayeron en 2 millones de barriles, encadenando varias semanas de descensos.
Este patrón dibuja una economía estadounidense con un consumo industrial y logístico aún resistente —lo que sostiene el diésel— pero con un consumidor final más prudente, que se refleja en la gasolina. La coincidencia con datos de ventas minoristas estancadas en diciembre refuerza esta interpretación. Si se consolida, el panorama es doblemente complejo: la industria mantiene el tipo, pero el ciudadano medio frena sus desplazamientos y gasto, justo cuando los bancos centrales se preparan para decidir si bajan o no tipos de interés.
Desde el punto de vista de las refinerías, la señal es ambivalente. Por un lado, la caída de destilados obliga a mantener márgenes y producción en ese segmento; por otro, la acumulación de gasolina anticipa posibles recortes o cambios de mezcla. En conjunto, el sistema de refino se enfrenta a un rompecabezas en pleno invierno boreal.
Cushing, el termómetro del WTI
El dato de reservas sería menos preocupante si no viniera acompañado por un aumento adicional en Cushing, el gran nodo logístico del petróleo estadounidense. Según las cifras filtradas del API, los inventarios en este hub habrían subido en 1,4 millones de barriles en la última semana, invirtiendo el descenso de igual magnitud anotado siete días antes.
Cushing —Cushing, Oklahoma— es mucho más que un punto en el mapa: es el lugar donde se entrega físicamente el futuro del West Texas Intermediate (WTI), el crudo de referencia en EEUU. Cuando sus tanques se llenan, el mercado recuerda el fantasma de abril de 2020, cuando el WTI llegó a cotizar en negativo por falta de espacio disponible. Hoy la situación está lejos de aquel extremo, pero el movimiento vuelve a colocar a este enclave en el centro del radar.
Los últimos datos oficiales de la EIA situaban las reservas en Cushing en torno a 24 millones de barriles, todavía lejos de los máximos de más de 60 millones alcanzados en 2020, pero también por encima de los niveles de mediados de 2023. El riesgo no es tanto de saturación inmediata como de cambio de tendencia: si las entradas netas se mantienen varias semanas, el mercado podría volver a descontar descuentos estructurales del WTI frente al Brent.
Producción récord, demanda frágil
Este repunte de inventarios llega, además, en un contexto de producción estadounidense en máximos históricos, por encima de los 13 millones de barriles diarios según las proyecciones de la EIA para 2026. EEUU se ha consolidado como primer productor mundial, apoyado en el shale, y se ha convertido en un actor clave de la seguridad energética europea tras el corte parcial de suministros rusos. Pero ese liderazgo tiene un reverso: cuando la demanda flaquea, el sistema interno acumula rápidamente excedentes.
La combinación de oferta abundante y señales de enfriamiento económico —ventas minoristas planas, indicadores adelantados a la baja— explica que, pese a las tensiones geopolíticas, los precios no hayan escalado mucho más. Los últimos cierres reflejan un Brent en torno a 69 dólares y un WTI en el entorno de 64 dólares por barril, niveles moderados si se comparan con los más de 80 dólares de hace apenas unos meses.
El diagnóstico es incómodo para la OPEP+ y para los productores de alto coste: si la principal economía del mundo empieza a consumir menos petróleo del previsto, el margen para sostener precios mediante recortes coordinados se estrecha. Y cualquier sorpresa adicional por el lado de la oferta —como la recuperación de la producción en Venezuela hacia niveles previos al bloqueo, que la EIA sitúa en torno a 1,1-1,2 millones de barriles diarios a mediados de 2026— añade presión bajista estructural.
Reacción del mercado: volatilidad contenida
Pese al shock numérico, la reacción inmediata de los precios ha sido relativamente moderada. El WTI ha oscilado en una banda estrecha, con caídas intradía limitadas por la prima de riesgo asociada a las tensiones entre EEUU e Irán y a los focos de inestabilidad en Oriente Medio. La geopolítica actúa así como contrapeso de un dato claramente bajista.
Para los traders de corto plazo, esta combinación se traduce en volatilidad elevada pero acotada: las bandas de negociación intradía se amplían, pero sin grandes rupturas de soportes o resistencias. En el mercado de opciones, las volatilidades implícitas a un mes suben, reflejando la expectativa de movimientos más bruscos a medida que lleguen nuevos datos oficiales de la EIA y se clarifique la senda de tipos de la Reserva Federal.
El mercado, en definitiva, se debate entre dos narrativas: la del exceso de reservas que tira hacia abajo del precio y la del riesgo geopolítico que lo sostiene. Cualquier dato adicional —un mal dato de crecimiento en EEUU, un incidente militar en el Golfo Pérsico o una sorpresa en las cifras oficiales de inventarios— puede inclinar la balanza.