Revolut apunta a 200.000 millones: la IPO europea que quiere jugar en otra liga

El neobanco prepara una “escalera” de valoraciones hasta 2028 con una venta secundaria en 2026 que ya aspira a superar los 100.000 millones.

Revolut

Foto de appshunter.io en Unsplash
Revolut Foto de appshunter.io en Unsplash

Revolut se está colocando una cifra en la frente que Europa apenas ha visto en tecnología financiera: entre 150.000 y 200.000 millones de dólares. No hay objetivo oficial, pero sí una hoja de ruta: una salida a Bolsa “no antes de 2028” y, antes, una gran venta secundaria en la segunda mitad de 2026. Lo relevante no es solo el número. Es el mensaje: la compañía quiere ser tratada como banco global, no como start-up. Y ahí empieza el choque con la realidad regulatoria, el ciclo del crédito y el precio de la confianza.

La cifra que reordena el tablero europeo

Una valoración de 150.000–200.000 millones convertiría a Revolut en un caso casi inédito en el mercado europeo: una fintech que pretende cotizar con métricas de “campeón nacional” sin haber nacido como banco tradicional. El salto no se entiende sin el contexto: el IPO europeo lleva años penalizado por escasez de grandes historias y por el drenaje de listados hacia Estados Unidos. Revolut quiere romper esa dinámica con un relato simple: escala masiva, producto universal y capacidad de monetizar una base de clientes que ya juega en decenas de países. En cifras internas, la firma presume de operar como banco con licencia en 30 países y de haber disparado su base minorista hasta 52,5 millones en 2024 (+38%).

La “escalera” hacia los 200.000 millones

El plan, según distintas filtraciones, no es saltar directamente a una cifra astronómica, sino construirla. Primero, una venta secundaria que podría situar la compañía por encima de los 100.000 millones; después, el gran estreno bursátil en 2028. La película ya tuvo un capítulo clave: en 2025 Revolut cerró una operación que la valoró en 75.000 millones de dólares, con participación de firmas como Coatue o Fidelity, consolidándola como la fintech privada más valiosa de Europa. Y venía de un escalón anterior: transacciones que la situaban en torno a 45.000 millones en 2024, una referencia que aparece incluso en su propio informe anual. La consecuencia es clara: cada ronda eleva expectativas… y también el listón de ejecución.

Beneficios reales para justificar múltiplos irreales

La defensa de Revolut no se sostiene solo con usuarios: se apoya en beneficios. En su informe de 2024 presume de £3.100 millones de ingresos (+72%) y £790 millones de beneficio neto (con +130% interanual), además de £1.089 millones de beneficio antes de impuestos. La frase corporativa es reveladora: “2024 was an incredible year for Revolut. We reached record profitability, with £3.1 billion in revenue, a 72% increase year-on-year.”
Pero el mercado no perdona la aritmética: si una empresa que factura alrededor de £3.100 millones quiere valer 200.000 millones, se está colocando en múltiplos que en banca convencional suenan a ciencia ficción. Lo más grave es que esos múltiplos no solo exigen crecer: obligan a hacerlo sin un tropiezo reputacional, sin una multa regulatoria y sin que el ciclo del crédito muerda.

Regulación: del neobanco simpático al banco exigido

La transición de “app financiera” a banco global es precisamente donde se decide si la narrativa aguanta. Revolut lleva años jugando en un terreno híbrido: gran escala comercial, pero con el escrutinio regulatorio escalando a medida que aumenta la ambición de crédito, depósitos y productos complejos. En Reino Unido, uno de sus mercados clave, la empresa anunció en su día una licencia bancaria “con restricciones” y la entrada en fase de movilización, una etapa diseñada para que los nuevos bancos terminen de construir controles y sistemas. Más recientemente, medios británicos han informado de la obtención del visto bueno completo tras una larga espera, un hito crucial para su estrategia de crecimiento. El diagnóstico es inequívoco: sin plena capacidad bancaria y sin historial largo de riesgo crediticio, pedir valoración “de megabanco” es una apuesta.

Estados Unidos como prueba de fuego

Si hay un mercado que explica el tamaño del objetivo, es Estados Unidos. Revolut ha buscado acelerar su presencia y, según la prensa económica, ha llegado a solicitar una licencia bancaria para operar allí y competir con reglas de primera división. No es un detalle menor: el acceso a depósitos asegurados y al ecosistema regulatorio estadounidense separa a los jugadores globales del resto. Sin embargo, también es el terreno donde más caro se paga un error de cumplimiento, una mala práctica comercial o una promesa demasiado agresiva. En paralelo, la empresa ha explorado ventanas de liquidez para inversores antes de la IPO, una señal de madurez… y de presión por “marcar” el precio que llegará a mercado.

El riesgo oculto: reputación, crédito y el precio de la confianza

A partir de cierto tamaño, Revolut ya no compite contra fintechs: compite contra bancos, reguladores y titulares. Una base de clientes de decenas de millones implica que cualquier incidente —fraude, interrupciones, problemas con blanqueo o reclamaciones masivas— deja de ser una anécdota y se convierte en un coste de capital. Sus propios datos muestran un aumento fuerte de saldos: £30.200 millones en balances de clientes a cierre de 2024 (+66%). Esa expansión es un arma de doble filo: más fondos, más productos… y más responsabilidad. Por eso la promesa de una valoración de 200.000 millones tiene un reverso incómodo: exige demostrar que la empresa puede ser, de verdad, el “banco de confianza” del que habla su dirección cuando justifica el salto a Bolsa.

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